Sudáfrica tras bambalinas: el caso de Caster Semenya


Por Roberto Ruiz Carmona

Hace casi un año, no eran las virtudes del Jabulani quienes traían vuelta loca a la prensa sudafricana, sino la gloria de un par de piernas morenas y bien torneadas. Las extrañezas en aquel agosto de 2009, nada tenían que ver con la trayectoria del balón mundialista; lo  desconcertante de ese mes, fue lo que entre los muslos de un ser humano se encontraba.

Que atletas de la raza negra se apoderen del medallero en competiciones de atletismo a nivel mundial, es casi un hecho trillado pero, registrar 2.45 segundos entre la entrada a meta del primer y del segundo lugar, es un acontecimiento cuestionable. Aún cuando casos de corrupción o consumo de sustancias prohibidas pueden abundar en explicaciones, la polémica de Caster Semenya giró en torno a si declarar válido su triunfo como ganador o ganadora.

Luego de adjudicarse la final en los 800 metros libres del Campeonato Mundial de Atletismo de Berlín en 2009, Mokgadi Caster Semenya enfrentó, casi al instante, la defensa de su título. Desde el recelo en la mirada del segundo y tercer lugar en aquella prueba (la keniana Janeth Jepkosgei y la británica Jennifer Meadow respectivamente), hasta los titulares en los medios de comunicación que, “científicamente” denominaban a Semenya como hermafrodita; había una férrea intención por retirarle la presea de oro ganada.

Pese a que Caster preguntaba a los hombres que dudaban de su feminidad “¿acaso quieres que te muestre mi sexo?”; la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF por sus siglas en inglés), incrédula, le sometió a pruebas de control de sexo introducidas por el Comité Olímpico Internacional (COI) desde los Juegos Olímpicos en México de 1968.

Desde ese momento, con apenas 18 años de edad (19 hoy día), la atleta sudafricana fue acosada por la prensa internacional y local. El rumor de que Semenya carecía de útero y que poseía testículos internos “explicaba”, con el argumento de una producción mayor de testosterona, la supremacía de la corredora sobre sus rivales.

Mientras la IAAF estudiaba el caso, los medios de comunicación acosaron, intimidaron y hasta discriminaron a la atleta de Sudáfrica. Publicaciones como el periódico The Sydney Morning Herald (sin bases científicas o documentos reveladores) aseguraban que la joven era hermafrodita y evaluaban la posibilidad de vetarle de las pistas o retirarle la medalla que le acreditaba como la más rápida del planeta en la prueba de los 8oo metros.

Lo que podría denominarse una flagrante violación a la intimidad y derechos del ser humano duró prácticamente un mes. A pesar de que media Sudáfrica defendía a “su chica” y que la ex esposa de Nelson Mandela abogaban por el fallo de la IAAF a favor de Caster, las burlas, sátiras o denuncias cubrieron los contenidos multimediáticos.

Lo único que pudo mermar el morbo de la prensa sobre esta mujer, fue la proximidad de la Copa Mundial de Futbol en la misma nación de África. El comportamiento de los medios fue físico-matemático, era inversamente proporcional; a mayor proximidad de la justa mundialista, menor era el interés por Semenya.

Hoy, a casi un año, de Caster Semenya se sabe poco, pero de “la hermafrodita”, muchos podrían opinar. En términos sanitarios, el diagnóstico que la IAAF pudo hacer sobre la prolífica actividad de la atleta, fue puesto en cuarentena de un año, por un cuadro de amnesia que padeció la prensa sudafricana a causa del mejor somnífero que la FIFA ha patentado; el mundial de futbol.

Mientras las expectativas sobre el duelo Sudáfrica-México aumentaban, en el país anfitrión, detrás de bambalinas; el caso de Caster Semenya se manejaba con sigilo. Al tiempo que el Waka waka resonaba, el Ministerio de Deportes Sudafricano (sin ninguna explicación) cancelaba una rueda de prensa donde se anunciaría el posible retorno de la corredora.

En vísperas mundialistas y cuando la prensa internacional volvía a ver con buenos ojos a Sudáfrica, ¿era acaso conveniente reavivar el embarazoso tema? Definitivamente no.

Medios de comunicación como el portal español AS.com hablaron del retorno a las pistas por parte de Caster pero superficialmente. En sólo cuatro renglones, la noticia del 12 de junio poco pudo hacer en una agenda setting desinteresada ya, en la sexualidad de Semenya e hipnotizada por el Jabulani.

Por la conducta mediática, al asunto puede dársele varias interpretaciones. Desde su inicio, en aquella final de 800 metros, Caster enfrentó, a grito y sombrerazo, las críticas de sus rivales. Después, por la falta de seriedad e información sustentada en pruebas, los enemigos de la atleta pueden caer en un juego racista y discriminatorio que podría reflejar envidia o impotencia deportiva. A fin de cuentas; se impuso la negra sobre el blanca, la novata sobre la veterana, el disque hombre sobre la mujer, la subdesarrollada África sobre las hegemonías, la gloria deportiva sobre la infamia mediática.

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Comments
2 Responses to “Sudáfrica tras bambalinas: el caso de Caster Semenya”
  1. Paola dice:

    Mi queridoo Robertooo…

    T felicito porque una vez más me has sorprendido. Tu manera de escribir es cada vez mejor, creo que has aprendido mucho y me da tanto gusto por ti 😀

    Siguee así, y estoy segura que muy lejos llegaras…

  2. Zaira Itzel dice:

    Muchas Felicidades Robert!
    En verdad me encantó! Creo que tienes mucho talento y estoy segura de que llegarás muy lejos. Estaré esperando tus publicaciones en los periódicos y revistas ok 🙂
    Felicitaciones de nuevo!

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