¿Dónde quedó la celebración del Centenario?


Francisco Javier Montaño

Las celebraciones del Centenario de la Revolución Mexicana, querido lector, ya pasaron; por si usted no lo notó. A comparación de las múltiples obras  arquitectónicas, celebraciones, fiestas de luz, libros sobre el Bicentenario, festivales patrióticos y demás celebraciones alusivas a la independencia, las fiestas por el centésimo aniversario de la Revolución pasaron casi desapercibidas. ¿Malo, bueno? Ninguna, si el gobierno federal hubiera festejado por todo lo alto ya estaríamos quejándonos del consecuente despilfarro de nuestros impuestos; festejar así es normal. Al fin y al cabo ¿Se le puede pedir al Partido Acción Nacional (PAN) que festeje de otra forma el aniversario de un conflicto como la Revolución?

Las celebraciones consistieron en una serie de espectáculos multimedia realizados en Palacio Nacional, exposiciones organizadas por la Fundación BBVA, conferencias que tratan temas desde la extinción del águila real hasta “la música inédita de salón en el Porfiriato”. Mención aparte merecen el Juego de talentos que en palabras de la Comisión Federal del Bicentenario tiene la función de “promover la creación de empresas dedicadas a la creación de juegos de video” y el recorrido del Fuego Bicentenario por diversas ciudades de la República. ¿Festejar la Revolución haciendo videojuegos y recordando la Independencia?

No se puede esperar menos de un partido como Acción Nacional. Así de sencillo. No todo es tan reaccionario como parece. Vale recordar que Acción Nacional es fundado en 1939, por gente como Manuel Gómez Morín, ex rector de la UNAM, como alternativa al caudillismo revolucionario representado por gente como Álvaro Obregón, ¿Cómo pedirle al PAN que ahora festeje a quien en un principio buscó restar poder?

Por otro lado, uno de los ideales por los que se luchó en la Revolución fue el reparto agrario. Desde Ricardo Flores Magón, quien primero usó el lema “Tierra y Libertad”, hasta Emiliano Zapata pugnando porque los campesinos pobres tuvieran un sistema de propiedad de la tierra que les permitiera usar su fuerza de trabajo para subsistir, la Revolución, ya desde 1911 hasta la promulgación de la Constitución en 1917, buscó disminuir el poderío de terratenientes, para eso está el artículo 27. ¿Cómo pedirle al PAN, cuyos gobiernos han optado por comprar alimentos a compañías como la norteamericana Monsanto, que se preocupe por los pequeños agricultores o los peones sin tierra propia? Una celebración digna sería revalorar al campo mexicano con políticas proteccionistas con respecto al maíz, por ejemplo (ah, está el TLCAN que nos lo impide).

 La Revolución, como otros movimientos anteriores, también tuvo como bandera la separación de la Iglesia y el Estado. La Constitución del 17 en su artículo 130 dice que “los ministros de culto no podrán desempeñar cargos públicos” y que “no podrán asociarse con fines políticos ni realizar proselitismo a favor de un candidato, partido o asociación política alguna” (¿alguien dijo Juan Sandoval?). ¿Cómo puede celebrar el centenario de la Revolución el PAN cuando tiene principios católicos y en su seno alberga a corrientes ultraderechistas como El Yunque, que tiene como miembro distinguido a Manuel Espino, también presidente de la Asociación Demócrata Cristiana de América (ODCA)?

Los gobiernos revolucionarios también impulsaron la protección de  las clases obreras mediante la creación y fortalecimiento de asociaciones sindicales que posteriormente contribuyeron a crear y fortalecer el corporativismo pero que también contribuyeron a dar a los trabajadores garantías sociales concretas como seguridad médica, vivienda, seguro de trabajo y pensión más o menos digna. ¿De qué forma festejará el gobierno de Felipe Calderón un conflicto que ensalzó dichas causas si durante toda su administración ha promovido la ley laxa con respecto a los patrones y “todo el puño de la ley” contra sindicatos históricamente combativos (Baste el caso del SME) ¿Festejar los cien años del inicio de la Revolución destituyendo a obreros sindicalizados y subcontratándolos con empresas extranjeras?

No se puede.

¿Queremos un gobierno que festeje o uno que prácticamente ignore un conflicto como la Revolución? Lo cierto es que no podemos pedir peras al olmo ni Revolución al PAN. En el primer caso, habrá que pensar con mayor perspectiva histórica cuando de elegir gobernantes se trate, en el segundo, querido lector, reconfórtese usted, pues el gobierno federal le ha llenado las expectativas. Esas, piensa este escribidor, serán celebraciones más válidas, pues al fin y al cabo, la Revolución no duró tres días.

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