Superar el postmodernismo


Por Luis Josué Lugo

No hay nada de que preocuparse. El mundo en su fase de mundialización ha llegado a tal desarrollo que todos son libres y felices. Los intentos de cambio fracasaron, todo aquél que lo intente estará out. Una sola idea rige el mundo. F. Jameson

El Posmodernismo es la ruptura de las subjetividades individuales (la pérdida de la identidad), la constitución de mónadas individuales, la condena a la soledad. -Olvidan que como bien indicó Gustavo Adolfo Bécquer: “la soledad es muy triste si no se tiene con quien acompañarla”-. Nada es único, mucho menos personal, entramos al “abandono de las grandes temáticas modernistas del tiempo y la temporalidad, los misterios elegíacos de la durée y de la memoria”, según Fredric Jameson.

¿Se trata de una cultura neutra como articulan sus seguidores? No, en ningún momento el arte ha nacido de forma pura, siempre ha estado supeditado a un intereses políticos. El Posmodernismo no es la excepción. Por ejemplo, ¿Lady Gaga, como creación del posmodernismo puede considerarse neutra? De ninguna forma, ya que su pronunciamiento aboga por el hedonismo, el vacío intelectual, la mercadotecnia por encima de las ideas…. En síntesis: ‘desideologiza’ a sus seguidores.

El postmodernismo, en términos exactos nace a partir de la caída de las vanguardias y los proyectos revolucionarios, cuando la sociedad del consumo se inaugura con Estados Unidos como la nación hegemónica, ante la caída de la filosofía de la historia y la recesión del socialismo.

¿Cuáles son sus efectos? Las culturas originarias se trozan con el fin de crear una cultura global perteneciente al post modernismo, contando con la colaboración de teorías políticas que abogan por el fin de la historia, que se concentran sólo en el presente (léase a Popper), con la ayuda de apologetas que satanizan todo intento de transformación social; las luchas sociales están pasadas de moda, “algún día los comunistas lo intentaron y fracasaron”, dice el discurso hegemónico. He aquí otra gran mentira, pues valdría cuestionar: ¿cómo pedir que el mundo no se encuentre polarizado si la desigualdad, la injusticia y la pobreza han sido elementos que la globalización ha olvidado subsanar?

El posmodernismo adapta el pasado a su conveniencia, desde campañas retro, hasta combinación de iconos tan dispares entre sí como El Quijote de la Mancha y Harry Potter. No retoma el pasado para enlazarlo con el futuro con el fin de encontrar salidas a la crisis política y cultural que hoy padece gran parte de la humanidad.

No puede siquiera esgrimirse que se trata de un cambio de paradigma en el cual se rechaza lo anterior por el bien de la cultura y la sociedad, como sucedió con los románticos cuando rompieron con todo lazo de racionalidad y emergieron grandes personajes de la historia: Wagner, Beethoven, Balzac, Schiller. En ese momento todos los jóvenes rusos escribían poesía; en cambio hoy, en el contexto de la globalización, todos los jóvenes sienten un vacío que llenan mediante formas hedonistas (hacer generalizaciones es muy peligroso, por lo cual, me disculpo con las personas que no se ajusten a tal aseveración).

De acuerdo con el postmodernista, lo alto y lo bajo se han combinado, lo popular y lo de élite, eso que Vargas Llosa tanto desprecia porque quitó al arte su función social y su placer estético y moral.

El peruano no está del todo equivocado, pues ahora (véase el art pop) cualquier creación del ser humano puede considerarse artística, la posmodernidad se bofa de Gabriel Celaya cuando dice que “la poesía es un arma cargada de futuro”, porque para ellos todo es presente.

El escritor Heriberto Yépez menciona que en el postmodernista hay planos sintagmáticos que obedecen a un control político ejercido desde el lenguaje, ese “encadenamiento de signos compuesto por pocas variantes convertidos en planos sintagmáticos”, que dan a los sujetos poca libertad de elección. Bajo esta lógica Miguel Ángel Asturias es sinónimo de atraso y J.K Rawlling de lo “cool”.

Indudablemente, el postmodernismo hace recordar a Kafka con su Proceso, pues cada uno vive y padece en carne propia la angustia de ser juzgado por alguien, el vacío y la cerrazón de la lucidez… Nadie puede resolver su caso, al final puede ser que como a K., les arranquen el corazón. ¿Hay alguna forma de evitarlo?

Sí: es necesario superar el nihilismo postmodernista, buscar la transformación individual y colectiva, hacer del desprecio una arma que se incruste dentro de los errores, pues es ineludible que el sistema mundo -con sus valores- está a punto de disgregarse, la gran pregunta es: ¿qué seguirá después? No es el destino quien lo decidirá sino la acción de cada grupo identitario.

La sociedad puede salir avante recuperando su identidad pero sin aferrarse a ideas meramente nacionalistas, las regiones ya no pueden sobrevivir aisladas, deben echar mano de la tecnología, siempre pensando en el beneficio de los grupos por encima de los individuos.

Al respecto, el escritor Alejandro Rozado agrega que la solución reside en la poética de la historia (qué, cómo y para qué hacer algo específico en la vida humana), para desmantelar la “pregresión sin límite”. La poesía entra como un arma que permite darle sentido a la vida humana, mediante la sensibilidad desencantarse del mundo y muy a lo existencialista, “condenarse a vivir”, no para padecer un eterno sufrimiento, sino para transformar a partir de las palabras y las acciones. “Denunciar sus mentiras, desnudar su hipocresía, desafiar al pragmatismo”, agrega Rozado.

El ser humano debe dejar de ser agente pasivo en la sociedad. Es necesario que retome el sentido de colectividad que el Neoliberalismo le ha arrancado.

 

 

 

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Comments
6 Responses to “Superar el postmodernismo”
  1. Paco dice:

    ¿Cayeron los proyectos revolucionarios o el capitalismo los descalificó como discurso? ¿La gente debe vivir mejor sólo en el socialismo o un paso hacia adelante del desarrollo social es deseable aún en términos capitalistas?

    El posmodernismo no es nihilista, ¿qué son, por ejemplo, las luchas por los derechos humanos tan socorridos por grupos minoritarios que en lugar de alzar banderas socialistas hacen su lucha en términos democráticos promovidos históricamente desde países dominantes? ¿El respeto al medio ambiente? ¿La multiculturalidad?

    Cierto, el neoliberalismo busca atomizar, pero ¿se puede hablar de individualización entera cuando en Francia se organizan protestas de más de un millón de personas o cuando en el mismo México se llevan a cabo elecciones de comités vecinales?

  2. Si partimos de un análisis que vaya de lo general a lo particular, no puede negarse a la postmodernidad como ideología que parte de los grupos hegemónicos con sus respectivas característicaz (y que se mencionan en el artículo) como propulsora de diversas manifestaciones sociales: pragmatismo político, cultura popular ‘alienada’, ideología dominante, literatura nihílista, Neoliberalismo….
    Filosoficamente: bajo la negación del existencialismo, políticamente oponiéndose al marxismo, psicológicamente soslayando el freudismo, lingüísticamente, menoscabando el signo lingüístico.

    Lo dicho anteriormente no niega que en un plano particular (de lo general a lo particular) existan estudios culturales que ponderen a las identidades en resistencia como opositoras al modelo político/cultural imperante, cortando la homogeneidad que gran parte de los críticos al postmodernismo suponen; empero, dada la brevedad del artículo no pude abordarlo…. Lo tomaré en cuenta.

    Por cierto: aclaro que no hablé de una atomización entera, ni mucho menos de organizar la ‘dictadura del proletariado’.
    Sobre el nihilismo-postmodernidad, la prueba se encuentra en la literatura y el cine postmodernista, desde Murakami hasta Tarantino, quizá hablemos de confusión conceptual.
    (Por cierto, tanto Quentin como Haruki me gustan, pero también merecen un análisis de fondo). Saludos.

  3. Zedryk R dice:

    En resumen, ¿por qué hay que superar el “nihilismo” de la posmodernidad? ¿Es ésa la pregunta, o en general propones que es preciso abandonar cualquier nihilismo? Si es ésta la idea, no la comparto. Ambas filosofías -nihilismo y posmodernidad- significan un divorcio de cualquier dogma (o “metanarrativa”, como el marxismo), de cualquier determinación, de cualquier finalidad extraida de la Historia; esto, según su fundamento filosófico, traería como consecuencia una mayor reflexividad del individuo ante la apertura de infinitas nuevas posibilidades. Por eso no es verosímil que a un posmoderno lo limite el lenguaje (una propuesta, de hecho, de la teoría lingüística: la lengua surge de la combinación vastísima de un número limitado de elementos; combinación que, sin embargo, está regida por la convención de la gramática, la sintaxis y el ámbito donde se habla); al contrario, el posmoderno buscaría librar esas limitaciones, de lo cual resultaría un Cortázar y un Joyce (en literatura y en lenguaje), hombres por cuya cabeza jamás pasó la violenta idea de la posmodernidad, por la sencilla razón de que la transgresión abrupta de estructuras que, como el lenguaje, son ya instituciones sociales, tiene el efecto de dejar a los individuos en un vacío inútil, en un “lugar” donde son incomprendidos y lo que hacen no significa absolutamente nada para nadie (por eso uno se inventa, a lo mucho, contranovelas, pero no antinovelas). Puestas así las cosas, parecería que ese escenario es precisamente el que desea un posmoderno como-lo-conocemos-actualmente (he hablado de algunos fundamentos de la filosofía posmoderna, pero hace falta ver a los sujetos posmodernos, los del mundo real y andan por la calle), pero igualmente digo que no es verdad: un posmoderno no busca el aislamiento del ermitaño ni pretende ser arisco como bastantes anarco-punks, otros que defienden grandes divorcios de establishments. El arte que se considera posmoderno es la mejor prueba de esa negación: a mi parecer, ese arte ha capitalizado las prerrogativas de una generación “posmoderna” y, al representarlas, las vuelve visibles, las legitima, con el seráfico prestigio y autoridad de que goza el arte. No es tu discusión, Jos, pero lo digo: la individualidad del posmoderno no hay que entenderla como un intento de ignorar y ser ignorado (si fuera así, ¿cómo explicamos el éxito del arte posmoderno, si se entiende que éste es preferido por aquellos que son su razón de ser, que lo explican e incentivan?), sino como una vindicación de la capacidad de actuación de cada sujeto, que deja a un lado (supuestamente) todo límite. Otro estudio es rastrearlo en la realidad.
    Reitero la discusión que sostuve un día contigo: juzgo que los individuos que actualmente son calificados de posmodernos, han existido siempre. Pero cuidado: me refiero a los hombres del mundo, a los ciudadanos de a pie; los ilustrados son otra cosa aquí… Es decir: esos hedonistas, esos incrédulos, esos “irreverentes”, esos consumistas e individualistas, esos vivir-al-día, han existido en todas las épocas y en todos los lugares del mundo. Pero ahora hay un modo particular de nombrar “eso” que hacen, y ese modo particular es consecuencia de una reflexión filosófica originada en el espacio académico o meramente intelectual: se llama, pues, posmodernidad. ¿Pero todos esos individuos -cuya actuación en el mundo es representada por la filosofía posmoderna- se asumen como posmodernos? Hablo de una falta en tu texto: no establecer la distinción entre los imperativos del sistema filosófico y el modo como son acogidos por académicos e intelectuales y, sobre todo, por “el pueblo”. Basta con responder a una pregunta: ¿el surgimiento del romanticismo significó que su sociedad de origen se volviera romántica, que los muchachos fueran románticos y que las flores se marchitaran románticamente?

  4. Luis dice:

    El ser humano a veces actúa por impulso, sin estar consciente de su propia voluntad. Los modelos se suelen seguir al pie de la letra, en la medida en que resultan cómodos y convenientes para los fines de cada uno. Lo interesante viene al pensar que la idea del mundo ilimitado es la mejor arma para evitar la consciencia del sujeto: ¿Quiénes somos ante un panorama global? Al no tener la noción precisa de lo global siquiera, el sujeto se pierde rápidamente en ese frenesí de multitudes y se deja llevar sin reflexionar quién es. De ahí la obsesión con el presente, con el ahora, ese carpe diem de venta en tiendas de prestigio. No se puede permitir que pase un segundo sin disfrutarse intensamente, y ¿quién puede disfrutar mientras descubre que hay un sexto de la población mundial sin nada qué comer esta tarde? No se induce expresamente al individualismo: es una consecuencia incidental. La preocupación colectiva sólo acarrea problemas. Y es ahí donde desaparecería la posibilidad hedonista (pero sólo de los pudientes). La realidad comprende gente que es imposible que olvide que mañana se vence la renta. A ellos les falta arrancarles las aspiraciones “socioeconómicas” del querer-ser “gente de mundo” y enseñarles otras vías para la realización más allá de la frivolidad y el egoísmo. Quizá sea en ellos en quienes habría de centrarse el estudio de estos fenómenos y su aplicación: en los que viven la incongruencia del quiero-pero-no-puedo que los aleja de su propia realidad o los deja soñar como consuelo de no haber cambiado su realidad. A fin de cuentas, son ellos los que la pasan peor.

  5. Rodolfo Plata dice:

    EL CRISTIANISMO PURO es eterno y soporta los cambios del devenir. Puede enmarcarse en diferentes contextos, culturas, modelos, paradigmas y religiones; de todas maneras permanece inmutable. Debido a que la doctrina y la teoría de la trascendencia humana que Cristo ilustró y predicó, es un valor genérico y universal; por ello, pudo injertarse al judaísmo y mantenerse en el oscurantismo privado de la luz de la razón, sin asfixiarse, cegarse o morir. Y también puede enmarcase en el helenismo, el hinduismo, el budismo, el sufismo. Soportar el cambio de paradigmas, y crecer y desarrollarse en el ateismo, el desarrollo humano, el empirismo, el escepticismo, el humanismo, el misticismo, la nueva Era, la modernidad, la post modernidad, racionalismo, y el sincretismo. El reto es sacar el cristianismo del oscurantismo judío, a fin de que la trascendencia humana refleja en Cristo ilumine al mundo. http://www.scribd.com/doc/42618497/Imperativos-Que-Justifican-y-Exigen-Urgentemente-Un-Nuevo-Enfoque-Del-Cristianismo-a-Efecto-De-Afrontar-Con-Exito-La-Crisis-De-La-Modernidad

  6. Rodolfo Plata dice:

    LA FALTA DE CONGRUENCIA DE LOS DOGMAS CON LA REALIDAD, ES LA CAUSA PRINCIPAL DE QUE GRANDES MULTITUDES ABANDONEN LAS IGLESIAS Y SE OPONGAN A LA ENSEÑANZA RELIGIOSA EN LAS ESCUELAS LAICAS. La modernidad ha dejado al descubierto el engaño de la religión de creencias que impone dogmas que no se puede comprobar aduciendo falazmente que son palabra de Dios, a efecto de manipular a las multitudes. El nihilismo generalizado de la post modernidad, provoca que las multitudes que abandonan las Iglesias alimenten las corrientes metafísicas de la Nueva Era. Esto es lo que expresa Nietzsche al decir “Dios ha muerto”, nosotros lo matamos. El ataque de Nietzsche a la teología fantástica, sus falsos valores y la moralidad de esclavos que promueve el judeo cristianismo; posiblemente sea uno de los ejes que sobre los que gira el pensamiento de la modernidad y post modernidad abriendo el reconocimiento de una transformación de la conciencia que eventualmente nos llevará a alcanzar la trascendencia humana o supra humanidad patente en Cristo. http://www.scribd.com/doc/48104400/Nietzsche-y-La-Lucha-Contra-El-Judeo-Cristianismo-Por-El-Cristianismo

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