100 AÑOS DE UNAM PÚBLICA, LAICA Y GRATUITA


Gustavo De la Vega Shiota*

En el año de 1881 la Cámara de Diputados de México aprobó el proyecto presentado por el legislador Justo Sierra Méndez, donde proponía una enseñanza primaria de carácter obligatoria. Su propuesta emergió ante las carencias educativas del país y estuvo permeada bajo un marco filosófico de una enseñanza libre, nacional, integral, laica y gratuita. También ese mismo año, Sierra Méndez se mostró sensible ante los planteamientos del movimiento estudiantil denominado La Universidad Libre, que había venido demandando redefinir la relación entre educación superior y gobierno, con el fin de emancipar la ciencia. Consecuentemente, el legislador también propuso un proyecto basado en el mismo contexto de pensamiento y carácter de la libertad de enseñanza, que fue el origen formal de la Universidad Nacional. Pese a que éste no se concretó, Justo Sierra no abandonó su convicción y casi 30 años después, en su carácter de secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes, consiguió la fundación de la Universidad Nacional de México, hecho que sucedió el 22 de septiembre de 1910, dentro del programa conmemorativo del Centenario de la Independencia Nacional y justamente dos meses antes de que diera inicio la Revolución Mexicana.

Allí, en el pensamiento de ese destacado mexicano y en el movimiento estudiantil La Universidad Libre se encuentran los principios y objetivos de la actual Universidad Nacional Autónoma de México, que a lo largo de un siglo frecuentemente se han visto amenazados por los grupos más retrogradas del país. Varios presidentes de México, particularmente durante los últimos 30 años, han tratado de someterla con la intención de debilitar sus funciones y compromiso con la sociedad mexicana. Al poder le incomoda, de manera particular, el cometido histórico de la Máxima Casa de Estudios de formar alumnos analíticos, críticos y propositivos, que pronto se convierten en ciudadanos reflexivos y participativos, por lo que no ha dudado en emplear diferentes medios para doblegarla, que van desde la consabida disminución del presupuesto y su regateo, hasta la orquestación de campañas difamatorias a través de medios de comunicación, que dan cuenta de acontecimientos regularmente generados por gente infiltrada que transgrede el orden institucional.

La vida de la UNAM ha sido posible en tanto que su comunidad ha respetado y hecho respetar sus principios originales y, pese a constantes presiones nacionales e internacionales, en una época en que las políticas sociales se suprimen y todo queda sometido a la lógica del mercado, continúa siendo pública. Por eso, el Estado Mexicano –que no solo el gobierno- es quien la subvenciona, con base en la legislación vigente que señala el compromiso con la educación nacional. Pero, además de pública es autónoma, pues desde hace 80 años hubo consenso en que solamente así podría decidir por sí misma, más allá de las intenciones del poder, un proyecto de trabajo educativo y de investigación científica para el bien de la nación. Estos dos atributos le han permitido una relación respetuosa con la sociedad y el Estado y hoy día, inclusive, con el mercado.

Respecto al principio de la gratuidad, está claro que de haberse suprimido como se intentó tanto en 1987 y en 1999, miles de jóvenes no habrían podido realizar estudios profesionales. El respeto a ese principio ha permitido a la UNAM impulsar la movilidad social en el país como pocas instituciones lo han conseguido. Pese a la exclusión social que plantea el neoliberalismo, la UNAM hace esfuerzos mayúsculos por dar cabida a quien solicita ingreso, independientemente de su color, credo político o religioso y estatus socioeconómico. Allí han estudiado desde los profesionistas más humildes hasta los más ricos del mundo; todos tienen claro que la preparación profesional en una universidad pública y gratuita demanda a sus egresados solidaridad e impulso al bienestar social. La gratuidad de la educación permite hacer frente de manera efectiva a la descomposición social que vive el país, la que es resultado de la dependencia, sometimiento y ultraje al patrimonio y población, consentida por los gobernantes.

De no existir el principio del laicismo, la formación de los jóvenes no sería analítica, ni mucho menos crítica, sino que estaría sometida a los intereses de los grupos de poder. Tampoco sin el laicismo sería científica, sino dogmática. Los estudiantes de la UNAM se forman a partir de valores laicos y cívicos, estudiando las diversas perspectivas filosóficas y teóricas que han existido y existen en su disciplina, pues hacerlo así favorece una actitud y pensamiento humanístico y social. En el marco de tal ideario, la UNAM ha preparado a la mayoría de los profesionistas que han imaginado, diseñado, instrumentado y operado las instituciones que trabajan por abatir los rezagos y las desigualdades que padecen millones de mexicanos.

Otro de los principios fundacionales de la UNAM es el de la cientificidad, que se ha cultivado procurando preservando que no se desvíe hacia posiciones insensatas como la tecnocracia, puesto que laceran la vida personal y social. Por eso la UNAM forma a sus estudiantes con un sentido humanístico encauzado a alcanzar el bienestar de la población, la defensa la soberanía y del patrimonio nacional, el respeto a la diversidad y, finalmente, la paz.

Ahora en el año 2010, cuando México se encuentra en medio de la crisis política nacional más aguda de los últimos cien años que pone en entredicho la presencia del Estado Mexicano, la UNAM continúa desarrollando e innovando su proyecto y se ha convertido en la más importante universidad de Iberoamérica. Es la UNAM la única institución de México que ha logrado mantener su legitimidad social, pues sigue preservando los principios que definieron su origen y le han permitido formar a decenas de miles de jóvenes de todos los estratos sociales y convertirlos en intelectuales en el campo de la investigación, la docencia y la creatividad, lo mismo en la ciencia, las artes, la cultura, que en las humanidades. Pese a todos los inconvenientes que encuentra, sigue educando a miles de jóvenes y adultos en los niveles de bachillerato, licenciatura y posgrado; fomenta el deporte bajo el principio de la educación integral, e igual procura la salud física y emocional de sus alumnos. También es la principal generadora de investigación científica, lo mismo en sus laboratorios, talleres, cubículos, que en la realidad concreta del país, siempre con la intención de crear una ciencia propia y, en el proceso, preparar a nuevos investigadores. Además, de modo permanente, difunde ampliamente y en forma abierta la expresiones de las culturad nacional y mundial, antigua y contemporánea, en todas sus expresiones.

Para los unamitas, 100 años después de su fundación, sigue presente el pensamiento de Don Justo Sierra, que tan fielmente plasmara el muralista David Alfaro Siqueiros en el edificio de la Torre de Rectoría en Ciudad universitaria: “El pueblo a la universidad y la universidad al pueblo”.

*FCPyS de la UNAM

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Comments
3 Responses to “100 AÑOS DE UNAM PÚBLICA, LAICA Y GRATUITA”
  1. Humberto dice:

    Muy bueno,la verdad los estudiantes debemos defender la autonomía de la universidad de México. Y en total acuerdo con el mural de Alfaro Siquieros.

  2. Josué dice:

    Tenemos un gran compromiso social….

    Con mucho orgullo podemos decirnos universitarios, pero con mucho más, humanistas que contribuyen al encauzamiento del país en aras de un desarrollo político.

    El conflicto versa en el decir y hacer… No basta sólo con teorizar, si Justo Sierra sólo hubiera contemplado al mundo mediante teorías, no existiría hoy la UNAM.

  3. Universitario dice:

    Me parece que el artículo muy elogioso, a tal grado que hay muchas imprecisiones y mentiras.
    El autor menciona que la UNAM es autónoma. ¿Y los grupos perredistas que están en las cúpulas directivas y Figueiras en la FCPyS y los Ímaz y los Ordoríca y los Bejarano?
    ¿En realidad la UNAM hace “esfuerzos mayúsculos por dar cabida a quien solicita el ingreso”? ¿Cuántos nuevos edificios para aulas se han construido en los últimos años? No se ha hecho nada.
    ¿La UNAM fomenta el deporte? ¿Ya se ha fijado cómo están las canchas de las facultades?, ni se hable de la de Políticas.
    Y por último, es una verdad a medias que en estos momentos el pueblo vaya a la Universidad, pues es sabido que hay millones de ninis, ¿ellos no son parte del pueblo? Y peor aún, es una mentira casi absoluta que los universitarios que salieron del pueblo y que egresan de la UNAM regresen al pueblo a educarlo. Obviamente la frase de Siqueiros sería lo deseable, pero eso no sucede.

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