Los condenados de la tierra, vuelven a escena.



Joel Ortega Juárez

Como en la legendaria Batalla de  Argel de Pontecorvo, cientos de jóvenes se enfrentan a la policía en varias ciudades del más grande país del Magreb, en protesta por las alzas de precios en productos básicos como el aceite y el azúcar. Entre los barrios enardecidos está el céntrico Bab el Ued donde comenzó la “revuelta del pan” en 1988.

En Túnez la revuelta lleva tres semanas, donde se produjo una insólita huelga de abogados, como rechazo a la violencia policiaca que llevó a un joven de 26 años a inmolarse, porque su carrito de vendedor ambulante fue volcado por la policía.

En Egipto hay una gran tensión, la noche vieja  un templo de los coptos (cristianos árabes) sufrió un atentado con saldo sangriento, esta minoría religiosa abarca un 10 % de la población egipcia.

En Canarias  llegan cada día cientos de migrantes pidiendo asilo político, debido a los desalojos del campamento Agdaym Izik el pasado 8 de noviembre. Un inaceptable episodio de colonialismo español en pleno siglo XXI.

En Costa de Marfil, un poco más al sur del Magreb, en la costa occidental de África, continúan los conflictos y tensiones por la negativa del presidente saliente Laurent Gbagbo de admitir el triunfo de Alassane Ouattara en las elecciones del 28 de noviembre. Esa arbitrariedad ha provocado múltiples movilizaciones de millares y el asesinato de muchos de ellos.

En México, siguen ocurriendo agresiones salvajes a los migrantes que proceden de centroamérica. Cada año son secuestrados más de diez mil, por mafias que cobran de 5 a 15 mil dólares a las familias de las víctimas. El extremo fue la ejecución de los 72 en  el rancho San Fernando en Tamaulipas el año pasado y los más de 50 desaparecidos en diciembre pasado.

Guatemaltecos cruzando a México

Guatemaltecos cruzando a México

 

Todos estos hombres y mujeres sufren el camino infernal en las rutas de la muerte tanto en la costa del pacífico como en la del Golfo de México. El trato que reciben de las autoridades migratorias mexicanas y de las bandas delincuenciales, es tan brutal o más  del que reciben nuestros paisanos en los Estados Unidos.

Incluso en Bolivia se dieron movilizaciones gigantescas contra el alza de la gasolina , tan poderosas y tan masivas que Evo Morales se vio obligado a suspender los decretos de esos incrementos.

Estas rebeliones de los condenados de la tierra, exhiben las terribles desigualdades que sustentan al sistema dominante a nivel planetario y desafían al pensamiento.

Es un comienzo atroz del segundo decenio del siglo XXI .

 

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