El problema de la educación en México


Luis Josué Lugo

… Para todos esos maestros que han dejado huella en cada uno de nosotros, 15 de mayo, su día.

Tanto José Vasconcelos como Torres Bodet, maestros eximios en la historia de México; -el primero rector de la UNAM (1920-1921) y el segundo, creador de amplias campañas para alfabetizar mexicanos durante el periodo de Ávila Camacho-,  observan la descomposición de lo que alguna vez pudo llamarse “educación de calidad”. Con tristeza, los dos personajes miran como Elba Esther y sus compinches (Lujambio, Calderón y Paredes) vejan a los mexicanos de un derecho constitucional básico: “educación libre, laica y gratuita”. No entienden como los afectados no hacen nada, no claman por mejor educación, no exigen preparación de calidad para sus hijos, para su presente, para su futuro, para ellos mismos.

¿Educación libre? es muy discutible, sobre todo cuando se quiere regresar al positivismo, a las puras ciencias exactas (https://revistacontratiempo.wordpress.com/2009/09/07/quitan-culturas-prehispanicas-y-epoca-colonial-en-libros-de-primaria/), ¿humanismo para qué? ¿Ciencias sociales por qué?, lo de laica quedaría a discusión después de que las sanas conciencias sollozan en sus casas por la inclusión de educación sexual en libros de secundaria y lo de gratuita estaría sujeto a un 90% de estudiantes que no alcanzan lugar en Universidades públicas y deben costearse sus estudios en centros educativos privados. Eso “a los que bien les va”, los que no; se incrustan dentro de la generación ni-ni – “tribu” de jóvenes desencantados con la realidad económica de México y la debilidad del sistema educativo del país, según informó la BBC en un reportaje.-

Los culpables: sindicato, gobierno y sociedad civil

No hay un solo culpable. Felipe Calderón, Elba Esther Gordillo y la sociedad civil. La confluencia de estos tres actores ha permitido la debacle educativa en México. ¿Yo? ¿Cómo? “Si yo no he hecho nada”, precisamente por no hacer nada (nosotros, la sociedad civil), es que Calderón y Elba Esther accionan a su gusto: quitan materias como historia en nivel secundaria, bajan el presupuesto a educación, soslayan el problema de infraestructura en las escuelas, y más aún, detienen la construcción de Universidades públicas.

De acuerdo con la  Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) de treinta países evaluados, los estudiantes mexicanos poseen el más bajo nivel educativo, según sus propios estudios: “son incapaces de resolver problemas elementales”.
Beatriz Pont, analista de educación de ese organismo, manifestó que la mejor alternativa para que un país como México salga de la crisis es “invertir en educación y en el desarrollo de las capacidades de su población” para enfrentar de mejor manera los problemas de desempleo. “Se está generando un desempleo muy grande y éste toca a la gente con bajos niveles educativos y eso genera problemas y tensiones de cohesión social” que hay que tratar.

Se forma un círculo vicioso: si no hay educación no hay gente preparada, no hay consciencia política ni ciudadana, la población es más propensa a la delincuencia. Si a esto se le agrega las pocas oportunidades de empleo, existe migración y más delincuencia. ¿Cómo subsanar dichos problemas? Rousseau, Montesquieu y los ilustrados dirían que mediante la educación, de esta forma la sociedad avanzaría en su conjunto, sin olvidar apoyar a la cultura y tener fe en ésta. Aristóteles complementaría: “educación universal para democracia universal”.  Y a la historia nacional tendríamos que referir: ¿Acaso no Lázaro Cárdenas creó el Politécnico Nacional para formar a técnicos que ayudaran a los problemas nacionales; como por ejemplo, el desarrollo de la industria petrolera?

Jaime Torres Bodet

Jaime Torres Bodet

Y los datos continúan

En 2009, 700 mil niños y adolescentes abandonaron las primarias y las secundarias en todo el país ante la difícil situación económica.  En primaria, sólo 2.3% del gasto se destina a inversión de capital, cuando el promedio de la OCDE es de 8.9%. En secundaria es de 2.7%, cuando la media ocdeana es de 7.8%, mientras que en el sector universitario sólo alcanza un 4.5% que, comparado con el 9.5% en la mayoría de los países miembro de la organización, deja ver el poco margen para hacer mejoras en la infraestructura escolar, según informa el INEA.

México destina el 5.3% de su producto interno bruto (PIB) a la educación, cifra muy inferior a la de Cuba (14% del PIB).  Ante tal situación resultan ejemplificativas las palabras de Jesús Martínez Álvarez, columnista del diario Crónica: “No parece ser importante alzar la vista hacia otros países, incluso emergentes, cómo han podido lograr mayor crecimiento, desarrollo, empleo, seguridad y competitividad y que hayan apostado precisamente por educación y la investigación como cimiento para la solución de las que también fueron en su momento prioridades.
China e India, se encuentran, entre otros dentro de esos países que apostaron por la educación, de manera particular en materia de ciencia y tecnología. No es casual que actualmente Asia cuente con el mayor número de graduados solamente en ciencia y tecnología; 1.2 millones de graduados en estas materias, muy superior a las 400 mil graduados en el país más “poderoso” del mundo los EUA, o los 830 mil en toda Europa (…) Si no se tiene plena conciencia de que los intereses superiores del país y de todos los mexicanos, están por encima de todo interés personal o de grupo, poco o nada podrá propiciar el poder contar con políticas públicas de Estado en materia educativa, si no es mediante un gran Acuerdo Nacional para la modernización de la educación básica.”

“No todo está perdido”, profiere Vasconcelos mientras observa grupos de ciudadanos que organizan círculos de lectura, campañas de alfabetización y manifestaciones en apoyo a la educación. Maestros que se alzan por el desarrollo colectivo de México, estudiantes que aprovechan lo que el Estado invierte en ellos, periodistas que “dan voz a los que no tienen voz”.

-Torres Bodet complementa: no olvidar lo más importante, esas personas que con todo y sus bajos sueldos y sus malas condiciones laborales, se despiertan muy temprano y preparan una clase para sus educandos; dinámica, ilustradora, enfatizando la necesidad de mejores seres humanos a partir de la educación, centrando su atención en personas que a la postre retribuyan lo que saben a sus semejantes. Por ellos, la jornada de esperanza intelectual no cesa.

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