A través de la ventana


Por Marle Tiscareño

“La gente mira a las putas por encima del hombro, nunca les dan una oportunidad porque piensan que han tomado la salida fácil. No se imaginan la fuerza de voluntad que se necesita para trabajar en eso”.

Siempre tenemos que elegir, y a veces preferimos renunciar a la felicidad. No puedo pensar en otra cosa. La madrugada se siente helada. Sentada en el filo de la ventana, apenas alcanzo a distinguir las siluetas del paisaje. El cigarro entre mis manos se consume rápidamente. El humo que de él sale hace que el vidrio se empañe. Estoy tan abrumada que me he puesto a trazar figuras sobre ese pizarrón frío y transparente. Al dejar un hueco en forma de estrella, la veo llegar.

Sube las escaleras con cansancio. Lleva unos zapatos altos en la mano. La bolsa dorada colgada en el hombro. Sus pies descalzos delatan unas uñas muy descuidadas, pintadas del mismo rojo carmín que hay en sus labios. El grotesco maquillaje sobre la cara le da un aspecto vulgar. Un vestido con lentejuelas doradas moldea su figura. Pero el frío la ha obligado a echar un viejo abrigo sobre su delgado cuerpo.

Prostituta. Puta. Mujer de la vida galante. Chica fácil. Al quedar su cuerpo a la altura de mis ojos, no puedo evitar sentir tristeza.

Siempre fue una muchacha bella. Soñaba como cada niña, cada noche, con coger alguna estrella. Ella es Susana. Pero su nombre a pocos importa. No es lo que cuenta si su cuerpo está en venta y su falda es corta. Oficio antiguo como la injusticia y no hay cura. Cada tarde se despierta, espera la ciudad a oscuras. Mientras se viste un pequeño espejo murmura, delata arrugas de amargura, gajes de una vida dura. Una pasión adolescente con el hombre equivocado. El beso resultó ser fingido. Su corazón quedó malherido. Y se quedó sola. Con un bebé y sola.

Foto: Bill Brandt

Es la historia que todo el barrio conoce. Las mujeres no se cansan de hablar mal de ella. Y sin embargo, los hombres la respetan. Nadie se fija en ella al pasar a su lado. Susana es una mujer con coraje. Inspira ternura y sueños. Un corazón muy grande para un mundo tan pequeño.

Siempre tenemos que elegir, lo sé. Y a veces preferimos renunciar a la felicidad, aunque luego pensemos que fue la felicidad la que nos dejó. Mi cigarro por fin se ha terminado. Decido dejar a Susana con su cansancio. Al cerrar la cortina, lo último que veo es cómo prepara algo en su mesa. Quizá sea el almuerzo que Aldo, su hijo de once años, llevará mañana a la escuela.

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Comments
One Response to “A través de la ventana”
  1. rubengarcia dice:

    Buen texto, nitido, claro y que se lee con dolor

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