Sólo somos amigos


Vale advertir a quien lea este suspiro, que mi corazón se encuentra minado (otro tanto aoxigenado). Las manos brotan de los suelos y en derredor de este cuarto escurren gotas de lejanía.  Sin embargo, la cosa no va tan mal, me espera un viaje al futuro, muero por comprobar si las decisiones asumidas fueron correctas, muero por conocer a tus retoños y a los retoños de tus retoños, -ese linaje al que no pude acceder.-

A unos días de ti, no puedo negar que espero encontrarte (aquí, allá, en cualquier lado), tengo claro que: “a mayor distancia, mayor extrañamiento”, tal vez sea por ello, que siempre que nos separamos creemos necesitar esos juegos bobos que inventamos desde inocentes tiempos.

Sé que no lo percibiste, pero mis manos produjeron grandes cantidades de líneas rememorando:

a)      Nuestra primera plática; mi notoria timidez y espasmo ante esos labios que no paraban (imagínate mi imaginación), de complacer mis pensamientos. Esa eterna sonrisa de roble encantado y aquella primera mirada lozana.

b)      Nuestro primer abrazo, momento en que advertí mi adicción a tus brazos. Momento en que supe cuánto pueden enamorar cinco largos dedos y ese aroma que mi cuerpo aún porta (con desnuda admiración por el mundo).

c)      Tu sorpresa ante la primera insinuación de algo más. Para ser franco: no estabas entre mis planes; no pretendía ceñirme a tu pensamiento, silbar a través de tus labios, navegar en tu pelo, pero llegaste, llegaste y llegaste
–hasta ahora no te has ido.-

d)      El sueño donde comprendí que no debía soñar contigo. Sin embargo, fracasé, hasta la fecha nadie me ha explicado cómo sacarte de mi pensamiento.

Lástima que ya casi no nos miramos. Lástima que tus pupilas no quisieron elucidar el crepúsculo junto a mí. Lástima de tu boca impronunciable y esos abrazos que me enfrascan siempre con una premisa inalterable: “sólo como amigos”.

Te advierto que en unos años recibirás: las caricias acumuladas por tu ausencia, las risas en forma de nostalgias, una pequeña lágrima al saberte perdida (puedes colocarla a la entrada de tu cuerpo bajo la leyenda: “recuerdo de quien me quiso mucho”), caricias de a montones: constantes y asonantes. Versos de Huidobro, García Lorca, Schiller, Buesa, Neruda y Benedetti, que preparaba para cuando dijeras sí y paseos por lugares que ya no me quedaron ganas de conocer.

Me despido, no sin antes reconocer que fue difícil guardar templanza y mesura al ser sólo tu amigo, saborando tus labios rojos -a un centímetro mío-, bajo la consigna de ser sólo amigos.

Espero que tengas la respuesta a la pregunta de hace algunos años (quizá en el viaje que realizaré la halle). Ya la tarde cierra y el sol se oculta, si no respondes, una vez más, no pasará nada. Al final, queda claro, que “sólo somos amigos”.

P.D. Buenos caminos tenga la dama del silencio, la mengana sin fulano, la maga herida en el contraste de la vida, la dulcinea de la siempre épica aventura de la duda. En cuanto quieras, pasa a recoger las letras allanadas al crujir de tus pasos, las dejé encargadas con mi vecino, se llaman zozobra.

Attentamente: Luis Josué Lugo

Foto: "La vida juntos", Pedro Meyer.

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Comments
One Response to “Sólo somos amigos”
  1. ale luna dice:

    me dejaste sin palabras, helada y con ganas de llorar, Y por supuesto esta a la orden del dia con los sentimientos acomulados en mi corazon en estos momentos, me kedo como anillo al dedo! Gracias por escribir algo ke nunca podre escribir yo! 🙂

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