¿Doctrina del Shock en México?


Dulce Anahí Soto

Haciendo un recuento de los últimos tres años para acá, he recordado ciertos sucesos que, aunque merecieron una nota en los diarios, considero no recibieron la interpretación más profunda que merecían.

Me refiero a las reformas a la Ley del Retiro del ISSSTE, en materia de jubilaciones; a la reforma de Pemex, para abrir algunas acciones a la iniciativa privada; la extinción de Luz y Fuerza del Centro en el terreno energético y, con ello, el golpe a uno de los sindicatos más fuertes de México: el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME).

Otro caso fue el debate sobre las modificaciones a Ley Federal del Trabajo, que en letras pequeñas proponía un nuevo modelo (aunque no es tan nuevo) de contratación, el llamado outsourcing, un sistema de subcontratación que busca reducir costos administrativos, es decir que las personas son subcontratadas por agencias intermediarias y por lapsos de tiempo cortos (desde trabajos temporales a contratos por seis meses). Lo anterior evita que los empleados generen antigüedad y, al no regirse por un contrato colectivo de trabajo, la mayoría no cuenta con las prestaciones que marca la ley del trabajo.

Estos eventos, aparentemente aislados, tienen mucho en común: buscan reformas con miras a la privatización (aunque no se ha dado del todo); han sido patrocinados por gobiernos conservadores de derecha (Vicente Fox y Felipe Calderón, ambos del PAN) y la mayoría de estas decisiones gubernamentales han sido aprobadas en situaciones inestables.

La Ley de Retiro, entre otros puntos, estipula que se ha atrasado la edad en la que una persona se puede jubilar. Aunque se dice que no hay preocupación porque las pensiones están seguras, por otro lado buscan reducir la antigüedad de los trabajadores y los contratos colectivos, por medio de la subcontratación. Leyendo entre líneas, esto significa que las empresas pueden contratar o despedir a un individuo sin pagar las prestaciones que por ley corresponden (entre ellas la posibilidad de jubilación).

Además de la extinción de Luz y Fuerza del Centro, de no liquidar a todos los electricistas según la ley, de dejar a muchas personas sin empleo, hay algo más.

 

Primero, la generación de energía se encuentra, no en su totalidad, en empresas privadas. El servicio de mantenimiento eléctrico es proporcionado por sujetos contratados por agencias que a su vez son contratadas por la Comisión Federal de Electricidad (CFE). En pocas palabras: modelo de subcontrataciones.

En segundo lugar la cuestión de la privatización de un sector virgen que predice grandes ganancias para empresas multimillonarias como Televisa y Nextel (a quienes ya se dio la concesión): el espectro de fibra óptica, por el cual puedes tener cable, internet y televisión de paga (¿les recuerda a Yoo?).

Todo lo anterior tiene como contexto un clima de inseguridad y violencia desmedidos, consecuencia de la estrategia del gobierno contra el crimen organizado y el narcotráfico. Lo que provoca temor, desesperación y angustia en la mayoría de la población.

En medio de este pánico colectivo, el gobierno anunció que Pemex se abre a algunas inversiones privadas, lo cual representa la apertura más grande jamás registrada. Y para cerrar con broche de oro, recordemos el reciente préstamo de hasta 72 mil millones de dólares que el Fondo Monetario Internacional (FMI) autorizó a México, bajo el concepto “de línea de crédito flexible”.

Pero, ¿a qué quiero llegar con todo esto? ¿Será una estrategia para privatizar todos los sectores económicos? ¿Será el auge del capitalismo del desastre en México? ¿O la Doctrina del Shock se implementa en nuestro país?

Capitalismo del desastre o doctrina del shock (Naomi Klein, 2007) es un término utilizado para definir las estrategias neoliberales o de libre mercado que se imponen aprovechándose de alguna situación crítica: desastres naturales, crisis económicas severas, guerras o epidemias. Dichas medidas económicas no buscan un bien popular, sino un beneficio ostentoso para grandes empresas privadas, por lo cual se busca que la población se encuentre en estado de shock, resultado de situaciones adversas, para que no pueda reclamar ni luchar por sus derechos: se encuentra distraída, atemorizada.

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