El destino fue San Luis Tlaxialtemalco


Por Montserrat Pérez Campos

El presente trabajo es producto de una práctica de campo realizada en el pueblo de San Luis Tlaxialtemalco, el mercado de Acuexcomatl y el pueblo de San Pedro Atocpan. La información reunida en este reporte proviene de la gente de los lugares visitados, así como de los sentidos del propio observador.

La llegada a San Luis Tlaxialtemalco

El destino fue San Luis Tlaxialtemalco; en un principio, este pueblo de nombre casi impronunciable parecía ajeno a la realidad, lejano de la Ciudad de México, aun estando dentro de ella. Localizado en la delegación Xochimilco, este pueblo originario aún conserva diversas tradiciones y costumbres que se pueden rastrear hasta la época prehispánica. Su actividad económica más importante es la floricultura, la cual es practicada desde la manera más tradicional, las chinampas, hasta con los métodos más modernos de sembrado.

No obstante, mientras el autobús aparcaba, este sentimiento de lejanía desapareció. Las calles pavimentadas, los caminos trazados, todo indicaba que nunca se había dejado atrás la zona urbana, pero esto era una grave equivocación, ya que el campo latía detrás de las casas, los canales se escondían  y las chinampas germinaban vida a su alrededor.

Para ver toda esta escena agrícola sólo es cuestión de tener un buen guía; una persona del lugar con quien se hable con antelación de la visita. La gente de San Luis es hospitalaria, amable y, además, gusta de mostrar la tierra que con tanto esfuerzo ha trabajado. En este caso fue gracias a la amabilidad de la muy renombrada familia Cabello que la visita a los canales y las chinampas fue posible.

El señor Rubén Cabello nos recibió en su casa, en donde su esposa, la señora Celia Martínez y sus hijos Citlali, Rubén y Martín esperaban para dar la bienvenida. El patio de la casa, rectangular y muy cerca de la sala y el comedor estaba lleno de humo de leña quemándose. El olor es diferente al de cualquier otra cosa al fuego. La madera parece desprender aceites que penetran en la nariz junto con el aroma a carbón, los cuales  terminan por transportar a otra época y a algún lugar lejano de ensueño.

Las chinampas esperaban, por lo que se tuvo que partir. Sólo fueron unas cuantas cuadras, 5 ó 6,  antes de llegar a los invernaderos, pero cada calle tenía su particularidad. Paso a paso se podía observar la diferencia entre el camino en donde el autobús se detuvo: las calles cambiaban, de pavimento se pasó a polvo y tierra, después a tierra húmeda, lodo y, de pronto nos encontrábamos caminando a orillas de los esplendorosos canales.

Los invernaderos a cada lado de ellos dejaban ver de vez en cuando diferentes flores y plantas, las cuales contienen la experiencia y la sabiduría de técnicas de cultivo ancestrales: las chinampas, pero, ¿qué es la chinampa?, ¿es este jardín flotante descrito en algunos textos? La respuesta es no.

La Chinampa

Dentro de uno de los invernaderos, Rubén Cabello Martínez, sociólogo e hijo de don Rubén y doña Celia, explicó el proceso mediante el cual se siembran las plantas; se cuidan hasta el momento en el cual es pertinente trasplantarlas a macetas y después se venden.

En primer lugar, se debe extraer el lodo de los canales; esto debe hacerse temprano, entre las siete y las ocho de la mañana. Después se debe seccionar el lodo en recuadros, los cuales, dependiendo de la planta, tendrán una extensión diferente, pueden ir de un área de  2 hasta 18 ó 20 centímetros cuadrados. A estos recuadros de lodo se les llama comúnmente “chapines”.

Cuando está listo el lodo, se introduce la planta, los “piecitos” o macoyos, los cuales deben ser plantados cuando la tierra aún está fresca, se les cubre con una manta de algodón o plástico (el cual se ha vuelto el material más usado) para luego dejarlas así durante 15 días. Pasado el tiempo, se trasplanta a una maceta, pero antes de esto, las condiciones en las cuales deben permanecer cubiertas son específicas: requieren de un microclima y de sombra.

Llegado el momento en el cual las plantas están listas para la venta, el productor las lleva a los mercados. Antes se llevaban a Xochimilco, al Palacio de la Flor, también al Mercado de Madreselva o al Mercado de Cuemanco. No obstante, algunos de estos lugares resultaron contraproducentes a los intereses de los productores y, por esto, el mercado de San Luis, “Acuexcómatl”, es donde prefieren vender las flores hoy día.

La tecnología ha tenido efectos positivos y negativos en el cultivo de la flor. Por un lado, el cultivo puede hacerse durante todo el año, pero los materiales necesarios son caros. Por ejemplo, 100 kg de plástico cuestan 5 mil pesos; además, como este material, hay algunos otros altamente contaminantes. Estos supuestos “avances”, en palabras del señor Rubén, “hacen dependientes”. No obstante, la situación no fue siempre así.

El gobierno fue el responsable de llevar las estructuras, las cuales fueron traídas a México desde Estados Unidos. Sin embargo, estas tecnologías están atrasadas; en ése país no son lo utilizado por los agricultores, además de sólo beneficiar a unas cuantas personas en los pueblos, no a todos.

Dentro de los instrumentos introducidos al cultivo se encuentran las charolas, las cuales tienen la misma función de los chapines, pero  requieren de una tierra especial, el “piedmost”; es decir, no se usa el lodo de los canales, sino debe comprarse este producto. El cultivo en charolas requiere de más trabajo que en los chapines, ya que necesitan de un clima especial y de muchos cuidados, a diferencia del chapín que sólo tiene que ser cubierto.

Las flores y las plantas


Las variedades de flores cultivadas en San Luis son diversas. No obstante, muchas de las especies endémicas se han dejado de producir, como el crisantemo de San Luis, el cual se ha tratado de readaptar sin éxito. Esta situación se debió a la llegada, hace años, de 40 variedades de flores de diversos colores, que comenzaron a ser propagadas y cultivadas en lugar de las plantas autóctonas, algunas terminaron por perderse.

Entre las flores que se cultivan hoy en día se puede nombrar unas cuantas: la margarita, la nochebuena, el girasol, el aretillo, la lavanda, el heliotropo, “hueledenoche”, “amor de un rato”, el cempasúchil y las hierbas aromáticas como el cedrón, la hierbabuena y la manzanilla, entre otras.  Todas ellas tienen características que las hacen únicas; cada flor, cada planta es diferente a las demás, los colores, los aromas, las texturas y hasta los sabores despiertan en el observador sensaciones diversas.

Hay otras plantas que crecen sin ayuda aparente de nadie, crecen en los canales o a sus orillas. Nacen en el agua, le dan un tono verdoso y también son una advertencia para quien busque surcarlos.

Los canales

Los canales, con sus aguas cubiertas por lirio acuático y lentejilla (chichicastli), provocaron miedo y respeto, ya que caer en ellos significaba no saber qué animal estaría recorriéndolos.

El lirio, con sus hojas en forma de conos redondeados y abiertos, se acumula, haciendo el paso de la canoa más lento. Estas curiosas plantas tienen un bulbo redondo, cubierto con el mismo color verde de las hojas. La lentejilla también rodea la embarcación, pero su minúsculo tamaño, en forma de pequeños óvalos aplanados, no representa obstáculo alguno. Estas plantas, nos comentan, son el alimento predilecto de los patos. No obstante, en el trayecto no se observa ningún pato.

Con algunos de los datos que el señor Lucino dio a lo largo del recorrido, la travesía se convirtió en una aventura en la cual se pudo descubrir que aún existen en esas aguas animales como la tilapia, la carpa y los ajolotes (salamandras de agua). Estos últimos están en peligro de extinción, pero gracias a los esfuerzos de los habitantes de la zona, se está logrando reproducirlos para salvar una especie única.

En los bordes de los canales, crecen la flor de calabaza y el chilacayote, ambos comestibles. La primera con sus colores amarillos casi naranjas; el segundo, redondo, con tonalidades entre el verde limón y el amarillo, parece una mezcla entre un melón, una calabaza y una sandía a simple vista, pero es mucho más pequeño que cualquiera de estos frutos, además de tener hojas que se enroscan como rizos.

Golondrinas, así como otras aves, sobrevuelan los canales. Una de ellas, emite un graznido agudo, largo y después entrecortado. Algunos de estos pájaros se colocan sobre los ahuejotes, otras sobre troncos flotantes. Sus colores son diversos, algunas tienen plumajes oscuros, negros o grises; otras tienen plumas tornasol. Desde una posición se les ve cafés, pero cuando se cambia de lugar se tornan rojizas. Unas lucen altaneras con las patas muy largas, el cuerpo alargado, mirada penetrante; por otro lado, pajaritos pequeños parecen jugar alegremente entre los árboles.

La gente de San Luis

Héctor Hernández Martínez; productor de San Luis Tlaxialtemalco, quien, cuando fue abordado, mezclaba en un tambo fósforo, nitrógeno y potasio, sustancias que después se utilizarían para nutrir a las plantas.

Él cuenta sobre la tranquilidad de la vida en el lugar; sobre las especies que aún viven en los canales, como los patos o las garzas; además de comentar sobre la actividad principal de la comunidad: la floricultura. Mientras conversa sobre las flores, hace la invitación de visitar una de sus naves. Al entrar en ella, se pudo observar cientos de flores de cempasúchil, creciendo y esperando el momento en el cual serán vendidas para adornar los festejos de muertos en el mes de noviembre.

Dentro de la nave, el señor Hernández deja ver en sus palabras el amor hacia su tierra, aunque también refleja el enojo hacia el gobierno, les finca la responsabilidad de la crisis agrícola en el país, pero también reconoce que la gente ha perdido el respeto hacia esta actividad. En San Luis, dice, hay mucha mano de obra proveniente de otros estados de la República; gente “con ganas de trabajar”. Él mismo tiene varios empleados quienes han llegado de fuera. Admira la manera en la cual buscan avanzar, aprender y superarse.

“Trascender”. Qué palabra más impactante. Este hombre nos dice que busca eso, “trascender”, no pasar desapercibido. En sus ojos se enciende una chispa cuando habla de la tierra que trabaja; disfruta cuando menciona cómo cuida de sus flores y asegura con convicción cómo el trabajo en equipo, así como el apoyo mutuo lograrían cambiar la situación del país. Dice que el mexicano es conformista, pero él es un ejemplo de lo contrario.

Después, regresamos con el grupo. El señor Cabello Martínez. Hablaba de la igualdad entre hombres y mujeres. Con fuerza en la voz hablaba sobre el papel de la mujer en la educación de los hijos, así como en la protección de la familia y del hombre. “La mujer es determinante en cualquier hecho social”. Estas últimas palabras llaman a la reflexión. No obstante, el tiempo en la zona de los canales se agotó y marchamos de nuevo a casa de los Cabello.

Tener que dejar el lugar fue un momento alegre, pero también melancólico. Se hizo entrega tanto a la señora Celia, como a don Rubén, de presentes traídos por el grupo. Una vajilla y un reconocimiento escrito fueron dados. El patriarca decidió entregar a su hijo el marco con el escrito el cual agradecía y reconocía la participación vital de los Cabello para que se realizara la práctica de campo. Esto representó un signo de amor, así como de respeto entre los miembros de esta familia a la cual se dejó agradeciendo infinitamente por todas sus atenciones.

El mercado

El mercado de Acuexcomatl recibe al visitante con las múltiples variedades de plantas residentes en su interior. Tal vez por la hora, tal vez por el día, los vendedores no se encontraban muy activos; en su mayoría permanecían sentados a la espera de un comprador. Recorriendo los pasillos al aire libre del mercado, se puede ver desde cactus hasta árboles de chiles, desde macetas en forma de calabaza hasta cajas repletas de plantas.

Dependiendo de la versión, este mercado tiene 12 ó 15 años. Una de las vendedoras, Celia González, nos habló de los precios de sus productos. Chiles, crisantemos, rosas, ajenjo, malvón, albahaca, entre otras, son las plantas que ofrece. Sus precios van de los 10 pesos por una planta de chile manzano hasta los 50 pesos una caja de 12 plantas de albahaca. –“Yo no le sé mucho a esto”- dice, pero la información que proporciona es muy valiosa.

Nos acercamos a otra vendedora, la señora Juliana Martínez Salazar, quien, en un principio, se mostró renuente, pero esto fue sólo por un momento, ya que se le aclaró el motivo del cuestionamiento, es decir, la práctica; entonces cambió su actitud y conversó con nosotros.

Una mujer sola, dueña de este puesto en el mercado y comerciante de plantas. Ella no es productora, las vende solamente. De mirada triste, por momentos enfurecida por su situación económica, habla de un panorama común en este país: el abandono de los ancianos. Comenta cómo sus hijos no la apoyan, ella tiene que salir adelante por su propia cuenta, no depende de nadie y no es fácil sobrevivir con los precios que maneja, los cuales también van desde los 6 pesos hasta los 50.

-“Es muy triste vivir sola”- dice, mientras mira hacia el horizonte. Estas palabras marcan, duelen, pero también son un reflejo de la realidad. El descuido de las personas mayores en esta sociedad por parte de sus familiares se convierte cada día más en un común denominador. Se olvida que son los ancianos los dueños de la memoria de nuestra propia historia. Se olvida cómo son ellos quienes pueden ofrecer sabiduría y consejo basándose en la experiencia.

Más allá de la visita al mercado de productores, el recorrido por éste sacó a la luz este problema tan grave y del que se habla muy poco. No obstante, da la oportunidad de hablarlo con quien lo sufre, además de permitir comentarlo con otras personas con la esperanza de socializar este conflicto y lograr solucionarlo.

San Pedro Atocpan: sabor con historia.

La última parada fue San Pedro Atocpan en la delegación Milpa Alta. La hora de la comida había llegado y el lugar elegido fue el restaurante “Las cazuelas de Atocpan”. A este lugar adornado con papel picado verde blanco y rojo, se llegó con el propósito de saborear un platillo típico de la zona: el mole.

La comida comenzó en un ambiente ameno, agradable. En la mesa se observaban caras sonrientes y ansiosas por probar los platillos. El primero en llegar fue la sopa de garbanzo. Ésta contenía, además de los garbanzos, mollejas, zanahorias, papa y arroz. Molcajetes con salsa verde y trozos de queso panela, tortillas azules recién hechas, acompañaban el caldo caliente, reconfortante después de la larga caminata.

El segundo plato fue el mole. De color café oscuro, adornado con ajonjolí y acompañado de arroz a la mexicana, es la combinación perfecta de sabores. Lo dulce del chocolate se combina con lo amargo del chile. Esta espesa salsa se convierte en el acompañante perfecto del pollo, lo fuerte del mole y la sutileza del pollo son una sinfonía de sabor, como si se potenciaran el uno al otro.

Para cerrar, café de olla. El olor tan característico del café, su amargura y hasta una nota de acidez, junto con el del piloncillo y la canela ofrecen otro viaje a los sentidos. A pesar de no ser el mejor café de México, sí fue un ejemplo de la preparación tradicional de alimentos y bebidas, existente aún en San Pedro Atocpan.

Finalizando…

La lluvia caía y los ánimos aún estaban encendidos, pero también había un ambiente de reflexión. La experiencia de la práctica con las flores, las plantas, los canales, comida, los animales y sobre todo la gente, representan un acercamiento a la cultura de la que somos parte.

Ver el amor con el cual la gente hace su trabajo y el respecto con el cual tratan su tierra las personas de San Luis Tlaxialtemalco también es un ejemplo de una forma de ser que debe ser preservada.

Perder nuestras tradiciones, nuestras costumbres, nuestros pueblos es perdernos a nosotros mismos. Si uno no sabe quién es, menos sabe hacia dónde va, ni cuáles son sus responsabilidades hacia los demás. Sí, responsabilidad, ya que al comprender las repercusiones de nuestro accionar sobre este planeta se sabe cuán peligroso es no tomarse en serio nuestra existencia en él.

Parte de esta toma de conciencia es el conocimiento de los propios sentidos. Una persona entumecida por la falta de uso de sus sentidos no puede reconocer qué es lo que está sucediendo en su alrededor inmediato. De esta manera se camina sin saber ver, sin saber, oler, sin saber degustar, sentir, escuchar y tocar; pero esto es importante, porque es uno de los primeros pasos a la comprensión de la misma persona.

Este proceso lleva más adelante a comprender a otros y comprenderse a uno mismo en los otros, la necesidad de los otros para la propia existencia, una existencia que, de esta forma, estará completa.

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Comments
3 Responses to “El destino fue San Luis Tlaxialtemalco”
  1. Erick Mancera dice:

    Hola, me da gusto que existan éste tipo de artículos, la información que se proporciona
    es invaluable.

    Erick (originario del pueblo San Luis Tlaxialtemalco).

  2. daniel dice:

    esta bueno me gusto mucho
    no sabia q haci era mi pueblo tan hermoso

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