Habla incesante: “Que te calles”


Por Luis Lozano

Dotado de un don tan valioso como es el habla, el ser humano ha aprovechado esta cualidad para ufanarse de superioridad respecto del resto de los seres que habitan el planeta. Gerog Gadamer defiende el valor artístico y humano de la conversación no sólo como una forma de autoconocimiento, sino también como la manera de concretar una amistad.

Quentin es un hombre de voz inagotable, de ideas inconexas y decir constante. Su incontenible anhelo de hablar lo convierte en un sujeto insoportable. La desesperación acosa a cualquiera que ose dejarlo hablar: en momentos de su monólogo, la audacia se convierte en la peor de las opciones. A causa del atrevimiento, dos presos resultaron heridos, uno de ellos inconsciente, mientras Quentin apenas parecía alborotado.

La actitud de Quentin se consideró un defecto hasta el arribo de Ruby a prisión. El hombre de nuevo ingreso se negó a dar muestra alguna de vida en cuanto entró a su celda. Pese a la insistencia de un abogado, Ruby permaneció en silencio, aparentando un bloqueo emocional insuperable.

Quentin y Ruby: voz y mando.

La solución apareció sirviendo sopa a los demás presos: Quentin quizá sería capaz de hacerlo hablar. Sin embargo, lo que se pensó sería una forma de hacer hablar a Ruby casi le cuesta la vida. Una lata doblada y la desesperación provocada por las imprudentes palabras de un soñador fueron cómplices del intento de suicidio de Ruby. Para entonces, su paciencia había alcanzado, para Quentin, el grado de amistad.

A partir de entonces formarían un binomio de proporciones inexactas, donde se aprecia un leal y abnegado compañero y un indiferente, casi inhumano, líder: Ruby tenía que huir y saldar una cuenta pendiente con Vogel, el asesino de su novia, para lo cual no requería de auxilio. Quentin no comprendió y siguió cerca de su nuevo amigo y futuro colega en el café “Deux amis” en Montargis, su provincia natal.

En Un campeón desparejo, Adolfo Bioy Casares describe la experiencia de Morales, un taxista que al probar un extraño menjurje brindado por un anciano científico, adquiere fortaleza física de niveles desproporcionados. Quentin comienza a ser valorado por Ruby por una cualidad semejante, sólo que sin estímulo artificial. A semejanza del taxista, Quentin tenía un físico insignificante. Aún así, consiguió algunas proezas invaluables para la misión de Ruby.

A pesar del desinterés del peligroso asesino por la amistad de su seguidor, Ruby termina aceptando el trabajo en equipo: un plan de Quentin permite la venganza.

Que te calles merece la pena por la entretenida trama y los numerosos momentos irrisorios que ofrece. Sin embargo, sus principales pecados nacen como un accidente intencional: la inconexión entre algunos de sus elementos la vuelven inverosímil. Además, la aparición forzada de una historia de amor exprés basada en reminiscencias interrumpe una secuencia de incongruencias tejidas ingeniosamente para crear una trama armónica y homogénea.

Con un final inesperado, inclusive sin sentido, esta película de Francis Veber aporta una visión cómica de la amistad espontánea y de los sueños sinceros. Es una muestra de que la conversación crea amistades, una amistad de café.

Ficha técnica

Veber, Francis (Director). (2003) Tais Toi! (¡Que te calles!). Francia: Union Générale Cinématographique (UCG). Duración: 85 min.

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Comments
One Response to “Habla incesante: “Que te calles””
  1. Leticia Cervantes dice:

    Muy buen concepto de la descripción resumida de esta pelicula tan entretenida

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