Yo que tú, sí me lo compraba


Por Luis Lozano

Durante la cena de fin de año es normal enumerar lo que ha acontecido en el periodo que culmina y enlistar lo que se espera para el nuevo que comienza. He ahí donde apareció repentinamente la intención de un primo: “Tengo… pero no sé si gastármelo en un coche”, adujo dubitativo en medio de una conversación de propósitos y deseos. De inmediato un tío respondió: “yo que tú sí me lo compraba…”. La conversación siguió su flujo sin reparar en que acaso algo no andaba bien.

Sin embargo, existe un uso algo inadecuado de los tiempos verbales. Desde chicos, el mal uso del copretérito persiste con la naturalidad de los juegos. Los primitos juraban referirse al plano de la ficción al afirmar: “Juguemos a que yo era el ratero y tú me correteabas”. El otro enano corrió tras el primero, como si éste fuera quien decía ser.

De pronto se presenta un problema: ¿cuál es la función del copretérito? De acuerdo con los usos presentados arriba, el también llamado pretérito imperfecto se emplea para expresar deseos que no se han emprendido aún, acciones irreales, pero que “podrían” llegar a suceder si se prestaran las condiciones. Y hállese acá la clave: “podrían” está conjugado en pospretérito.

Se supone, según los manuales de gramática y alguno que otro tratado al respecto, que el copretérito se emplea para referirse a acciones que ya han comenzado en un tiempo pasado pero que aún no han terminado pues quedaron interrumpidas por otra acción generalmente también pasada (o lo que es lo mismo, que están en vías de suceder por completo y no han sucedido, pero que ahí la llevan). En tanto, el pospretérito, siguiendo la línea de los manuales y demás, se emplea para referirse a hechos que no han ocurrido todavía, que siguen en el plano irreal.

El poder de los nombres suele intrincarse de tal modo con lo nombrado que llega a imbuirlo. Al parecer, el otro nombre del copretérito se ha tomado muy en serio, lo que ha llevado a su uso “imperfecto”.

Acción y pensamiento: he ahí el dilema (Del monero Palmas) 

Para estos casos, conviene recordar las fórmulas condicionales. Expliquemos: con recordar una frase como modelo se podrían evitar algunos de estos problemas. Ejemplo: “si tuviera el dinero suficiente, me compraría la tan anhelada máquina de carreras roja…”. La composición de esto es más o menos la siguiente: el condicional “si”, seguido de la conjugación en tiempo pretérito en modo subjuntivo, luego una coma para separar nociones de irrealidad modal de la irrealidad fáctica, y terminamos con la conjugación en tiempo pospretérito de modo indicativo, es decir, donde se suele poner el copretérito.

Y aunque se ha hecho común escuchar el copretérito en estas construcciones, conviene enmendar la falla, sobre todo por dos razones: puede prestarse a confusiones y problemas de entendimiento; y refleja un problema en el entendimiento de la gramática. Y algo un poco más grave: en vista del éxito obtenido y lo común del yerro, se refleja que la educación en México en esta materia (comúnmente llamada Español), ofrece resultados un poco “imperfectos”, como el extraño deseo del tío.

 

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