La homofobia clerical


Tomm Campa

Antes de empezar, Tomm se pregunta por qué ahora todo se llama ‘Bicentenario’: que la ruta Bicentenario, que la calle que fulanito Bicentenario de tal, que el puesto perengano Bicentenario de garnachas, que el torneo Bicentenario, que la abuelita Bicentenaria de Campa… Desde ahora y hasta finales de 2010 esta columna se llamará: La columna Bicentenario de Tomm Campa, ¿cómo la ven?

Bien, Campa se acomodó en su viejo sillón y se dispuso a ver las noticias para votar el tema de su columna. Prendió el televisor y ¡pumm…!, de la nada, un cañonazo pegó directo al alma de Tomm: “darle en la madre a los niños de este país”, escuchó; pero eso no fue todo, un segundo cañonazo pegó al raciocinio de Campa que lo empujó al suelo con todo y sillón: “¿a ustedes les gustaría que los adoptaran un par de maricones?”. Campa levantó su alma y raciocinio y meditó: aquí hay problemas… y de los gordos.

Y como siempre, Campa le explica. Pues resulta que el día lunes 16 de agosto, la Suprema Corte de Justicia de la Nación avaló, con nueve votos a favor y dos en contra, el punto más controvertido de los matrimonios entre personas del mismo sexo, que es el de la legalización del derecho a la adopción de niños, es decir, concluyó el análisis de la reforma al Código Civil de chilangolandia que permite a parejas del mismo sexo contraer matrimonio y adoptar.

Ahora mal. Pues un día antes del resolutivo de la Suprema Corte, el retrógrado jerarca católico, Juan Sandoval Íñiguez, arzobispo de Guadalajara dijo: “las parejas del mismo sexo van contra la naturaleza y no serían buenos ejemplos de vida para los niños adoptados… Cuando los vea en sus prácticas él también se va a pervertir. ¿No sé si a ustedes les gustaría que los adoptaran un par de… lesbianas o un par de maricones?”.

A ver, a ver, con todo el respeto que se merece nuestro finísimo prelado, Campa analizará (sin albur) tan elegantes palabras. Que cuando los niños los vean en sus prácticas también se van a pervertir. Campa se pregunta si San Íñiguez tendrá estudios científicos serios sobre si los infantes necesariamente tendrán relaciones homosexuales o le tenemos que creer porque le debemos tener fe. ¿Y cuando los niños ven y sienten el cariño enfermo de ciertos clérigos, eso qué? Que si nos gustaría que nos adoptara un par de lesbianas o un par de maricones (bueno, de la sutileza de su discurso, qué digo discurso, de su poesía… luego hablamos) Campa responde con otra pregunta: ¿a usté le gustaría que lo adoptara un enfermo homofóbico como Juan Sandoval?

Pero la cosa no paró ahí, el retrógrado arzobispo dijo “la Suprema Corte es la suprema decepción, porque cada uno de sus dictámenes ha ido en contra de la verdad (huy… la verdad, la verdad es muy relativa, ¿acaso Juan se refiera a la verdad religiosa?) y en contra de México (¿en contra de México o en contra de sus prejuicios pendejos? Porque hablando a calzón quitado, como decía la abuelita de Campa, a éste no le perjudica en nada)… y en contra de la familia (la familia, la familia, esa no puede faltar, siempre se debe recurrir al amor familiar y a su conservación para hacer creíble un discurso o ¿no?)”.

Ahora peor. También el día domingo, Armando Martínez del Colegio de Abogados Católicos dijo:“(Los ministros) tienen la decisión histórica de darle en la madre a los niños de este país al dejarlos sin el derecho a tener una madre y un padre”. Y Tomm pregunta… ¿dónde quedaron el amor, la hermandad, la bondad y la humildad que pregonan los clérigos en los estrados sagrados? Recuerden que también ustedes tendrán que responder ante el tribunal supremo de Dios, ¿por qué violan los mandamientos que ustedes mismos pregonan?

Lo que en realidad piensa Campa es que en el fondo la Iglesia no se resigna a dejar de soñar con su época dorada, es decir, con la edad media, con el oscurantismo, periodo  en el cual nadie los desobedecía y todo aquel que se oponía a la naturaleza de Dios era acusado de hereje y se le llevaba a la llamada “prueba de fuego”. Si el acusado no era culpable, recibiría ayuda divina y por tanto el fuego no lo quemaría, pero (de risa) si el acusado se quemaba era porque en efecto era culpable. Así era, Campa no exagera.

Finalmente, Campa sólo recuerda que la humanidad les debe mucho a los homosexuales y lo mínimo que podemos hacer es reconocer plenamente sus derechos y darles las mismas oportunidades. Nuestra civilización y cultura no sería lo que es sin ellos, ahí están por ejemplo: Parménides, Sócrates, Alejandro Magno, Julio Cesar, Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel, Tchaikovski, Thomas Mann, Marcel Proust, Oscar Wilde, entre otros.

Ahh…

Como dijo una persona cercanísima a Campa que dice que dijo (dijo-dice-dijo, así es el estilo de Tomm) Cervantes: “Tienes que desconfiar del caballo, por detrás de él; del toro, cuando estés de frente: y de los clérigos, por todos lados”.

En serio. El maestro de filosofía de Tomm Campa ha sido amenazado de muerte (sí ha leído usted bien, de muerte), por su activismo e ideas políticas; si algo le sucede será responsabilidad de Ulises Ruíz y de nadie más.

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Comments
One Response to “La homofobia clerical”
  1. Reel dice:

    Leyendo extemporáneamente tu columna, pero no por ello dejare de compartir mi opinión al respecto. Las declaraciones del cardenal Iñiguez sin duda muestran el retroceso que México en varios sentidos, es de risa ver a estos personajes que rayan en las ideas oscurantistas, trayendo a nuestra época la reminiscencia de etapas ya superadas por la humanidad. Felicito a Tom Campa por ver la historia en este debate absurdo, y por darle el lugar que corresponde a los homosexuales en el mismo, pero también por dejar evidencia de la Derecha, que busca atención colgándose del escenario en donde no es sólo la medida de un gobernante (la resolución de la Suprema Corte), sino producto de una lucha de las minorías por hacerse reconocer algunos derechos que bien les conciernen a ellos, pero que no afectan a otros. El escándalo de que si la familia esto y que si la familia aquello, no tiene sentido por qué saben que tendrían que explicar que la familia, con los tintes que actualmente tiene, no es la sacrosanta institución sino un largo eslabón de injusticias económicas y sociales.

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