“No te juntes con el chaparro, se te va pegar lo pendejo”


Por Josué Lugo

El arribo del jefe de Estado boliviano, Evo Morales Ayma, resultó un gran suceso dentro del Distrito Federal. Al jardín Hidalgo en Coyoacán llegaron indígenas, niños, amas de casa, estudiantes, miembros del SME, profesores; una larga fila aguardaba la entrada y las quejas de los asistentes por el micro lugar eran cada vez más audibles. Desde el arribo se escuchaban gritos como: “Fuera Calderón” “Viva el SME” “Evo, Evo”.

La fila avanzaba lentamente, miembros de partidos políticos de “izquierda” (de esos que se alían con cualquier partido y carecen de ideología) repartían sus periódicos y en una esquina un grupo de jóvenes gritaba consignas contra el gobierno federal.
Entre la muchedumbre podía distinguirse a los intelectuales (sus pláticas eran sobre movimientos sociales y gobiernos de izquierda en América Latina), grupos plurinominales o indígenas (no se entendía lo que decían, hablaban en dialecto), y personas comunes (acaso sea aceptado este término para referirme a ellas) quienes disfrutaban de un bonito domingo en familia, “diciendo lo que la mayoría decía”, y “haciendo lo que la mayoría hacía”.

Después de una larga espera (2 horas aproximadamente), Evo arribó, los gritos fueron apabullantes y no emocionarse resultaba cuasi imposible. La euforia era fácilmente contagiable, si el boliviano levantaba la mano, los asistentes gritaban aún más, si alguien no alcanzaba a verlo, se molestaba con quien estaba enfrente por taparle la vista. “Los chaparros deben ir enfrente, déjenos pasar”, gritaba un anciano enardecido por no ver al boliviano. Todos contra todos en el afán de tomarle fotos y acercarse a ese ser mítico llamado Evo.

El discurso comenzó, cada treinta segundos las exclamaciones de admiración se hacían notar: “Evo, Evo”, en conjunción con frases como: “Calderón debería aprender de ti”, “enséñale a gobernar a nuestro presidente”, “tu si ayudas a tu pueblo”, “no te juntes con el chaparro, se te va pegar lo pendejo”.

En su discurso, Evo mencionó que su país se encuentra mejor desde que la embajada de Estados Unidos y el Fondo Monetario Internacional (FMI) salieron de él. A la par, los presentes comenzaban a gritar: “¡Fuera yanquis de América Latina!”. Una señora de unos cuarenta años, cabello largo, rubia y de baja estatura (1.50 aproximadamente) subió a un escalón y muy eufórica incitaba a los demás a seguir con los gritos.

Morales, quien también es asiduo seguidor del futbol y la música prehispánica,  mencionó que Bolivia ha crecido económicamente mediante la nacionalización de hidrocarburos y el fortalecimiento de las relaciones con países como Cuba, Brasil y Venezuela.
A partir de la nacionalización de bienes, la nación sudamericana registró un superávit después de 65 años, “dignificando a todos los bolivianos (…) la sola recuperación de hidrocarburos liberó a Bolivia del déficit fiscal.”

Acto seguido, un señor de unos cuarenta años, bigote pronunciado, lentes, delgado y de mediana estatura (1.70 metros), prorrumpió: “Eso se debe hacer, nacionalizar; no como aquí, que sólo privatizan”. Los demás lo seguían: “Pemex no se vende, Pemex no se vende”.

El mandatario bolivariano cerró su ponencia con una frase certera: “Pronto México se liberará.” En ese momento, pareció que las leyes del tiempo se rompían y el espacio era nada, sus palabras sonaron tan reales y tan sencillas de efectuarse que al abrir los ojos, todo indicaba que México estaría emancipado.
Una niña preguntaba a su mamá por qué toda la gente gritaba, la progenitora no podía contestar, su conmoción se lo impedía.

Los asistentes opinan…

Olivia es ama de casa y adherente al Frente Amplio Progresista, bien puede representar la materialización de Eduardo Galeano y su “derecho al delirio”, la emoción que evocaba era altamente contagiable, sus ojos grandes se clavaron en mí y sin parpadear señaló: “Las palabras de Evo son la invitación para que nosotros logremos lo que queremos, México no se puede quedar atrás, lo más importante es que nos organicemos como pueblo porque sólo así lograremos trascender. Si nos siguen pisoteando con estos gobiernos Neoliberales vamos al caos, sabemos que no es fácil pero lo podemos hacer, no somos distintos a los bolivianos.”

Carlos Nazario estuvo junto a mí todo el tiempo (acompañado de su novia, la cual es periodista), terminó la carrera de sociología en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), fue de las pocas personas que estuvo sereno dentro del lugar, en cambio, su dulcinea fue la orquestadora de porras y consignas. Nazario aceptó la entrevista con mucha amabilidad y con tono de voz intelectual acotó:

“Las palabras de Evo están muy acordes con las cuestiones pluriétnicas, necesitamos recuperar el discurso que nos ha brindado, incorporarlo como nación; me refiero al respeto por la diversidad y la inclusión de grupos minoritarios como los indígenas; la recuperación de recursos naturales, es decir, la no privatización de nuestros recursos y la revolución democrática, con este punto me refiero a una democracia legítima no impuesta.”

La encontré charlando con un “huichol”, su métrica y prosa eran inentendibles, conversaba en una lengua originaria de nuestro país (dialecto). Vestía con vestido negro decorado con flores color amarillas; huaraches, sombrero y unas trenzas grandes complementaban su indumentaria; su nombre según el horóscopo prehispánico es Ciclaltexca, funge como danzante azteca, representa la mexicanidad, se siente orgullosa de su identidad.
Al abordarla me tomó del brazo (en señal de compañerismo) y manifestó:

“Evo Morales fue muy entendible, sus palabras nos alientan, nos proporcionan esperanza, habrá que seguirle sus pasos. Si queremos crecer tenemos que retomar nuestra cultura, así como lo hace el pueblo boliviano. Es indispensable saber de dónde venimos. ¡Hay que levantar la cultura!”

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Comments
One Response to ““No te juntes con el chaparro, se te va pegar lo pendejo””
  1. Poe dice:

    ¿Esta fue la edición de las crónicas?
    Está bien, me parece que el periodismo actualmente perdió dicho género y es muy importante recuperarlo.

    El estilo del redactor es adecuado, el trabajo de campo también y la redacción (con un poco de afinación) estaría perfecta. -Disculpen mis juicios morales-.

    En cuanto al tema, es indispensable una consciencia ciudadana que se remunere en mayor representatividad y mejores opciones para votar (sin caer en la demagogia.)

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