Voladores en Cuetzalan, una crísis cultural


Por: Edgar Garduño

En medio de la  plaza principal, frente a la Iglesia, un tronco de más de 21 metros se eleva hasta borrase en la espesa niebla. Pequeñas tablas clavadas a lo largo del tronco conforman escalones que dirigen el rumbo de los danzantes hasta la punta. Una vez ahí, cuatro de los cinco integrantes del grupo se amarran lazos a la cintura para descolgarse del inmenso mástil y descender ante el son prehispánico salido de un pequeño tambor  y acompañado de una flauta.

Así, con un maravilloso espectáculo que representa el equilibrio del universo, los puntos cardinales y la fertilidad, el pueblo de Cuetzalan, ubicado en la Sierra Norte del estado de Puebla, expresa uno de sus rasgos culturales más bellos: la danza de los voladores que; sin embargo, y a pesar de  ser un símbolo de atracción para el turismo,  no es apoyado del todo por el actual Ayuntamiento.

Reconocimiento internacional, no nacional

Jorge Baltazar ha vivido desde siempre en Cuetzalan. Hoy tiene el nombramiento de caporal; se les llama así a los líderes de las danzas, ellos guían los bailes tradicionales gracias a su experiencia y dominio de la danza. “Se debe tener conocimiento en todo, desde cómo tocar el tambor, hacer bien los pasos y tener visión de quien sí puede ser volador”, asegura Don Jorge, a quien le costó diez años llegar a ser caporal.

El ser volador lo ha llevado a conocer Francia, Madagascar y otros lugares que no logra recordar con exactitud. Sus visitas a estas partes del mundo han sido gracias al apoyo e interés de organizaciones extranjeras que le han abierto las puertas. “Tenemos convenios con Francia para salir cada año”, explica el señor Baltazar con seriedad y orgullo durante la entrevista.

Basta que uno pregunte sobre los voladores para que los mismos habitantes le guíen con  “Jorge el volador”. A sus 54 años asegura que en México no se le ha dado el apoyo deseado: “He metido proyectos en CONACULTA, pero no he tenido la suerte de que sean aceptados”.

En las paredes de su humilde sala cuelgan fotos de él junto a la Torre Eiffel, portadas  de revistas extranjeras donde los voladores son la nota, tomas en plena danza, él tocando la flauta y niños voladores en descenso. A escasos metros, a un lado del comedor, dos trajes típicos para la danza lucen opacos por el polvo acumulado en una de las columnas de la casa. Son reflejo de la situación desgastante que sufre no sólo la indumentaria sino  los danzantes en general.

Sobre el apoyo del gobierno, asegura que  sólo los benefician  con zapatos; accesorios que cubren un porcentaje mínimo del costo total de la indumentaria,  ya que un traje completo cuesta alrededor de 2,500 mil pesos y lo más caro es la costura. “Mejor las universidades que el gobierno, aquí han venido del Tec de Monterrey y de otros lados para hacer investigación”, señala.

La solución sería, para Don Jorge,  que las instituciones encargadas de cultura tomen cartas en el asunto. “Uno ve en la televisión que se destinan tantos millones para tales instituciones de cultura, pero son para los empleados, no llegan hasta nosotros”.

La  cultura en Cuetzalan, un sector sin recursos

Un  problema que pareciera ser contradictorio es la distribución de los recursos en el municipio de  Cuetzalan, Puebla. A pesar de que es un sitio turístico por su riqueza cultural, no tiene asignado recurso alguno para el desarrollo y preservación de las actividades en este rubro.

Datos de la Secretaria de Turismo (SECTUR), indican  que  entre el año 2002 y 2004 se invirtieron 15 millones de pesos, pero solo para la mejora urbana, para la preservación de la danza no hace mención alguna.

Según el Regidor de Cultura de Cuetzalan,  Francisco Agustín Pita, desde que inició el gobierno del nuevo ayuntamiento en el año 2008 se han estado recibiendo alrededor de 55 millones de pesos anuales para cubrir los gastos necesarios en el municipio; sin embargo, para la cultura de la región no se ha invertido.“Para la cultura no tenemos presupuesto, nosotros tenemos que sacar de otros rubros como lo que mandan para obras publicas”.

De esta manera, por medio de falsa acreditación de los gastos es como el encargado de cultura explica que ha podido dar a apoyos a los grupos de danzantes y a algunas iglesias. “Por ejemplo si a mí me piden un bote de pintura para una iglesia, tengo que hacer los trámites como si fuera para una escuela, por ese lado sí se puede”,  apunta Agustín Pita.

En el caso especifico de la danza de los voladores, el mismo Agustín Pita explica que no es posible financiar los gastos para trajes y accesorios debido a que todo debe ser facturado y los trajes son fabricados por artesanos de la zona que no cuentan con facturación de lo que venden, por esta razón sólo se les ayuda con pares de zapatos.

Gregorio Antonio Morales, caporal del grupo “Caballeros Águila“, lamenta que solo es en las ferias “cuando les va más o menos”, pues dice que en ocasiones pueden llegar a ganar entre  200 y 300 pesos por “volada”. El ser volador no les deja los recursos suficientes para mantenerse diariamente, algunos de ellos se decidan al ramo de la construcción como albañiles, otros bolean zapatos y unos más al cultivo.

Asegura que hubo un tiempo en el que no deseaba regresar a la danza porque no le alcanzaba el dinero.”Algunas veces tuve que trabajar en otras cosas y me ausentaba hasta tres meses, le encargaba a alguien más el grupo, y como no me alcanzaba pensé en dejar de volar, pero después hasta lo soñaba y no me aguante las ganas”.

En cuanto a la  manera de conservar las tradiciones, Agustín Pita menciona que el ayuntamiento ha propuesto programas de conservación, pero éstos no se han visto concretados. “Se ha estado gestionando por medio de la Comisión nacional para el Desarrollo del los pueblos Indígenas (CDI), pero hasta ahora no hemos tenido respuesta; nos piden que los danzantes tengan documentación, actas de nacimiento, identificación y hay personas que no tienen, entonces en esos casos no podemos hacer mucho”.

Con más de ocho años dirigiendo a los “Caballeros Águila”, Morales no pierde la esperanza de salir al extranjero y ser reconocido en otros lugares del mundo.

“La cultura funciona sola”

Al filo de las cuatro de la tarde, como todos los fines de semana, la danza de los voladores inicia en la plaza del centro de Cuetzalan, ahí se reúnen turistas y los mismos pobladores para presenciar el vuelo. Entre los seis integrantes del primer grupo de voladores resalta un rostro joven, un pequeño de escasos 10 años que vuela como un profesional.

“Me gusta bailar, mi hermano y mi hermana también bailan y quiero llegar a ser caporal. Empecé desde los seis años, duré uno ensayando para poder bailar”, comenta entre risas Francisco Rodríguez Gracia, pequeño de 11 años que ya pertenece al grupo “Caballeros Águila” y cada ocho días se presenta en la plaza principal del municipio.

Para Emma de los Ángeles Gutiérrez, Coordinadora del archivo histórico del municipio, el nulo apoyo de las autoridades se debe a que los habitantes de Cuetzalan conservan por sí solos la cultura. “Es tanto el arraigo de la cultura de los mismos indígenas que al ayuntamiento no le cuesta mantener la cultura, ellos mismos se organizan y les gustan sus tradiciones.”

¿Se están perdiendo las danzas, en específico la danza de los voladores en Cuetzalan?

-Aquí sí se conservan, hay una constante preocupación por formar  grupos, por que los niños empiecen a ser parte de los rituales y que no les dé pena cuando sean grandes. Aquí no podemos decir que se pierde, hay un interés permanente de la misma gente de la población.

En el caso del vínculo de la danza con la educación, la coordinadora  señala que no es necesario que se hagan programas porque esta relación “es muy natural. En mi caso trabajo como profesora en bachillerato, el papel de los maestros es darle la facilidad a los jóvenes que bailan para que acudan a sus ensayos y presentaciones”.

Sobre plantear posibles soluciones, Gutiérrez comenta que se necesita un ayuntamiento sólido y con conocimiento de la cultura. “Primero se debe poner a gente que sepa qué hacer y que a la hora de ejercer el presupuesto se destine dinero para cultura” “Los ayuntamientos -continúa- se forman en función de la labor de proselitismo  que hagan para el candidato, así se gana una regiduría. El actual regidor de cultura  tiene el tercer año de primaria, si le preguntan qué es cultura no sabe responder”.

Así, ante un escenario dudoso, los voladores de Cuetzalan se vuelven estampas publicitarias que funcionan solas, trabajadores comunes que semana a semana y en cada feria buscan las formas de mantener sus tradiciones y los recursos necesarios ante un ayuntamiento que aún no cuenta con presupuesto fijo  para apoyarlos.

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Comments
One Response to “Voladores en Cuetzalan, una crísis cultural”
  1. Alberto dice:

    Crisis no lleva acento!!

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