Elecciones en el norte: Ganó el Narco


Francisco Javier Montaño

Las elecciones son el momento cumbre de la democracia, cuando los ciudadanos manifiestan su voluntad de ser gobernados por un candidato y/o partido a través de la emisión de un sufragio libre y secreto. Los comicios electorales son, para decirlo pronto, la base del gobierno de la opinión. Una mera definición formal sin mucha utilidad en el México actual; no estamos para definiciones formales puesto que los poderes formales tienen poco poder real.

En cambio, los poderes fácticos, los que ejercen el poder sin ese lastre que representan la institucionalidad y la legalidad en México, son quienes tienen mayor injerencia cuando de gobernar se trata. Los poderes formales, los oficiales, se limitan a dejarlos trabajar.

Los poderes formales  cada vez lo son menos en el norte del país. Secreto a voces: el verdadero poder es el narco. Las elecciones para gobernador, diputados y alcaldes, se vivieron, en esa región, en el completo olvido de cualquier definición formal como las que se empeñan en difundir los bienintencionados spots del Instituto Federal Electoral (IFE).

Rodolfo Torre Cantú, ex candidato a gobernador tamaulipeco; Mario Guajardo Varela, ex candidato a diputado local por el mismo estado; José Trinidad Pacheco, hermano de Martín Pacheco, candidato a alcalde de Batopilas, Chihuahua y Rosario Alejandro Bobadilla, ex consejero electoral en Sinaloa, son sólo algunos de los asesinados en vísperas de los comicios del 4 de julio. Cómo estarán las cosas que hasta Luis Carlos Ugalde, ex consejero presidente del IFE y ex cuñado de Felipe Calderón, declaró a Radio Fórmula que el narcotráfico afectó al proceso electoral.

Sólo en Tamaulipas más de 800 funcionarios de casilla renunciaron a tan honroso nombramiento, además de que uno de cada cuatro de los designados ni siquiera se tomó tal molestia y simplemente no acudió. Es un hecho que  las familias de los mexicanos están por encima de la máscara de democracia que resultan las casillas.

En Chihuahua fue asesinado el tío de Francisco Salcido, candidato a diputado local del PRI y Jaime Galván, uno de los patrocinadores de la campaña del priista César Duarte, fue detenido en Estados Unidos, acusado de lavar dinero. Si Afganistán está en guerra y celebra elecciones, por qué habría de preocuparse México.

Tal analogía es, más bien, claro ejemplo del remedo de Estado que pretende gobernar. Organizar elecciones no quiere decir que éstas funcionen, son sólo la apariencia, la portada en la que el paisaje democrático se despliega con alegría: El IFE que dispone las casillas por todo el territorio nacional de forma eficiente, ciudadanos autónomos, conscientes e informados cuya elección jamás será conocida y candidatos íntegros y ejemplares que sabrán ganar o perder y formar un gobierno incluyente y responsable. Una maravilla de democracia.

Fuente: monerohernandez.com.mx

Fuente: monerohernandez.com.mx

La lista de amenazas, cumplidas y por cumplir, por parte de grupos criminales hacia candidatos a gobernadores, diputados locales y presidentes municipales es indicativo fiel de qué tipo de organizaciones tienen el poder en los estados norteños, sea por medio de las armas o con vínculos con poderes que idealmente se apegan al marco legal: Ya Proceso reveló los nexos de Jesús Vizcarra, candidato a gobernador en Sinaloa, con capos de la droga como José Inés Calderón e Ismael El Mayo Zambada, con quien incluso tiene relación de compadrazgo.

Por otro lado, estas elecciones fueron, como desde hace bastante tiempo, el prostíbulo del voto, un tianguis político en el que los partidos compran, venden, regatean y tranzan bajo la divisa de las necesidades y requerimientos de un pueblo lastimado, acorralado entre la corrupción y hambre de poder –que no su posesión- de los poderes formales y la influencia efectiva, real y amenazante de los poderes fácticos como los grupos narcotraficantes. Encuestas amañadas, compra de votos, robo de urnas, quema de boletas, amenazas entre candidatos, inculpaciones mutuas, fraudes y sus respectivas acusaciones, grabaciones y su correspondiente espionaje político, son prácticas “democráticas” comunes en México.

Mención aparte merecen las alianzas en estados como Sinaloa, en el que Mario López Valdez, candidato de la alianza PRD-PAN era, hasta hace unos meses, favorito del ex gobernador priista Juan S. Millán; el mismo Malova, ha sido apoyado por la familia de Francisco Labastida Ochoa. En Durango pasó lo mismo, José Rosas Aispuro tuvo que presentar su renuncia al PRI, para ser registrado inmediatamente por la Alianza por el Cambio formada por PRD-PAN. Grandes cambios. La única duda ahora no es qué postura ideológica tomarán esos estados, sino ¿Existen aún las posturas ideológicas en la partidocracia mexicana?

Así es como, finalmente, la fiesta de la democracia ha terminado en borrachera, congestión electoral en la que todo decoro y mínima vergüenza política son reservadas para mejor ocasión. El electorado, mientras tanto, se reduce a contemplar asqueado la arraigada tradición priista que ningún partido se ha esforzado por cambiar: El teatro electoral.

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