Enajenación y religión


Dante Montaño Brito

Enajenación, hacer que el individuo se separe de su ser, de sus intereses materiales y espirituales propios para mirarlos como ajenos y aún antagónicos a sí mismo.
Aquiles Córdova Morán.

La clase, que aquí llamaremos, económicamente dominante (entiéndase grandes empresarios, que en realidad no superan el centenar en nuestro país) tiene dos formas de mantenerse en el poder, dos maneras de conservar el control político y económico, de permanecer como el mandamás de las clases dominadas: las clases media y baja. La primera forma, la más evidente, es a través de las armas, de las leyes, del empleo de la fuerza pública, de la violencia ejercida por el estado, de esta manera puede y ha sofocado muchos intentos de rebelión, puede y ha sometido a individuos potencialmente subversivos; la segunda es a través de la educación (sea a favor o en contra de los intereses de las clases dominadas). Esta a diferencia de la primera es sutil, menos evidente y, por tanto, más peligrosa y perjudicial.

Nos enfocaremos exclusivamente a la segunda forma del sometimiento, al sometimiento sutil, mental, ideológico, es decir a la enajenación que ejercen las clases altas.

La enajenación  ha sido en todos los tiempos, en todos los modos de producción, tal vez con la única  excepción de la comunidad primitiva, un arma fundamental y muy apreciada por la clase económicamente dominante para mantener un control mental, ideológico sobre las clases media y baja, sobre las clases trabajadoras, y así evitar inconformidades e incluso levantamientos violentos que atenten contra el llamado estado de derecho.

La enajenación es el mejor recurso para hacer que los hombres, sobre todo los de las clases media y baja (clases económicamente dominadas) acepten y aun, defiendan quimeras, tradiciones, ideas y hechos derivados de aquellas que los lastiman, los perjudican y los someten a los intereses de la clase económicamente dominante, con tanta convicción, con tanta firmeza y terquedad, incluso con enojo, como si realmente fueran el mayor bien que pudieran esperar en la tierra. La enajenación logra crear la situación, impensable de otro modo en un ser racional, de que un individuo o un grupo de individuos no solamente crea las afirmaciones de otras personas o grupo de personas, en este caso de la clase económicamente dominante, sino que las defienda rabiosamente, aún cuando estas afirmaciones estén clara y abiertamente en oposición a la realidad, a los hechos, en oposición a la razón y resulten, por tanto, absurdas.

El ejemplo clásico de mecanismo de enajenación es la religión en todas sus versiones y variantes, desde la Iglesia católica hasta la Iglesia Universal del Reino de Dios (mejor conocida como Pare de sufrir) pasando por todas las iglesias evangelistas y de la cienciología.

La religión es el arma más antigua y eficaz de que han dispuesto las diferentes clases económicamente dominantes de todos los tiempos y lugares, para hacer que los miembros de las clases bajas, que siempre resultan ser los únicos oprimidos y explotados, no solamente acepten fatalista y  resignadamente la injusticia, la explotación del hombre por el hombre, la desigualdad social, la injusta distribución de la riqueza de las naciones… sino, y esto ya es el extremo y el punto más alto de la enajenación, que vean las ideas ajenas de las que ya se han adueñado como un bien, como algo bondadoso y noble, como un mérito que les conquistará una recompensa en un supuesto más allá, en un supuesto “otro mundo”, que por supuesto, no existe. Por eso, bien cabe recordar aquella frase lapidaria de Carlos Marx: “La religión es el opio de los pueblos”.

Sin embargo, la misma evolución de la sociedad humana ha venido disminuyendo la eficacia de la religión como el enajenador universal. Con el tiempo se han venido manifestando claramente, no sólo (sí, señores de la Real Academia, con acento) deficiencias de todos los mitos religiosos como por ejemplo, su abierta contradicción con la ciencia y el progreso, sino incluso, graves inconvenientes como su carácter conservador y reaccionario o su tendencia a hacerse con el poder político, allí donde considera que su influencia espiritual es lo suficientemente grande y profunda.

Por eso, ante este declive de la religión como enajenador universal, han surgido otros mecanismos que pelean el puesto. Por ejemplo, los mass media y en particular la televisión (no me refiero al aparato, sino a los contenidos). Ésta ha aumentado, multiplicado en miles de veces la capacidad de enajenación y manipulación de la opinión pública por parte de la clase económicamente dominante.

Esta enorme y efectiva capacidad manipuladora hace posible en nuestros días convertir en mito o en objeto de adoración de la opinión pública, cualquier espectáculo. Ya no resulta necesario un mito muy elaborado y costoso como la religión, para controlar y mantener entretenida a la ciudadanía. Ahora cualquier hijo de vecina puede ser idolatrado, basta con una intensa campaña publicitaria y, por supuesto, bien orquestada por alguna agencia de publicidad importante. Los ejemplos sobran: Lady Gaga, Britney Spears, Madonna…

Así pues, las deficiencias de la religión sumados a la gran facilidad con que los medios masivos de comunicación pueden sugerir e incluso implantar en la mente y en la conciencia de grandes cantidades de ciudadanos nuevos mitos, han provocado que la clase económicamente dominante esté produciendo nuevos ídolos, nuevas modas, nuevas aficiones, nuevos espectáculos masivos, que cumplen exitosamente la tarea de mantener conformes, sumisos a grandes cantidades de ciudadanos, o que incluso, como mencionábamos arriba, defiendan a capa y espada estas nuevas producciones culturales. También sobran los ejemplos de gente enajenada con Big Brother, con la Academia, con el Teletón, con las telenovelas de Televisa, con Liverpool, con Palacio de Hierro…

Así pues, la humanidad, los ciudadanos tenemos un nuevo reto: exigir que los contenidos televisivos dejen de ser una arma para mantenernos sometidos, sumisos, conformistas; exigir que se nos brinde televisión con verdadero cine, con verdadera educación, con programas científicos y verdadera cultura y no programas de chismes. En síntesis: exigir que la televisión deje su papel de enajenador de clase económicamente dominante. ¿Y cómo lograrlo? Con educación, politización y organización.

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Comments
12 Responses to “Enajenación y religión”
  1. Dante Montaño dice:

    A propósito de los 30 años de John Lennon. Él dijo: “La religión es sólo una manera de sacarles el diezmo a los ignorantes, sólo existe un Dios, y ése no se enriquece como los curas charlatanes.”

  2. Es poco factible que los oligopolios mediáticos cedan su papel a grupos de ciudadanos organizados, me parece que el paradigma de la comunicación como liberadora de los oprimidos, en boga de los estudiosos en los sesentas, con Verón, Althusser y Schiller, ha claudicado.
    Hoy, apostaría por la eclosión de propuestas emergentes, como diría una amiga: “no odies los medios, siémbralos libres”.

    Por otro lado, me parece asertivo y muy polémico tu análisis sobre la enajnación en un plano macroestructural. Me gustaría aducir que son pocos los que entienden entre existir con plena consciencia del mundo que nos rodea, o simplemente; existir por existir. (Por eso es tan importante el estudio de la filosofía, y el entendimiento de doctrinas como el existencialismo sartriano).

    Siempre he dicho que la totalidad de individuo nos habla sobre su condición como ser pensante. En tanto, la congruencia entre lo que pensamos, decimos y hacemos es sustancial. Los cambios no sólo parten de un discurso, ni de meros análisis; se manifiestan, incluso, en la música, ideas, lecturas y acciones que emprendemos.

    ¡Felices vacaciones¡

    • garcia dice:

      creo que los niveles medio y bajo estamos creyendo en cosas increíblemente absurdas y pocas veces podemos aportar algo importante para la mejora de nuestro entorno. lo malo es que pocos sabemos como y muchos sabemos nada.

  3. ¿?El preguntón¿? dice:

    En lo que Campa tiene razón es que la organización del proletariado dicho de manera más apropiada, de los grupos minoritarios (como serían los indígenas) y demás miembros de la sociedad es la única fuerza que puede parar a la clase domínate en su sometimiento contra los demás, ya que comprender al individuo no es suficiente, sin embargo plantearnos educación politización y organización en abstracto sigue siendo poco, la próxima vez usemos términos más apropiados para el tema como ideología, cultura política, Estado moderno etc. Así comprenderemos mejor el fenómeno, buena crítica Campa, saludos

  4. Luis Jaime Estrada Castro dice:

    Sorprendido, consternado y preocupado me dispongo a responder al artículo, apelando a ese “buen” diálogo arriba propuesto. Primero debo decir que me parece un tanto sorprendente que en el primer argumento se haga una división entre “dos” formas de dominación en las que se pone en un mismo saco el poder coercitivo, el poder político-legal y al poder económico, cuando claramente estas tienen su explicación particular. Posteriormente, lo que en el artículo se denomina enajenación a través de la educación y, posteriormente, la religión, no es más que el poder simbólico ejercido a través de la violencia y la dominación simbólicas. Lo curioso de esto es que un pensador-científico social (me refiero al autor del artículo), no sepa distinguir, o no deje clara la distinción tan elemental, entre religión, Iglesia e institución eclesiástica, lo que provoca que se encasillen diferentes fenómenos como la fe, el mito, la magia, la religión y la enajenación, olvidando, entre muchas otras cosas, el otro sentido de la religión en los pueblos del mundo como un sistema de símbolos que dota de sentido al universo y al orden general de existencia que genera coherencia en la vida cotidiana de las personas y que poco tiene que ver con la relación de enajenación que, toscamente se intenta vincular en el artículo. Respecto a la enajenación resulta consternante que se hable con toda tranquilidad de la enajenación y la explotación propuestas por Marx, como si se trataran de tesis que convivan en el propio Marx, cuando en realidad el término “enajenación” del joven Marx fue abandonado por el Marx maduro por el de “explotación”, en tanto que el primero olvida el sentido justamente de dominación en el modo de producción capitalista. Finalmente, preocupa que un comunicólogo siga pensando a los medios de comunicación colectiva (no “medios masivos de comunicación”, en dado caso lo “masivo” es un nivel de la comunicación, no una característica del medio), como enajenadores y manipuladores de la sociedad; bastantes estudios sobre las audiencias, la psico y sociopercepción y el entorno cultural de los consumidores de contenidos en los medios se han hecho como para seguir sosteniendo una tesis tan superada.

  5. Yo dice:

    Cierto. La gran capacidad de transmisión (el caracter masivo de los medios) no quiere decir que se implante nada en las mentes de las audiencias. Por otro lado, los contenidos varían dependiendo de los marcos legales e históricos de las instituciones mediáticas en cada ´país. La BBC es pública, transmite contenidos educativos y ¿no hay religión en Inglaterra? ¡al contrario!

    Por otro lado se soslaya que los mensajes son polisémicos y que las audiencias interpretan, resignifican y se apropian de tales significados de una forma distinta.

  6. Los Medios de comunicación se debaten entre procesos de globalización, regionalización y asimilación local por parte de los receptores.

    Así mismo, los debates entre imperialismo cultural y estudios culturales han gestado una dialéctica que marca un nuevo paradigma, desde mi óptica, esto implica la codificación de mensajes por parte de centros capitalistas (es absurdo pensar que la globalización creó un vacío de poder y la abdicación total de los Estados Nación) con intereses ideológicos, en donde pueden converger no sólo los intereses estadounidenses, sino también centros regionales como México; y por otra parte, la decodificación por parte de audiencias activas que en el postmodernismo están supeditados a producciones diferencias, como consecuencia del desarrollo del Capitalismo (que como aduciría Harvey se adscribe al postfordismo.)

    Huelga aludir que ni todo es blanco, no todo es negro; los medios de comunicación no guían al mundo, tampoco son el problema en sí mismo de la debacle social que vivimos.
    Ni todo el público está amasado, ni todos los seres humanos tienen la conciencia del mundo en el que viven.
    La complementariedad es la palabra clave: de estudios, de posturas… Siempre encausado al desarrollo de una mayoría.

  7. El tema que podría discutirse refiere al seguimiento que hacen los públicos de artistas o deportistas hasta convertirlos en ‘cuasi Dioses’, debido a los mensajes transmitidos por la televisión -y su consecuencia en la inactividad de acciones políticas en dichas personas- . (Sé que hay variaciones geolinguïsticas).

    ¿Por qué conocer a Madona y no a Víctor Jara? ¿Por qué la eclosión del reggaetón y no de la trova o el folk?

  8. Luis dice:

    Convenga aclarar que las audiencias tienen la capacidad de ser críticas, así como el ser humano tiene la posibilidad de convertirse en un atleta si es que en eso emprende un trabajo que fortalezca su capacidad física y psicológica. Y como capacidad, es algo latente, algo que se “puede” dar, pero que no se da de inmediato ni como instinto. Aunque superadas las posturas de dominio absoluto de los medios de comunicación colectiva y su omnipotencia, haya de reconocerse que como teorías, ninguna ha dejado resuelto aún nada, se limitan a explicar y como tales, se aplican a casos concretos particulares que de algún modo apoyan sus fundamentos. En ese sentido, sería irresponsable afirmar que todas las audiencias son críticas, pues de ser así, ¿con la crítica -en el sentido de discernimiento y depuración con miras a enriquecer un contenido con algo más allá que lo deje como una opción y no como una verdad absoluta- hecha en este país por la mayoría de nuestras audiencias se mantienen contenidos tan deplorables como “Muévete” y su maratónica jornada sabatina? ¿Con esa crítica se llega a que los best sellers vayan de Carlos Trejo o cómo ser rico? ¿Con la crítica TvNotas es la revista de mayor tiraje en México? Entonces nuestro poder cultural, en términos de Bordieu, está algo/un poco languidecido.

  9. Dante Montaño dice:

    Coincido plenamente con Luis. Me parece que se cae en el intelectualismo ramplón, pues llegamos a creer que nuestros amigos y conocidos pseudo-intelectuales son el “entorno cultural”, creemos que porque nosotros somos “críticos” y nuestros amigos también, por lo tanto, el “entorno cultural” es crítico. No nos damos cuenta o no queremos darnos cuenta que el mundo, que la sociedad (ahora sí), está más allá de nuestra narices, que el mundo no es la UNAM o Ciencias Políticas. Sin embargo, el autor del artículo no habla de dominio absoluto de los medios de comunicación ni de la enajenación (absoluta) de la sociedad y cito “las deficiencias de la religión sumados a la gran facilidad con que los medios masivos de comunicación (y sí, lo de masivos es un nivel, pues me refiero a la televisión) pueden sugerir e incluso implantar en la mente y en la conciencia de grandes cantidades de ciudadanos nuevos mitos, han provocado que la clase económicamente dominante esté produciendo nuevos ídolos”. “Puede”, “sugerir”, “incluso”, “grandes cantidades (que no toda la sociedad)”; ¿no está bastante claro que no hablo de omnipotencia?
    Respecto a los conceptos de enajenación y explotación me parece que hay un error. El Marx joven se calcula más o menos hasta 1845, el Marx maduro desde ésta fecha hasta su muerte en 1883. En El Capital tomo I publicado en 1867 (o sea cuando ya era maduro), Marx habla de los dos conceptos que no se reemplazan porque son diferentes, de la enajenación del trabajo (como el trabajador ya no produce completa una mercancía, ya no puede decir que es su mercancía y cree que la mercancía es del capitalista) y de la explotación de los trabajadores (que se refiere a que los trabajadores producen más de lo que se les paga en salario: la plusvalía).
    En lo demás me parece que las observaciones son acertadas y las agradezco profundamente.

  10. Yo dice:

    La palabra “implantar” da a entender que se habla de omnipotencia.
    Que las audiencias sean críticas es diferente a que, de acuerdo a su contexto cultural, interpreten los mensajes mediáticos de diversas formas. No es intelectualismo ramplón, son ciencias sociales y precisamente por eso, se debe tener en cuenta que no toda la gente es tonta o puede, así como así, tener un mensaje implantado en su mente. Existen estudios científicos que, aplicados en contextos particulares, demuestran que las audiencias son diferentes y por ello no interpretan un mensaje de la misma manera; por eso no se puede decir que tienen mensajes implantados.
    Por otro lado, también se puede tachar de homogeneización y desprecio por la gente que se diga que sólo con una campaña publicitaria se crean ídolos. Se confunde la producción con la recepción. Por mucha campaña que se haga, es la audiencia la que decide si lo acepta o no. La educación, factor que puede intervenir en la capacidad crítica de las audiencias, no quiere decir que las audiencias carentes de ella sean completamente vulnerables. Así como se lee TvyNovelas, también se tiene la creencia popular de que “Televisa engaña” o que “los políticos son una mierda”.
    No es la capacidad crítica, sino el contexto cultural de la gente, lo que hace que estas asimilen los mensajes de manera distinta; unos, sí, “se la creerán”, otros dirán “no es cierto, en la vida real eso no pasa” y otros tendrán que discernir sobre la veracidad de los contenidos.

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