Semblanza: Miguel Ángel Asturias


Semblanza: Miguel Ángel Asturias, el vocero de la tribu

Entre los indios existe una creencia en el Gran Lengua, el vocero de la tribu. Y en cierto modo es lo que he sido: el vocero de la tribu
M.A. Asturias-

19 de octubre recuerda el natalicio de un escritor que entregó sus letras a la tierra que lo vio nacer; personaje siempre apegado a sus costumbres, tradiciones, cultura e identidad, denunciando los excesos del poder y la miseria que padecen “los nadie”; de prosa fina y y una narración mítica, harto onírica. Definido así mismo como automatista verbal, mágico en sus palabras, en el realismo mágico, conectado al mundo maya y siempre en búsqueda de la reivindicación indígena: Miguel Ángel Asturias era su nombre.

Los pensamientos políticos que incrustó en sus obras, entre las que destacan Leyendas de Guatemala (1930), El señor Presidente (1946), Hombres de maíz (1949), Viento fuerte (1950), El Papa verde (1954), lograron lo que George Orwell tiempo atrás se propuso: “cambiar su entorno a través de las ideas”. En este sentido, Rigoberta Menchú expresó: “Asturias demuestra que las palabras y las ideas son más efectivas que las armas y la violencia”.

 

¿Quién dice que no se puede combinar la política y la literatura magistralmente?

Considerado como novelista de la tierra, Miguel Ángel supo fulgurar cada parte de América Latina, recogiendo la herencia de autores como Horacio Quiroga, y describiendo los lagos, montañas, gente, animales, selvas, toda la cosmovisión que envuelve al continente de Tlaloc y Quetzalcoatl…
Su sensibilidad hacia la raza mestiza, hacia su rica tradición oral, son parte de los rasgos esenciales para entender su obra: su intento por mostrar a su territorio con gran orgullo, dejando a atrás la falsa concepción que se poseía sobre él, -de culturas totalmente retrógradas-.

La fantasía que Asturias empleó en sus obras se basó en “el sentido del mundo tropical. Pájaros que eran espíritus, piedras que eran Dioses, árboles que andaban en la noche. Todo era conjuro y podía ser conjurado”, según Ángel Rama.

Las palabras de Ángel Rama se adaptan a la perfección a la fantasía asturiana: “el historicismo, el nacionalismo, la tradición, la permanencia de la lengua como creación; el espíritu de los pueblos construye la literatura del fantástico”.[1]

Al referirse a la literatura del escritor guatemalteco, Arturo Uslar Pietri menciona: “era la revelación o la creación de una realidad fantasmagórica, de un ‘peyote’ de palabras que estaba lleno de una inmensa potencialidad literaria”.[2]

Aunque nunca lo dijo, se acopla a la idea borgiana de la pluralidad narrativa del escritor. El guatemalteco utilizó momentos narrativos epifánicos: “en los cuales se pone de manifiesto el sentido”.[3]

En su narración también se alcanzan a percibir tintes modernistas, naturalistas, nacionalistas… vale recordar que Asturias perteneció a la primera generación de escritores latinoamericanos nacidos en este continente pero formados intelectualmente en Francia, en donde por cierto, se convirtió en el primer traductor del Popol Vuh, esto en 1927. “Con los hombres de la generación de Asturias había cambiado radicalmente la actitud ante lo europeo. Veían lo europeo como un deslumbrante tienda de instrumentos, como una constante incitación
la creación propia, pero no para afrancesarse, sino para expresar lo americano con una autenticidad y una fe que eran enteramente nuevas”.[4]


Del autoritarismo al Nobel de literatura

Su historia no comienza en 1967 al ganar el premio Nobel, basta remontarse sesenta y ocho años atrás para concebir su nacimiento en Guatemala (1899). Miguel Ángel Asturias padeció por 20 años las consecuencias de un gobierno autoritario, apenas a los cuatro años supo de Manuel Estrada Cabrera (dictador que gobernaba su nación y que a la postre se convertiría en inspiración para El Señor Presidente) quien amenazaba a su familia.

Su carrera despegó a los 18 años cuando Miguel Ángel publicó obras en diarios estudiantiles. Para 1923 ganó el premio Gálvez por su tesis: “El problema social de indio”[5] y para1924 viajó a Europa.

Trabajó para el gobierno de su país: como diputado (1942), agregado cultural en México (1946), embajador de El Salvador (1953) y embajador de Francia (1966).

Asturias no existió como un agente pasivo dentro de la literatura, en cada letra vertida en sus obras manifestó una crítica al orden social y político, comprometiéndose socialmente con su tiempo, con su espacio, con su pueblo. Uslar Pietri lo menciona acertadamente: “Quería justicia para los maltrechos hijos de aquel legendario mundo y narraba su dolor y su protesta en una lengua rica en hallazgos y lujo verbal.”[6]

 

El Señor Presidente: realismo mágico y crítica social

Ejemplo de ello es su novela más significativa: “El Señor presidente”, en donde confluyen el cielo y el infierno, -muestra de la divinidad en planos terrenales-; por un lado, el protagonista Cara de Ángel, y por otro el omnipotente presidente: el amor contra la ambición; la lealtad a costa del engaño, contra la traición para redimirse.
Sin soslayar el Reflejo una dictadura que despoja de sus libertades a cada uno de los individuos (los sometidos feligreses), sin que hagan cosa alguna para emanciparse.

Llama la atención que el destino de todos los personajes de la novela tiende al caos, a la desgracia, algunos cuantos se salvan: los malos, los que supieron jugar sus cartas en la vida, de tal forma que pudiera sobrevivir su maldad.

La resignación no conoce límites: el pueblo, los mendigos, los militares, comerciantes, ejidatarios, funcionarios del gobierno, pareciera que se vive entre muertos.

Sin embargo, un estudiante encarcelado sobrevive para intentar seguir con esos cambios que tanto hacen falta a una sociedad “despolitizada”, he ahí un elemento clave de la obra: no clama por la pasividad y la ignominia, sino que deja ese halo de esperanza en un mejor porvenir, le dice al lector: ¡ey tú, despierta¡ ¿vas a dejar que sigan construyendo tu vida? ¿te gusta disponer de tan poca libertad?   Como aduciría la literata chilena Teresa de la Parra: ¿eres lo que deseas ser? ¿o actúas guiado bajo la convención social?

La sociedad se representa a través de los menesterosos que pelean entre sí por un pedazo de pan, burlándose los unos de los otros, representando una “colectividad” ensimismada, fragmentada, hipócrita y envidiosa, ni los pobres, ni los ricos, nadie se salva, todos contra todos, guiados bajo la ley a fortiori.

Puede llevarse un nivel más arriba la figura demoniaca del señor presidente, adaptarlo a la cosmovisión maya, pensar en Tohil, quien dota al mundo de oscuridad, aterra a los hombres, diluye sus esperanzas para que mediante su contentamiento llegue el amanecer.[7]

Arturo Uslar expresa con mucho acierto el carácter socio político de esta obra: “El Señor Presidente no fue solamente un gran libro de literatura, sino un valiente acto de denuncia y de llamado a la conciencia. Más que todos los trabajos y análisis históricos y sociológicos, plantea con brutal presencia inolvidable lo que ha sido para los hispanoamericanos, en muchas horas, la tragedia de vivir.”[8]

Por otro lado, vale recordar a dos escritores, a Vargas Llosa cuando aduce que los intelectuales “deben ser consciencias de sus pueblos” y a José Revueltas cuando asevera que “la realidad supera la ficción”. Ambas citas, son aplicables, sin lugar a dudas, a la obra del  premio Nobel Miguel Ángel Asturias.

 

En todo momento Asturias nos invita a recuperar la primavera rota –como plantearía Benedetti-, hoy quizá nos encontramos en otoño, en invierno… Ya mañana amanecerá, y para ello, la literatura puede jugar un papel fundamental.

Miguel Ángel sucumbió en España en 1974 dejando un deseo pendiente: morir en su tierra natal. Al respecto Uslar Pietri dedicó unas líneas en donde adujo: “Yo no podré olvidar nunca su cálida y segura presencia, su compañía de tan abrumadora riqueza, su deslumbrante simplicidad de niño al que le han regalado el mundo. Ya no tendré dónde encontrado sino en el eco que nos queda en sus libros. Pero no será lo mismo”[9].


[1] Ángel Rama, “Fantasmas, delirios y alucinaciones”, en Miguel Ángel Asturias, El Señor Presidente, edición Gerald Martin. México, ALLCA XX, 2000, (Colección Archivos), pp. 842-848

[2] Arturo Uslar Pietri, “Miguel Ángel Asturias, el trujamán sagrado”, en Miguel Ángel Asturias, Tres obras, Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1977, pp. IX-XIX.

[3] (Cerdomil Goic, “El Señor Presidente de Miguel Ángel Asturias”, en Historia y crítica de la literatura hispanoamericano, vol. 3, “Época contemporánea”. Barcelona, Editorial Crítica, 1988, pp. 368-371)

[4] Arturo Uslar Pietri, “Miguel Ángel Asturias, el trujamán sagrado”, en Miguel Ángel Asturias, Tres obras, Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1977, pp. IX-XIX.

[5] Es muy importante este tema porque demostraría el interés por los indígenas, quienes a la postre se convertirían en el tema predilecto de Asturias, abarcando su relación con la tierra que los vio nacer, e incorporando elementos sociales y políticos con el fin de ayudar a la liberación de dicha clase social.

[6] Arturo Uslar Pietri, “Miguel Ángel Asturias, el trujamán sagrado”, en Miguel Ángel Asturias, Tres obras, Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1977, pp. IX-XIX.

[7] (Cerdomil Goic, “El Señor Presidente de Miguel Ángel Asturias”, en Historia y crítica de la literatura hispanoamericano, vol. 3, “Época contemporánea”. Barcelona, Editorial Crítica, 1988, pp. 368-371)

[8] Arturo Uslar Pietri, “Miguel Ángel Asturias, el trujamán sagrado”, en Miguel Ángel Asturias, Tres obras, Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1977, pp. IX-XIX.

[9] Ibid

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