Formas de celebrar el Bicentenario II


Por Francisco Javier Montaño

Para empezar, algunos dirán que no se debe celebrar. Por eso, aquí está una anécdota para enfatizar la necesidad del festejo Bicentenario:

Cuenta Guillermo Prieto que en 1864, mientras la comitiva del presidente Juárez se encontraba acampando a las afueras de Saltillo, observó que los soldados se comportaban de manera extraña. Informó de esto al presidente, quien le ordenó que les preguntara a los subordinados el motivo de tales conductas. “Esta noche es el Grito, señor, ¿Qué nada le dice su corazón?” dijeron los soldados. Ni Prieto ni Juárez habían recordado el aniversario del inicio de la lucha por la independencia. Rápidamente, ante la pena de ambos dirigentes por no recordar fecha tan importante, se organizó una ceremonia en la que Prieto fue el orador principal*.

Qué mejor muestra de que aún cuando el país vivía otra invasión extranjera, la independencia de España era un hecho histórico que se seguía festejando. Tampoco se tenían muchos motivos para festejar en 1864, pero el recuerdo de la resistencia criolla y mestiza ante la dominación española tenía la capacidad de alentar a las tropas juaristas que después de todo vencieron al ejército francés. Cuando no se festeja se olvida, cuando se olvida la historia se deforma. Conmemoramos la historia, no a nuestro gobierno actual.

La fecha esperada llegó, el Bicentenario está aquí con las ya mencionadas celebraciones, los monumentos, partidos de futbol, las películas, canciones y desfiles organizados principalmente por el Gobierno Federal. Además, el gobierno de Felipe Calderón conjuntamente con los estados ha editado libros sobre el proceso independentista en México, la Comisión para los Festejos del Bicentenario, a pesar de las irregularidades encontradas en el ejercicio de recursos y los constantes cambios en su dirigencia, ha transmitido los programas de radio “El Siglo XIX” y “El Siglo XX” conducidos por José Manuel Villalpando y Javier García Diego respectivamente.

No obstante, también se han producido transmisiones mediáticas como la ya taquillera película “El Infierno”, dirigida por el crítico director Luis Estrada; existen círculos como el “Gobierno Legítimo” encabezado por Andrés Manuel López Obrador que promueven versiones alternativas sobre el conflicto armado independentista, además de las opiniones de historiadores especialistas, críticos de la historia oficial.

He aquí el problema: En la historia, cada quien cuenta el cuento que mejor se adapta a su ideología e intereses políticos. Ya lo dijo Juan Brom en Para comprender la historia (Grijalbo, 2003): la historia la escriben los vencedores. Sin embargo, no se puede negar que la mayoría de las veces quedan reminiscencias de la historia vencida, así como de la historia cotidiana.

Versión Oficial: Será una fiesta exraordinaria

Así, la historia oficial generaliza causas, no distingue claramente entre la idea de revolución de Hidalgo: un movimiento armado de tintes moderados, con los criollos como principales actores, según expresa Alfredo Ávila en La Independencia de México: temas e interpretaciones recientes y el proyecto independentista de Morelos, con la abolición de castas y el establecimiento d un gobierno insurgente, además del primer ensayo de constitución mexicana (Los sentimientos de la Nación).

A pesar de homogenizaciones como las anteriores, la historia oficial es la predominante entre las personas de a pie, la que festeja el 15 y no el 16 de septiembre y que muy difícilmente pondrá en duda que la independencia no fue una revolución real y no sólo simbólica: “hacer fiesta es una buena idea, se debe celebrar puesto que la revolución (de independencia) sí funcionó. Las personas están animadas, acudirán al Grito como todos los años, pero pienso que lo ocurrido en Michoacán hace dos años puede pasar otra vez, ya que sí hay inseguridad”, afirma Carlos Gómez, obrero de 33 años, en referencia a la granada que mató a ocho personas durante la celebración del Grito en Morelia en 2008.

En la historia oficial “todo personaje es susceptible de ser transformado en mito”, afirma Juan José Sebreli, ensayista argentino dedicado a tumbar ídolos como El Ché, Eva Perón y Maradona. La historia oficial convierte en mitos a los héroes, que se vuelven intocables, incuestionables, semidioses.

En estas fiestas del Bicentenario, se corre el riesgo de confundir la celebración del conflicto con la celebración del héroe, a veces ni siquiera del héroe correcto: “Debemos acordarnos de los hombres que nos dieron libertad, que abolieron la esclavitud. (El Bicentenario) es como el cumpleaños de los héroes que lucharon por un país mejor; cuando dan el Grito siento una emoción que me deja sin palabras. El héroe más representativo fue Juan Escutia, el valiente que se aventó con la bandera; hubo muchos, pero él me parece el más valiente”, afirma María del Carmen Reyes, empleada de 59 años.

“Mucha gente los necesita porque se sienten frustrados en sus propias vidas. Necesitan proyectarse en alguien que ha triunfado”, afirma Sebreli en entrevista para El País. Se suple la carencia de bienestar objetivo presente con el orgullo por el pasado; en otras palabras, dado que no tenemos muchos motivos reales que satisfagan nuestras necesidades materiales y nos den un nivel de vida aceptable, entonces tendemos a refugiarnos en el pasado, en actos que sí nos pueden enorgullecer.

Versión crítica: Nada que festejar

El otro actor en las discusiones sobre el Bicentenario es la versión crítica, representada por ciudadanos con puntos de vista que empiezan por contradecir la historia oficial: “la lucha independentista así como la Revolución no han tenido grandes logros, tanto así que la independencia no se dio de forma real, Hidalgo abolió la esclavitud de una forma simbólica” afirma Baltazar Aldretti, maestro en Sociología por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM.

Aldretti, simpatizante del gobierno legítimo encabezado por Andrés Manuel López Obrador, crítica posteriormente al proyecto de país impulsado por el panismo: “somos un país cuartomundista, una nación aparentemente rica pero que, a pesar de tal riqueza, tiene más de 70 millones de compatriotas sumidos en la pobreza, no tenemos empleo, sino subempleo, nuestro sistema educativo es de los más atrasados del mundo. El neoliberalismo sigue en esa tendencia bajo el supuesto de crear una vida mejor que no llega; los gobernantes siguen sin atentar contra los grandes empresarios, los que inciden mayormente en la dirección económica, política y social del país”.

Algunos detractores del festejo como el también ex catedrático del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), deploran tanto al organizador como al espectador: “La gente está amaestrada, domesticada por la escuela, por la cultura de masas y la moral de los políticos que nos llaman a festejar sin saber los motivos de la fiesta. Conocemos a Hidalgo, a Morelos, Vicente Guerrero pero no analizamos los hechos. Nuestra población adolece de conocimiento histórico; no le importa, lo que le importa es el festejo con el alcohol, el sombrero, el sarape, los antojitos; sólo con tres tequilas encima la gente grita ¡Viva México!”.

Como se observa, la versión crítica del Bicentenario corre el riesgo de homogenizar las causas y los efectos del contexto histórico social que se intenta criticar, pues tachar a una población como masa no pensante, manipulable y sin conciencia ni crítica objetiva propia representa, ante todo, desconocimiento de dicha colectividad. En el mismo sentido, si se acusa a un gobierno de tener instituciones defectuosas, al servicio de causas empresariales y sin capacidad de proveer a sus ciudadanos de un nivel de desarrollo humano digno, no se les puede pedir a los gobernados que emprendan un análisis profundo de la historia de su país.

En resumen, celebrar el Bicentenario de la independencia de España es necesario en la coyuntura actual; el despilfarro y la discrecionalidad con la que se organizan los festejos es un rasgo achacable al gobierno actual y a la forma que ha elegido para celebrar, no a la celebración conmemorativa que los mexicanos nos merecemos ni a la revolución burguesa emprendida por Hidalgo.

Tal  celebración conmemorativa debe incluir la aceptación y superación de la historia como mito y la separación de las causas abanderadas por cada héroe. Estancarse en el pasado como motivo de orgullo es una barrera para acceder al entendimiento real del México actual.

Inherentemente, la crítica coyuntural debe estar contrastada no con los festejos patrios sino con las necesidades reales de la sociedad. Se debe entender que, en el marco de la globalización, ningún país es totalmente independiente; Estados Unidos mismo tiene una economía endeudada y a una población que vive del crédito. A pesar de lo anterior, la autonomía alimentaria y la propiedad pública de los bienes y recursos naturales es un reto que es necesario superar.

*GOMEZCESAR, Iván, La Batalla de Juárez, UACM, 2006, P. 95

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

  • "Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos." E. Galeano

  • "Siempre fuiste mi espejo, quiero decir que para verme tenía que mirarte." J.Cortázar
  • "No hay necesidad de fuego, el infierno son los otros." J.P. Sartre
A %d blogueros les gusta esto: