Para entender a Haití: El desastre es histórico


Por Francisco Javier Montaño

No es ninguna noticia que el pasado 12 de enero, Haití fue golpeado por un temblor de 7 grados en la escala de Richter, el fenómeno natural más destructivo del que los habitantes de aquella isla tengan registro. Según estimaciones del gobierno haitiano y de la ONU, el sismo cobró la vida de más de 100 mil personas; a la fecha se han enterrado más de 70 mil cadáveres. Por otro lado, las pérdidas materiales también son cuantiosas, la casa presidencial sufrió graves daños, el edificio de la misión permanente de Naciones Unidas se vino abajo, al igual que centenares de precarios hogares en donde vive el 80 % de la población de Haití, sumida en la más extrema de las pobrezas.

Tampoco es ninguna noticia que la situación del país caribeño es verdaderamente delicada, pues además de las carencias propias de un país de tercer mundo, ahora Haití debe luchar contra los imponderables naturales. Una vez más al perro más flaco se le cargan las pulgas.

La ayuda internacional se ha volcado en Haití, así como las muestras de solidaridad con los afectados. El gobierno estadunidense, a través de su secretaria de Estado, Hillary Clinton, dijo que Estados Unidos fue, es y será socio y amigo de Haití. En días posteriores a la tragedia, un consternado Barack Obama anunció la creación de la Fundación Clinton-Bush para ayudar a los damnificados haitianos.

Ahora que los ojos del mundo están puestos en Haití, me parece que debemos identificar cuáles son los factores que hacen de Haití un Estado en serias dificultades, es decir, debemos recordar quiénes han sido los actores históricos que han provocado que Haití se encuentre en un desastre social permanente que ahora sólo se ha visto agravado por un fenómeno fuera de todo control humano. No es el terremoto el único causante del caos que ahora se vive en aquél país, es una historia de pobreza nacional, marcada por conflictos entre masas populares y burguesía, golpes de estado y dictaduras patrocinadas por Estados Unidos, humillaciones a la raza negra y explotación de recursos naturales por parte de los mismos países que ahora dicen apoyar incondicionalmente a Haití.

Haití y la “democracia” estadunidense

Ubicado en la parte occidental de La Española, una isla que también es territorio de República Dominicana, Haití fue el primer país “libre” de América al vencer a un ejército napoleónico el 1 de enero de 1804 a través de una revolución legítima liderada por un esclavo, Toussaint L’Overture, en una época en la que los negros traídos de África eran renovados cada diez años para seguirlos explotando hasta la muerte. No obstante tal revuelta ejemplar, la liberación del yugo francés trajo conflictos propios de una nación recién independizada: masas populares con fuertes raíces africanas lucharon contra la élite afrancesada por el control del país durante gran parte del siglo XIX, y aunque hubo gobiernos de corte popular como el de Alexandre Petión, quien donó recursos económicos a la campaña de Simón Bolivar; al final la élite fue quien se impuso

La misma élite affranchi (afrancesada), fue quien hizo llegar, a fines del siglo XIX, la “modernización” que insertó a Haití en el capitalismo neocolonial: Compañías extranjeras construyeron puertos marítimos y líneas de ferrocarril que servían para despojar al país de sus recursos naturales y de paso dejar al país con una deuda externa estratosférica.

En 1915, el gobierno estadunidense, que por aquellas fechas ocupaba República Dominicana, decidió que como Haití era un país rico en materias primas y gobernado exclusivamente por mulatos no tenía verdadera democracia (& Co.) por lo que lo invadió ese mismo año; un ejército revolucionario dirigido por Charlemagne Peralte e integrado por campesinos resistió el ataque, sin embargo, en 1919 Peralte fue asesinado y el ejército seriamente dividido, por lo que de 1919 a 1934 Estados Unidos hizo el generoso favor de vender a Haití democracia y libertad a cambio de materias primas exóticas.

Más tarde, en 1964, Washington respaldó nuevamente a Francois Duvalier, Papa Doc, quien una vez instalado en el cargo se declaró presidente vitalicio, heredando el cargo a su hijo Jean-Claude en 1971, todo con el apoyo de la democracia estadunidense.

Uno de los últimos intentos haitianos por tener verdadera independencia sucedió en 1990, cuando Jean Bertrand Aristide, sacerdote defensor de los pobres, fue elegido, bajo la supervisión de la comunidad internacional y con el respaldo popular, como presidente de Haití. Sin embargo, en 1991, Aristide fue derrocado por un golpe de estado militar, que impuso a Raoul Cedras en el cargo. La OEA y la ONU aplicaron bloqueos económicos y sanciones políticas al país, y en 1991 Estados Unidos, el policía del mundo, decidió entrar a Haití nuevamente; le dio a Aristide el cargo, pero no el poder, que ahora estaba en Washington. Estados Unidos había acabado, una vez más, con la esperanza haitiana por un futuro mejor.

Por la amenaza de un buen ejemplo

Como se puede ver, la historia de Haití no dista mucho de países centroamericanos como Nicaragua, El Salvador o Guatemala, siempre bajo la explotación y supervisión de países europeos y después de Estados Unidos. Haití ha sido víctima histórica de lo que Noam Chomsky denomina “la amenaza de un buen ejemplo”: Estados Unidos no puede darse el lujo de que un país tan pequeño como Haití tenga independencia real, puesto que algún otro país podría intentar seguir su ejemplo y con ello “infectar de independencia” a más países.

En cambio, ahora Haití es el objetivo de la política del buen vecino. Es quien recibe limosnas temporales, quien propicia la filantropía de la metrópoli, quien le permite a Obama lucirse. No será quien tenga libertad y soberanía reales.

No es mi objetivo minimizar las consecuencias del sismo ni invitar a la gente a que no ayude. Es un hecho que la situación en Haití es grave, que está pasando por el nuevo momento más difícil de su historia y que se necesita de toda la ayuda posible. Pero como humanos no podemos evitar que estos desastres naturales ocurran, lo que sí podemos hacer es darnos cuenta de que los países que ahora ayudan son los mismos que han explotado al pueblo haitiano por más de 500 años, los que lo han gobernado, los que lo han dejado sin selvas y bosques. Los que ahora le dan la mano a Haití, son quienes más han contribuido a que tropiece una y otra vez.

Haití es un Estado que tiene enormes dificultades para afrontar un suceso como el ocurrido, debido en parte al neocolonialismo e intervencionismo militar de quienes ahora se precian de ser amigos y socios de Haití.

Para terminar, los dejo con las atinadas palabras del maestro Eduardo Galeano:

El voto y el veto

Para borrar las huellas de la participación estadounidense en la dictadura carnicera del general Cedras, los infantes de marina se llevaron 160 mil páginas de los archivos secretos. Aristide regresó encadenado. Le dieron permiso para recuperar el gobierno, pero le prohibieron el poder. Su sucesor, René Préval, obtuvo casi el 90 por ciento de los votos, pero más poder que Préval tiene cualquier mandón de cuarta categoría del Fondo Monetario o del Banco Mundial, aunque el pueblo haitiano no lo haya elegido ni con un voto siquiera.

Más que el voto, puede el veto. Veto a las reformas: cada vez que Préval, o alguno de sus ministros, pide créditos internacionales para dar pan a los hambrientos, letras a los analfabetos o tierra a los campesinos, no recibe respuesta, o le contestan ordenándole:

-Recite la lección. Y como el gobierno haitiano no termina de aprender que hay que desmantelar los pocos servicios públicos que quedan, últimos pobres amparos para uno de los pueblos más desamparados del mundo, los profesores dan por perdido el examen.

…Por eso ahora, es difícil dar medicina a los damnificados.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

  • "Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos." E. Galeano

  • "Siempre fuiste mi espejo, quiero decir que para verme tenía que mirarte." J.Cortázar
  • "No hay necesidad de fuego, el infierno son los otros." J.P. Sartre
A %d blogueros les gusta esto: