Colaboración especial: Prácticas de Campo, un método, una actitud de enseñanza.


Prácticas de Campo un método, una actitud de enseñanza.

Notas de Homenaje al Dr. Gustavo de la Vega Shiota.

Enrique Ortega Correa.


 

 

Es necesario desarrollar una pedagogía de la pregunta. Siempre estamos escuchando una pedagogía de la respuesta. Los profesores contestan a preguntas que los alumnos no han hecho. Paulo Freire.

 

Lo anterior, nos habla sobre la forma en cómo los alumnos, identifican y/o procesan la información, del compromiso que tienen frente a propuesta de práctica de campo que los ayude a entrelazar la teoría y la realidad.

Estos son los elementos con los cuales podemos identificar la práctica docente del Dr. Gustavo de la Vega Shiota en sus cursos de Metodología y Técnicas de la Investigación que a lo largo de 40 años ha venido realizando en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Hoy que ha anunciado que deja dichas materias, vienen a la reflexión tres momentos que he compartido con el Dr. de la Vega y que pueden dar testimonio de cómo este tesón por llevar a los alumnos a encontrar una relación entre el objeto de estudio y el investigador, sea la práctica de campo: a) como alumno, b) profesor adjunto y c) compañero en las Coordinaciones de Comunicación y Sociología.

En el primer momento, al cursar los Talleres de Investigación Sociológica, una de las primeras recomendaciones que me hizo sobre mi trabajo de tesis fue: “Tienes que ir al campo, debes confrontar la teoría con la realidad, ver sí existe una relación de la Teología de la Liberación con el movimiento armado zapatista de enero de 1994.” Lo miré y pensaba al interior, mi tema lo quiero hacer documental, no quiero ir  a Chiapas, se puede resolver con tan sólo una revisión hemerográfica. Tal pareciera que me estuviera leyendo la mente y argumentó: “Si no lo haces tu investigación se quedará coja, vacía, sin vida.”

Debo confesar que su recomendación la pude concretar hasta después de que terminé el cuarto Taller y una vez que ahorré para poder realizar el viaje, le comenté que iría a San Cristóbal de las Casas, Chiapas, me hizo una carta de presentación para las autoridades civiles y militares y me recomendó en un tono de preocupación de que mantuviera en constante comunicación; ya que las condiciones del estado chiapaneco no eran las idóneas para una empresa como la mía.

Recuerdo que el 4 de noviembre de 1998, Samuel Ruíz García Obispo de San Cristóbal de las Casas, estaba realizando una celebración por la paz en la entidad y el país a lo que llegaron varías personas de distintas comunidades indígenas de la región y con ello un aparato impresionante de seguridad pública, me sobre salte y le marqué a su bipper diciendo: “Maestro fuerzas militares han acordonado la Catedral, algunos vienen armados, sigo en contacto”. Después sabría que cuando lo recibió estaba en clases y que denotó una preocupación hacia mí persona.

Terminé la tesis con gran satisfacción, ahora puedo mencionar que hay ejemplares en la Biblioteca de la Congregación de la Misión tanto en Chihuahua como el Mozambique África, gracias a la parte conceptual y de campo que se detallan en ella.

En el segundo momento, al terminar la Huelga de la UNAM en 1999, el Maestro Gustavo, me llamó para que fuera su adjunto en la materia de Técnicas de Investigación en Comunicación, su preocupación era cómo integrar a los jóvenes en la dinámica escolar, luego de un desgaste que tuvo la Universidad a lo largo de nueve meses, qué hacer para que los chicos se interesaran y se volvieran a enamorar de su carrera, Facultad y Alma Mater.

Durante una exposición sobre la técnica de la entrevista, pensando en voz alta meditaba sobre la importancia de la práctica de campo, a lo que propuse una investigación al estado de Oaxaca, sobre las tradiciones culinarias en el Valle central de esa entidad.

Se armó la práctica, los jóvenes respondieron de manera satisfactoria y emprendimos la marcha, durante el trayecto se hicieron dinámicas de integración grupal y de identidad universitaria. Los estudiantes estaban atentos en sus temas de investigación; ya que para algunos de ellos era la primera vez que salían fuera de sus casas y para otros el reencuentro consigo mismos, su carrera, recreándose  su identidad universitaria.

Finalmente al incorporarme como maestro de asignatura en las Coordinaciones de Comunicación y de Sociología, al hacer la planeación semestral de mis materias incorporé en ellas las prácticas de campo.

Al platicar con él sobre los lugares en los que llevaba a los alumnos, me dijo: “Que bueno que continúas, que la semilla creció y no dejes morir esta forma de enseñar”. Con mis alumnos he llegado a la reflexión de que las prácticas los acerca a una realidad que los teóricos como Habbermas, Luhmann o Elías, entre muchos más,  no hablan de lo que acontece en el campo mexicano, o en colonia de la Ciudad de México, que hay que hacer una categorización acorde a nuestro objeto de estudio.

La práctica de campo se convierte en un excelente medio para la enseñanza significativo de las ciencias sociales y es aquí donde se puede hablar de dos modelos de conocimientos o paradigmas educativos en la formación de científicos sociales: Uno que tiene que ver con una enseñanza de corte tradicional bancaria, donde el alumno sólo es receptor y repetidor de teorías, con poco análisis de la realidad nacional y por otro el de una enseñanza dinámica, viva que lleva al estudiante a crear a despertar su conciencia sobre los problemas de su comunidad, entorno y del país y comprender las causas y consecuencias de los hechos sociales.

De acuerdo con lo anterior en el primer momento, el profesor se preocupa por la forma de calificar y los datos cuantitativos, solo reflejan una parte del ejercicio diario en la práctica docente; que nos refieren una forma el grado de avance del grupo, en general. En cambio en el segundo modelo del aprendizaje significativo, por medio de las prácticas de campo, el maestro va a lo particular, a descubrir que cada alumno es diferente y por tanto la manera de allegarse al conocimiento va a tener un carácter distinto. Por lo que adquiere importancia el papel del maestro, de su planeación, los criterios de evaluación y sobre todo su quehacer en el aula; en la búsqueda de lograr un aprendizaje significativo en los jóvenes.

Dicho en otras palabras, el profesor se convierte en investigador de su labor diaria, En este sentido: “Educar es algo más que leer y escribir; algo más que comulgar con enfoques psicopedagógicos de enseñanza y de aprendizaje. Educar connota y denota un proceso consciente de formarse en la docencia. Los educadores, a partir de la lectura de realidad que establecen, forman a sus educadores y esta formación ha de impactar el accionar de los individuos en aquellos espacios específicos en los que se desenvuelve su vida.”[1]

Tenemos por lo tanto que educar es un ejercicio de continua formación docente, es establecer vínculos entre la realidad y la lectura que se hace de ésta misma tanto de alumnos como del maestro; es encontrar un espacio de acción dentro la realidad misma y desde ahí comenzar proceso de enseñanza aprendizaje.

¿Qué hacer ante estos problemas, que se pueden presentar de manera cotidiana, como revolucionar nuestra práctica docente?, ¿cómo incorporar al alumno, de hacerlo partícipe en su proceso de enseñanza aprendizaje, cómo despertar en él la interacción de su realidad con el conocimiento?  En este sentido las palabras de Peter Berger y Brigitte Berger, nos clarifican el panorama:”En esta perspectiva, la sociedad es vista como una dialéctica entre lo que se da objetivamente y los significados subjetivos, es decir, constituida por la interacción recíproca de lo que se experimenta como realidad exterior (concretamente, el mundo de instituciones a que se enfrenta el individuo) y lo que se experimenta como algo interior a la conciencia del individuo. Dicho de otro modo, toda realidad social tiene un componente esencial de conciencia. La conciencia de la vida diaria es el entramado de significados que permiten al individuo “navegar” a su modo entre los acontecimientos ordinarios y encuentros con otras personas que se producen en su vida. La totalidad de estos significados, que comparte con otros, da lugar a la formación de un modo de vida social determinado.” [2]

Esto es hacer que los jóvenes le encuentren significado a las cosas y reencanten el mundo; es una tarea que se podrá hacer mediante el uso de la investigación-acción, dentro del salón de clases. Por lo que el modelo de investigación-acción, que propone Anita Barabtarlo, posibilita tanto al maestro como al estudiante de aprender simultáneamente, mediante el diálogo y de la comprensión de los sujetos con su realidad y por tanto dicho modelo de investigación-acción, se rige bajo los siguientes postulados: “1) la reflexión, la acción y la transformación para el logro de una conciencia crítica; 2) el diálogo que supone al hombre como ser de relaciones sociales; y 3) a la relación educando-educador en el proceso educativo, se concretan en la modalidad de investigación participativa que es la investigación-acción; al acto de consumir ideas, se opone la concepción de crearlas y de transformarlas a partir de una praxis social, dialógica y cultural”[3]

 

 Se tiene entonces varios elementos que se incorporan en la práctica docente diaria y que son vitales para que los educandos se inserten en su proceso de aprendizaje, mediante la investigación-acción: reflexión y acción de una conciencia crítica, el diálogo como el motor de la construcción del conocimiento dentro del aula, el cual involucra a los otros (alumnos-maestro), en un proceso de auto investigación participante, la cual conlleva a una praxis social y cultural en constante transformación.

Esta propuesta de investigación-acción, además de posibilitar el diálogo entre los alumnos y el cuestionamiento tanto del docente como de los estudiantes en el proceso de enseñanza aprendizaje, nos lleva a una serie de de reflexiones sobre la aplicación de la práctica de campo como una como propuesta metodológica didáctica para la enseñanza de las ciencias sociales, buscando un aprendizaje significativo dentro del aula, anclando conocimientos teóricos a la vida cotidiana de mis alumnos.

Para la búsqueda de lo anterior tenemos que reconocer los alcances de la práctica de campo, nos hace reflexionar sobre las características de los trabajos cualitativos: a) Se refieren a lo concreto: La relación de una situación concreta requiere de rasgos distintos. El aula, la escuela y el profesor no están perdidos en la abstracción, la unicidad del caso es la mejor manera de hacer que éste sea palpable, b) Retoman al yo como sujeto cognoscente. Esto remite a la calidad de la observación, ¿desde dónde se observa la realidad?, c) Carácter interpretativo. Este versa no sobre lo que hace sino sobre el significado de ese hacer. Es el puente entre la experiencia y la teoría, ¿desde dónde construimos?, ¿a partir de qué?”[4]

 

Estas líneas, refuerzan la idea de resignificación de la cultura y nos llevan a una propuesta de una nueva forma del quehacer docente a involucrar a los alumnos en su proceso de formación, a partir del reconocimiento como sujeto, el cual tiene una forma de interpretar y de significación de la realidad, a través del diálogo que se da en el aula, ¿pero cómo posibilitar ese diálogo, cómo generar una discusión temática sobre un aspecto teórico anclado a la vida cotidiana?

Lo anterior, nos lleva a considerar que el espacio dialógico, que se da en da durante la práctica de campo y en el aula a través del Diario de Campo y de las Historias de Vida. Como parte fundamental de la práctica de campo; son una propuesta didáctica que le permite a los alumnos redescubrirse en los otros, de reinventarse en una nueva forma, de verse en un espejo que refleja a otro ser, que no solo cuenta una historia, sino que está en constante movimiento, y una vez que se ha leído y escuchado en los demás adquiere nuevos significados sobre su historia, su vida, su proceso de formación, parafraseando a Gabriel García Márquez, Hay que vivir para contarse .

Esta manera de ver la enseñanza mediante la práctica de campo, lleva a romper una serie de lógicas y de procesos que como docentes vamos incorporando día a día, que en palabras de Barbabtarlo, es como sigue.”Este perfil supone un cambio de actitud por parte del docente en relación al proceso de enseñanza-aprendizaje, esto es: a) por parte de los docentes, un conocimiento de la realidad lo más objetivo posible; b) una conciencia crítica de la misma; c) una reflexión dialéctica y constante sobre la acción docente emprendida. En este sentido, aprendizaje e investigación son dos momentos dialécticos relacionados en el proceso de enseñanza-aprendizaje… donde el aprendizaje se traduce en enseñanza e investigación y donde la investigación se traduce en enseñanza y aprendizaje. El aprendizaje Grupal es una teoría del aprendizaje, y la investigación-acción, como un método del conocimiento de investigación en la praxis, convergen en una concepción del conocimiento que conjuga los principios de aprender descubriendo, aprender expresándose y aprender interactuando socialmente.[5]

De esta manera, tenemos por una parte el maestro se concibe como investigador  de su propia práctica docente, donde se hace una crítica del cómo está propiciando que se dé el conocimiento en los alumnos, cómo desprende lógicas que no logran el apropiamiento y la búsqueda del conocimiento tanto de él, como el de los estudiantes.

Por otra parte, este modelo de investigación-acción, le da un nuevo sentido al grupo, donde el precepto de aprender a aprender, no se presenta como algo utópico, sino como una realidad constante y que se está haciendo día a día.

Finalmente las prácticas de campo son un potencial, para que los estudiantes encuentre una relación causal a un problema determinado y con ello desarrollen un tema de investigación que a la postre se podrá convertir en su trabajo recepcional de la licenciatura.

Sólo me resta mencionar que la dedicación que ha tenido el Dr. de la Vega, en la realización de las prácticas de campo, queda en aquellos maestros que comprometidos con lo anterior sigamos en el camino que nos ha señalado Shiota, como lo conocen muchos de sus alumnos y que sigamos picando piedra para que un día no muy lejano regrese la autorización y disposición de las autoridades en financiar las prácticas de campo como proyectos de titulación como lo fueran en la época dorada de la sociología en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales


[1] CRUZ, Martínez Ana Guadalupe, 2006, “Modernidad y docencia”, En Siglo XXI. Perspectivas de la educación desde América Latina, No. 2 nueva época enero-abril de 2006, pág.23

[2] BERGER, Peter, et al, 1997, “El problema de la modernidad y la sociología del conocimiento” En Metodologías contemporáneas en ciencias sociales, UNAM,  México, pág. 446

[3] Ídem. pág. 70

[4] Aut. Cit.2002,”investigación cualitativa y formación de profesores: Diario de campo e Historia de Vida” En Revista El Despertar Académico. Univ. V. de Méx. Año 4 No. 17. Abril. 2002,  págs. 29-30

[5] Aut. Cit, Op. Cit pág. 69.  Nota  el subrayado es de la autora.

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