Ekevu Mugangu


Del ensayo fotográfico "Las horas negras". Patricia Aridjis.

Ha logrado sobrevivir.  Creció huérfano.   Su padre fue asesinado y su madre

falleció debido a una incurable anemia. Su vida no ha sido para nada sencilla.

Sentado sobre costales amontonados,  observa desafiantemente a su matón.

No le teme. No. Temor jamás. Nunca antes ha sentido miedo, y menos ahora.

Tres diecinueve marca el reloj de la vieja y manchada pared. Cuatro paredes.

Una puerta. No hay ventanas.  Un ventilador que gira lentamente, su objetivo

de refrescar el ambiente es pobremente alcanzado. Y el calor crece aún más.

“¿Dónde está? Dímelo ya, no te quiero tener que matar, podrías ser muy útil”.

Ekevu Mugangu no piensa hablar. No hablará. No quiere hablar. Sólo pensar.

Debe pensar en una forma para poder escapar. Tiene que salir rápido de ahí.

Tres golpes a la sien. Sangre derramando. “No estoy jugando”. Un golpe más.

“No lo voy a repetir una vez más. Habla ya. No tengo tiempo para estupideces”.

Su vida depende de una respuesta que no conoce, se tambalea sobre un hilo.

“Señor,  le aseguro que no soy quien  usted busca.  No soy quien usted cree”.

Sabe  perfectamente que no es  la respuesta que el hombre  quiere escuchar.

“Pero por  supuesto que  sé quién eres, qué ingenuo. Te llamas Ekevu, ¿no?”.

Han pasado ya cinco días desde que lo encerraron en ese abandonado lugar.

No ha probado alimento, ni una sola gota de agua ha tocado sus secos labios.

Con las manos atadas y una pistola apuntándole a la frente, le es difícil pensar.

“Mugangu, Faida Mugangu, ¿te suena?”. Sintió un hormigueo del pie a la nariz.

No. No le sonaba el nombre.  No le era familiar. Familiar…  no.  Estaba seguro.

“No señor. No reconozco ese nombre. Jamás lo he escuchado”. Y no le mentía.

Sangre le corre del labio.  Su vista se ha nublado ya.  Le es imposible recordar.

No sabe siquiera qué debe recordar. ¿Por qué le debería ser familiar? No sabe.

“¡Faida Mugangu, tu madre!  ¡No gastes mi tiempo!  ¡Dime dónde lo escondió!”.

Ekevu jamás lo sabrá. Nunca escuchará la razón de su orfandad, no la conocerá.

No sabrá  por qué su muerte en aquella habitación.  Tampoco sobre el diamante.

Tres balazos lo han logrado alcanzar.   No puede recordar, tampoco ya pensar.

-Anai Rolón

Anuncios
Comments
One Response to “Ekevu Mugangu”
  1. Montse dice:

    Recuerdo que cuando leí por primera vez las dos partes me fue muy impactante. Logras dar un vistazo a una realidad poco explorada y sobremanera explotada. Tú la tratas con mucho respeto porque no lo haces por obtener algo a cambio.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

  • "Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos." E. Galeano

  • "Siempre fuiste mi espejo, quiero decir que para verme tenía que mirarte." J.Cortázar
  • "No hay necesidad de fuego, el infierno son los otros." J.P. Sartre
A %d blogueros les gusta esto: