Unas palabras para el profesor


Foto: cortesía alumnos de Gustavo De la Vega

 

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15 Responses to “Unas palabras para el profesor”
  1. Martha Amaya Noguez dice:

    Vida y entusiasmo nos ha inyectado Gustavo. Mi profesor, mi mentor, mi amigo, el curioso.

    Existen tres cosas que me encantan de este hombre: su elegancia, su gusto por la fotografía y el amor por sus alumnos y sus orquídeas. Así es, somos y seremos parte de su corazón.

    Recuerdo el homenaje realizado hace dos años celebrando sus 40 años de docencia. El auditorio estuvo lleno, su nombre no paraba de escucharse, las luces y micrófonos sólo eran para dedicarle hermosas palabras a tan magnífico hombre. Incluso, la radio contribuyó a invitar a todos sus allegados a celebrar no sólo al profesor sino a la investigación, la curiosidad y el interés por conocer las maravillas de este mundo bajo muchas visiones.

    El viaje a Hidalgo, la visita a Jamaica y la estancia en Michoacán han sido de las más maravillosas experiencias de mi carrera. Sinceramente, no puedo dejar de lamentar esta noticia pero sé que su libro estará pensado en nosotros, sus alumnos, uno de sus grandes amores.

    Mi profesor puede dejar de dar clases, pero nuestro amigo nos seguirá apoyando. La belleza de las orquídeas, aumenta con el secreto que guardan y Gustavo posee secretos que lo hacen enigmático y adorna el salón de clases sólo con su presencia, convirtiendo ambas cosas en parte de su belleza.

    Le agradezco a Contratiempo por brindar este espacio y a todos ustedes compañeros por darme la oportunidad de conocer más sobre mi profesor y mi amigo.

    Con gran admiración, Martha

  2. No recuerdo con exactitud el ocioso cálculo que hice algún día, pero alguien que termina la universidad, ha pasado en su vida por más de 150 maestros, y difícilmente se recuerda a más de cinco.

    En mi caso, Gustavo es sin duda el primer nombre. Él no lo sabe pero mucho tiempo dije que era como mi segundo padre, porque aunque es uno de los mejores catedráticos que he conocido, con un profundo conocimiento y absoluta pasión por su campo; lo que aprendí de él va mucho más allá.
    Porque los viajes de prácticas con él cambiaron la forma de ver el mundo de todos los fuimos, sin duda. Porque mucho del amor y el respeto que tengo por la UNAM y por la docencia, junto con el orgullo de ser universitaria se los debo a él; ser su adjunta fue una gran experiencia y le agradezco infinitamente las enseñanzas, las anécdotas, la confianza y la camaradería.

    No me sorprendió enterarme del homenaje, alguien como él merece muchos. Me sorprende enterarme de su retiro, siento una profunda pena (en el buen sentido) porque las próximas generaciones van a perderse el honor de conocer a una gran gran gran persona.

    Con mucho cariño
    Alejandra Moreno Franco

    Abrazos

  3. Mario Palafox dice:

    Recuerdo el primer día que conocí al profesor Gustavo de la Vega… Me dejó en shock con su forma de tratar a los estudiantes: respeto. Con el transcurso de los días me apasionó su clase, la forma en que transmitía sus conceptos, la forma en que cambió nuestra percepción de la realidad al sacarnos a la calle para conocer varios problemas sociales. Observarlos, analizarlos, tomar la iniciativa de interactuar con esos personajes de la vida cotidiana, conocer más e ir llegando al punto de convertirnos en una familia.
    Profesor, quizá me recuerde poco, pero cambió mucho mi forma de ser ante la vida. Me sorprende que deje parte de su pasión, pero entiendo que la vida es de retos y me imagino que existe uno mayor en la suya. Hay pocos personajes que recuerdas en tu vida estudiantil, sólo los que te marcan tienen un significado especial y para mí Gustavo es uno de los hombres que recordaré siempre. Saludos profesor y espero alguna vez charlar como aquellas tardes en el salón de clase.
    Un abrazo
    Espero que sepa que los éxitos de sus alumnos son suyos.

  4. Valeria Galván Ampudia dice:

    Es común entre mis compañeros de la universidad comentar acerca de situaciones que vivimos juntos en la facultad; y podría decir sin temor a equivocarme que Gustavo de la Vega siempre es citado con orgullo por alguno de nosotros; en esos momentos, los rostros siempre sonríen; esa capacidad inherente de transmitir su pasión por la docencia dejan huella en sus alumnos.
    En lo particular recuerdo siempre sus palabras: “Ustedes no tienen que estar en un salón de clases; allá afuera tienen un laboratorio social, salgan, véanlo, vívanlo, participen, no sean del montón: Disfrútenlo, defiendan su postura, con argumentos siempre, pero participen”; puedo decir que esas palabras han definido muchas cosas en mi vida, me enseño a observar, a analizar y entender las diferentes posturas en determinada situación y a tomar la propia; a preguntarme siempre porqué y a entrenar mi capacidad analítica y crítica de las cosas de la vida; desde las más simples hasta las mas complicadas; puedo decir, que eso me ha llevado a avanzar en mi desarrollo personal y profesional.
    Esa capacidad solo se aprende en la UNAM, pero no con cualquier profesor; con Gustavo de la Vega es un común denominador entre sus alumnos.
    Siempre entregado, su amor por la universidad y su familia siempre han sido visibles; es un hombre que deja huella por quienes tenemos el orgullo y placer de conocerlo.
    Al ser su adjunta, al tener esa oportunidad, marcó una meta en mi vida (la docencia); fue y es un ejemplo de entrega en su profesión; el amor por la investigación social, su lucha constante por mantenerla vigente, estoy segura que ha dejado huella en todos los que tuvimos el privilegio de ser sus alumnos.
    Siempre ha buscado enseñar a sus alumnos las diferentes realidades en la vida, no solo académicamente en muchos aspectos de la vida; como cuando nosotros; siendo apenas unos niños; impresionados y tristes por lo que veían nuestros ojos le preguntábamos: ¿Porqué profesor? siempre respondía que así es la vida y que tenemos que ser capaces de ver la realidad y asimilarla como tal por mas injusta que fuera.
    Las prácticas de campo con Gustavo siempre fueron divertidas, amenas, un buen rato para convivir entre amigos; pero más allá que eso, fueron experiencias de vida, donde siempre la observación, el análisis y la crítica eran los elementos que marcaban esa diferencia; prácticas como las de Gustavo con nadie; ningún profesor que haya yo conocido nos daba esas vivencias; a la ida todos íbamos contentos, echando relajo en el camión; al regreso, todos pensábamos que era lo que acabábamos de vivir, reflexionando ¡Que recuerdos!
    Son esas enseñanzas las que marcaron nuestras vidas, mi vida; y sobre todo a no quedarnos inertes ante ellas; esas son lecciones de vida que van más allá de un salón de clases.
    Puedo decir que es un hombre sabio, con experiencia, y que definitivamente sabe de lo que habla; siempre amigo, siempre muy precavido, cuido de nosotros, cuida a sus alumnos porque lo que el imparte en el salón de clases es amor, amor por su profesión y por sus alumnos.
    El enterarme de su retiro me da tristeza, porque la universidad pierde a un excelente maestro; pero estoy segura que el tomar esta decisión no fue fácil; y que su vida hay un proyecto mayor que es su familia.
    Muchas gracias por tus enseñanzas Gustavo, dejaste huella en mi vida, me enseñaste infinidad de cosas que hoy día me han servido en todos los aspectos de la vida y que de verdad me han caracterizado;en la maestría siempre me decían y criticaban el porque era tan analítica, que a todo preguntaba porqué, eso lo aprendí de ti: GRACIAS!. Te llevo en mi mente y en mi corazón siempre y cito a mi compañera adjunta: Nuestros éxitos son tuyos
    Para un gran amigo, ser humano y profesor

    Valeria Galván Ampudia
    valegalvana@gmail.com

  5. Ma. Elena García Rojas dice:

    A pesar de que nunca fui su alumna, las referencias sobre Gustavo de la Vega siempre estuvieron presentes en mi vida como estudiante de la facultad de Ciencias Políticas y Sociales. De manera más cercana, y sin haber colaborado directamente con él, puedo decir que es un excelente compañero de trabajo que sabe compartir sus experiencias sin tomar poses y que sabe con ellas acompañar a otros en el camino.

    Gustavo comparte no sólo su experiencia académica y su conocimiento sin egoísmos, sino también su experiencia y su gusto por la vida. Su franca disposición y su apoyo incondicional hacen siempre más llevadero todo.

    Muchas gracias Gustavo!

  6. Neftalí G. Lo. dice:

    Hola Profe.

    ¿Cómo está?

    Qué lástima que ya no vaya a impartir el curso de Metodología. Puedo asegurar que las generaciones futuras se perderán de una experiencia muy enriquecedora, tanto académica como personal.

  7. Esperanza dice:

    Querido Gus:
    Me da mucho gusto lo del homenaje que te hicieron los alumnos, es merecidísimo, ¿Cuantos años impartiste Talleres de Investigación? pero me da tristeza y hasta nostalgia que te retires de las prácticas de investigación de campo. Yo creo que lo siento tanto por tí como por mí, pues es tal vez lo que mas añoro de mi vida académica, por todo lo que esto implica: amistad, solidaridad, alegria, responsabilidad, trabajo, entre tantas otras cosas.
    Te deseo un gran éxito en esta nueva etapa que hoy emprendes… escribir… seguramente te dará tantas satisfacciones, como la etapa que qhora se cierra.
    Con el cariño de siempre
    Esperanza

  8. Natividad Gutiérrez Chong dice:

    Homenaje al Dr. Gustavo de la Vega por sus 40 años de enseñanza del trabajo de campo,
    pronunciado por la Dra. Natividad Gutiérrez Chong.
    21 de mayo de 2007

    Un saludo muy cordial a todos los aquí presentes. Profesor de la Vega, es un verdadero gusto estar con usted en esta celebración.

    De las muchas y prolíficas facetas del Profesor de la Vega, hay una que quisiera destacar. La mejor manera de rendir homenaje y compartir con ustedes una perdurable lección es hacer referencia a una de sus preocupaciones centrales en la enseñanza de la sociología: el TRABAJO DE CAMPO.

    El trabajo de campo con el Profesor de la Vega a partir del séptimo semestre, en el Taller de Investigación, era el espacio que nos introducía a explorar y a palpar la interrelación entre la teoría y la realidad, la práctica. Como sociólogos en formación, esta oportunidad creaba expectativas, ilusiones y hasta frustraciones. Era, sin embargo, una de los pocos espacios donde podíamos experimentar la relación entre la objetividad y la subjetividad que como método estaba siempre presente en nuestra formación. Además, era la ventana para asomarnos a los grandes problemas nacionales.

    A principios de la década de los 80, en el Taller del Profesor de la Vega, una de nuestras inquietudes era investigar los efectos de la industrialización en las sociedades indígenas, en ese esfuerzo por traducir los conceptos a los referentes empíricos, de acuerdo a las enseñanzas del Profesor, nos encontramos con el proyecto de la construcción del paleocanal de Chicontepec. Así nos dimos a la tarea de armar un proyecto colectivo que tenia como eje central el impacto de PEMEX en las comunidades indígenas en distintos rubros, el cultural, el económico, el político, el del empleo y la urbanización.

    Construimos en el aula un escenario completo de cómo podía ocurrir una desestabilización de una sociedad tradicional, indígena, por la introducción de un capitalismo avanzado. Con esta construcción de tipo ideal, nos dirigimos a Veracruz, al municipio de Chicontepec. Nos quedaba muy claro que encontraríamos la presencia de la industria petrolera, sin embargo, el mayor reto fue encontrar a la comunidad indígena, la cual según nosotros, estaba expuesta a la agresividad y a la explotación de una industria que trastocaba el fondo de la comunidad basada en la agricultura.

    Uno de los mayores desafíos de ese proyecto fue encontrar a esa comunidad indígena. A todo el equipo nos embargaba la ilusión de toparnos con una. Habíamos construido en el aula una representación idealizada y romántica de una colectividad que asumíamos vivía en la armonía, en la solidaridad y en la reciprocidad. Hicimos largos recorridos, viajábamos por las brechas en espera de que una de estas habría de conducirnos a la comunidad indígena idealizada. Preguntábamos por todas partes si había personas que hablaran otra lengua, si usaban otra indumentaria.

    En este primer acercamiento a la realidad, no tuvimos mucha suerte, el regreso al aula y la confrontación de los resultados, producto de nuestra observación en el trabajo de campo, nos dio la pauta para repensar y reflexionar en lo que estábamos buscando. Muy probablemente nunca encontraríamos aquella comunidad indígena, exactamente, como la planteábamos en el aula, sino fuera porque el Profesor de la Vega nos enseño que la investigación es un producto de la creatividad, de la imaginación y de la visión del investigador. Las fases siguientes del proyecto justamente estaban enfocadas a identificar en referentes empíricos, las variables y los conceptos de nuestras preguntas e hipótesis. En otras palabras, aprendimos con fascinación que la imaginación creativa era la clave para reconstruir una realidad cambiante y dinámica en la forma de conceptos.

    Yo, en lo particular no abandone la idea de que debería haber una comunidad indígena que estaba expuesta a la industria del petróleo sino fuera así, no se explicaría la fase inicial de los trabajos de exploración petrolera y que daban muestra de que actuaban en deterioro de las tierras de temporal. Así, decidí investigar sobre la expropiación de tierras ejidales en la zona de Papantla Veracruz, y pedí al Profesor de la Vega su asesoria para realizar mi tesis de licenciatura.

    En nuestros trabajos de campo, no se trataba solo de viajar, sino también teníamos propósitos muy claros. El más significativo sin duda, para mi y lo sigue siendo: era construir y tener siempre una pregunta que luego podía ser una hipótesis y esta podía alimentar un problema de investigación. En pocas palabras, el Profesor de la Vega no se equivocaba cuando nos insistía y nos hacia pensar y repensar: que no había investigación si el investigador no entendía que tenía que formular primero una pregunta.

    Además, el Profesor nunca se dio por satisfecho solo por enseñar a preguntar e interrogar, sino también nos enseño cuales eran los pasos siguientes que había que dar para retener el dato empírico y hacerlo útil. Fue muy meticuloso en enseñarnos a formular un problema sociológico con conceptos teóricos, a escribir con rigor de síntesis, guiones, de donde se derivarían los instrumentos de recolección de datos. Pero también nos enseño a ser diligentes y pacientes es decir, insistía en que las fichas de trabajo de campo debían ser rigurosas y correctas. En el diario de campo, el profesor nos dio la llave para registrar, sin perder detalle, todo aquello que nos intrigaba y sorprendía. A partir de esos ejercicios, en los que constatábamos que la realidad se une a la teoría si esta de por medio la creatividad del investigador, me ha quedado muy claro que la investigación no solo se compone de grandes ideas sino depende del detalle y de la meticulosidad con la que se recoge un dato, se construye, y se interpreta.

    Además de mi primera investigación que realice para mi tesis de licenciatura, en los últimos veinte años, he realizado muchas otras investigaciones, sencillas y complejas, nacionales e internacionales, pero en todas ellas nunca ha faltado poner toda mi atención a las preguntas de investigación y al trabajo paciente y diligente que es indispensable para elaborar cada ficha de trabajo.

    El Profesor Gustavo nos transmitió con todo gusto, generosidad, interés y esmero los cimientos para que la investigación realizada en nuestra universidad aportara con creces a la ciencia social.

    Muchas gracias

    Dra Natividad Gutiérrez Chong
    Investigadora Titular “B” Tiempo Completo
    Instituto de Investigaciones Sociales
    UNAM

  9. Mariana Franco, Neftali G., Esperanza dice:

    Profe!!!
    Me dejó en Shock…
    Yo sabía que esto pasaría en algún momento, siempre dijo que se retiraría cuando lo considerara oportuno, pero no puedo dejar de agraddecerle tantas cosas…
    Sepa que muchas somos las personas agradecidas con usted y su trabajo y que sin duda lo van a extrañar.
    Yo le tengo mucho cariño a Metodología, por todo lo que significó, por las amistades que tengo gracias a ella…
    Reciba un abrazo y todo mi cariño
    Mariana Franco

    Hola Profe.

    ¿Cómo está?

    Qué lástima que ya no vaya a impartir el curso de Metodología. Puedo asegurar que las generaciones futuras se perderán de una experiencia muy enriquecedora, tanto académica como personal.

    Le envío un afectuosos saludo.

    Neftali G.

    Querido Gus:
    Me da mucho gusto lo del homenaje que te hicieron los alumnos, es merecidísimo, ¿Cuantos años impartiste Talleres de Investigación? pero me da tristeza y hasta nostalgia que te retires de las prácticas de investigación de campo. Yo creo que lo siento tanto por tí como por mí, pues es tal vez lo que mas añoro de mi vida académica, por todo lo que esto implica: amistad, solidaridad, alegria, responsabilidad, trabajo, entre tantas otras cosas.
    Te deseo un gran éxito en esta nueva etapa que hoy emprendes… escribir… seguramente te dará tantas satisfacciones, como la etapa que qhora se cierra.
    Con el cariño de siempre
    Esperanza

  10. Martha Alvarez dice:

    Gustavo es un verdadero maestro, el maestro por antonomasia. Su vocación, su compromiso, su solidaridad, su entrega en las clases son contagiosas; a él debo en buena medida mi formación, no sólo académica y profesional sino humana, él me enseñó el significado del compromiso y por ello le estoy profundamente agradecida.
    Lo conocí cuando yo iniciaba mi carrera, desde el principio reconocí en él las características que definen a un buen profesor, de esos que hay muy pocos; sus clases eran oro molido, luego, de a poco, fui conociendo al ser humano, nos empezamos a querer, hoy, después de varios años, puedo presumir que somos amigos, y puedo presumir mi cariño por él.
    Felicidades a Contratiempo por este muy merecido homenaje a un hombre imprescindible en la enseñanza de las Ciencias Sociales. Brindo por Gustavo, ¡Salud!

  11. Tania Arroyo Ramírez... dice:

    Ya pisando los 50, mi madre ha decidido retomar sus avances de tesis, me ha pedido le recomiende algún profesor que pueda orientarla. Sin dudarlo la referí con Gustavo y juntas nos econtramos con él en su cubículo.
    Amable y generoso, y con, siempre, cinco minutos para compartir una buena charla, antes de comenzar a hablar sobre el trabajo de mi madre, se detuvo un momento a observar mi rostro, me di cuenta de que no me recordaba, así que le dije, “fui su alumna hace ya algunos años, ya he terminado la carrera, una maestría y ahora emprendo el doctorado, además es curioso, porque ahora imparto la materia que justamente cursé con usted”, su rostro se relajó y entonces me dijo, “¿y cómo has estado?”, recordé entonces que lo que definía a aquel hombre era esa inagotable calidad humana, le dije “bien, trabajando y muy contenta por incorporarme a la docencia”, entonces… frunció el seño y expresó: “no me refiero a eso, imagino que lo haces muy bien… ¿ya te has casado, tienes hijos…?”, solté una risa tímida y advertí un tinte de regaño.
    Gustavo me dijo entonces, “recuerda que la vida es corta y que no todo es la academia, debes preocuparte por ti y por buscar la plenitud de vida, ahora veo a muchas investigadoras que por entregarse a su trabajo han descuidado su vida personal y viven enojadas con la vida…”. Mi madre se río y en tono sigiloso, comentó “es lo que yo le he dicho”. Después de tan sutíl regaño, Gustavo retomó el asunto de la tesis y pacientemente escuchó a mi madre, terminó exigiendo una posterior entrevista con ella que aún no se concreta. De vez en cuando me topo con él en los pasillos de la Facultad, me lanza una mirada cariñosa y luego de un fraternal saludo, me advierte: “Sigo esperando a tu mami, dile que tiene un encuentro pendiente conmigo”.
    Después de aquel reencuentro, me vi obligada a reflexionar sobre mi desempeño como docente y no pude dejar de reconcer que mi forma de impartir mi clase ha tomado como modelo la cátedra que tomé con Gustavo. Me resulta fundamental conjuntar lo teórico con lo práctico, intento que mis alumnos reconozcan en la realidad la importancia de lo teórico, jamás dejo del lado la práctica humana y siempre me acerco a mis alumnos pensándolos como sujetos históricos y protagonistas de su realidad, más que como simples individuos que desempeñan un rol de estudiantes. En suma, en esa reflexión me di cuenta, que mi profesor Gustavo sigue presente en mi práctica cotidiana y que mi formación está impregnada de sus conocimientos, sus enseñanzas y sus consejos; en mi caminar, caminan conmigo pocas personas y una de ellas es Gustavo de la Vega.
    Gracias por todo y por nada, Gustavo, gracias por dejar huella y trascender en lo humano.

  12. Claudia Ruiz Capdevielle dice:

    Educar no es únicamente transferir conocimientos; sino compartirlos. Esto es lo que Gustavo de la Vega Shiota ha hecho como educador en todas sus clases y por lo que siempre se ha caracterizado por ser un maestro excelente que orienta, guía, permite, cuestiona, invita a la crítica y sobre todo colabora en la construcción del conocimiento junto con sus alumnos.

    Gustavo siempre ha mostrado un cariño y pasión entregada a la labor de educación. Estos sentimientos siempre se vieron reflejados en sus clases y contagiados a sus alumnos. Creo que esta fue una de las razones por las que las clases de metodología representaron un espacio de crítica y verdadera construcción del conocimiento. Desde las discusiones en el salón de clases, hasta las experiencias en las prácticas de campo, el tipo de educación practicado por el profesor ha provocado un interés en sus alumnos por la investigación con carácter humanístico y con fines críticos y aplicables.

    Creo que las palabras no alcanzarán para agradecer y expresar todo lo que Gustavo nos compartió tanto en clases como en la cotidianidad de la facultad. Siempre recordaré que el profesor nos mencionaba que hay ciclos que se tienen que cerrar, pero uno debe de cerrarlos bien, sin dejar algo pendiente. Creo que Gustavo de la Vega cerró perfectamente este ciclo ya que somos muchísimas las generaciones que pudimos aprender muchísimas cosas de él y sobre todo con él.

    Gracias Gustavo y muchisimas felicidades por todo.

    Claudia Ruiz Capdevielle
    Alumna de Ciencias de la Comunicación
    FCPyS
    UNAM

  13. Carlos dice:

    Es un lujo conocerlo, verlo comprometido con lo que hace y todas sus actividades, que además, le apasiona hacer.

    Me parece que este cambio le sentara bien, aunque deja un compromiso muy grande para continuar con su gran labor por nuestra universidad.
    Un abrazo.
    Carlos

  14. Viridiana García Martignon dice:

    Hace casi 9 años, cuando estaba por entrar al segundo semestre de la carrera, me encontraba preguntando por recomendaciones de profesores para cursar la materia de Metodología de la Investigación. Una amiga me dijo que la mejor opción, si realmente quería una muy buena clase, era el profesor Gustavo de la Vega Shiota; una fama bien ganada, referida por sus antiguos alumnos, e incluso por quienes no lo eran, secundaba sus palabras: “es muy bueno pero es muy exigente”, “con él tienes que trabajar mucho, deja dos lecturas por semana con sus reportes por escrito, además de los trabajos de las prácticas de campo”, “es una clase que vale la pena”, “es el único que lleva a los alumnos a prácticas”.

    No lo pensé dos veces, anoté el número de grupo esperando que el día de las inscripciones no se fuera a llenar el cupo. El primer día de clase habíamos cerca de 45 alumnos. Las primeras palabras del profesor fueron la descripción del curso y las actividades a realizar durante el semestre, utilizando un tono de exigencia -en complicidad con sus adjuntas- que asustó a una buena parte de los compañeros…más de diez no regresaron a la siguiente clase.

    Se trató sólo de un filtro, nos contaría después con una mirada traviesa, una especie de prueba para que se quedaran aquellos que realmente estaban dispuestos a enfrentar la primera exigencia necesaria para un estudiante universitario, el compromiso y el no tener miedo de probarse a sí mismo. Quienes decidimos permanecer nos encontramos con un profesor cuyo tono voz invitaba a seguirlo con la mirada por todo el salón mientras caminaba explicando, apasionadamente, la clase del día. Fue un curso que nos permitió aprehender la realidad, trascender la teoría más allá del aula y vivir la maravillosa experiencia del trabajo de campo.

    La primera práctica que hicimos fue a Guanajuato, fuimos a investigar sobre las leyendas, pero no las que todos contaban, el reto era encontrar aquellas menos conocidas e intentar explicar el significado que este hecho tenía. En esos tres días observamos, entrevistamos y participamos de la vida cotidiana de la ciudad, recopilando toda la información que nos permitiera, posteriormente, hacer un ejercicio de reflexión e interpretación. A partir de esa práctica conocimos sobre el compromiso, la responsabilidad y la dificultad de acercarnos a los otros como sujetos y no sólo como objetos de investigación. Pero no todo fue trabajo -filosofía del profe- tuvimos tiempo de salir, conocer la ciudad, convivir y divertirnos.

    De regreso a la ciudad, en el camión, empecé con el profe una plática que se extiende hasta el día de hoy, y descubrí no sólo al académico sino al ser humano, el que se preocupaba por conocer un poco más de sus alumnos, por tratar de entender nuestras propias historias de vida y descifrarnos para comprendernos. Desde ese día yo, la “güerita” -como solía decirme al principio- aproveché al máximo lo que él nos compartía sin reparos: su conocimiento y experiencia, sus lecciones de vida.

    A ese curso siguieron otros tantos, más prácticas de campo, asesorías de la tesis y largas charlas en el cubículo; reuniones de amistad, de festejo; el compartir tristezas y alegrías, preocupaciones y motivaciones. Momentos en el tiempo que remiten a un gran aprendizaje y que atesoro por su significado, no sólo porque incentivaron mi vocación por la investigación, sino porque me permitieron crecer como persona.

    Puedo decir que soy una afortunada porque he conocido al profesor, al sociólogo, al mentor, al amigo, al esposo y padre, al cultivador de orquídeas, al amante de la jardinería, al fotógrafo; todas esas facetas que de manera tan cariñosa, quienes han dejado aquí un mensaje, reconocen en él.

    Creo que me faltarían palabras para describir todo lo que Gustavo de la Vega Shiota representa para mí, e incluso tratando de hacerlo no le harían justicia. Sólo puedo decir que pocas personas pueden llegar a tocar tan profundamente las vidas de sus alumnos, generación tras generación. Gracias por la dedicación, vitalidad, generosidad y empuje. Deseo que vengan muchas cosas buenas en esta etapa que, no dudo, estará llena de satisfacciones.

    Con mucho, mucho cariño para mi querido profe

    Viridiana

  15. antonella de os milagros correa dice:

    son muy linda las palabra para dedicar a un profesor

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