Una hipótesis sobre el acoso escolar


Luis Lozano

Como una escala menor de la “lucha contra el narcotráfico” encabezada por Calderón al inicio de su sexenio, la coordinadora del grupo parlamentario del PAN en la Asamblea Legislativa del DF (ALDF), Mariana Gómez del Campo, ha comenzado legalmente la lucha contra la violencia… en las escuelas.

El fenómeno del acoso escolar, llamado más popularmente bullying (término que se presume viene del holandés), será ya considerado como un problema de salud pública en la capital mexicana. La diputada panista, desde algunas semanas atrás, había presionado por este asunto. Hace poco presentó cifras que señalaban que en 2009 habían ocurrido 129 suicidios de jóvenes, los cuales ella vinculó con el acoso escolar. Sin embargo, al poco tiempo llegó la respuesta de la secretaría de educación y la Procuraduría General de Justicia locales así como del Inegi, instituciones que presentaron datos diferentes y claramente menores (34), a la vez que explicaron que el suicidio juvenil es un problema multicausal que va más allá del bullying, en el que inciden factores como el entorno y la situación económica familiares, las relaciones afectivas o el éxito escolar (independientemente del abuso). Además, estos datos se presentaron respecto de jóvenes de 11 a 15 años, mientras que los casos de bullying se han reportado sobre todo en niños de primaria, cuyo rango máximo de edad es de 12 años.

Sea cual sea la cifra, la cruzada de Gómez del Campo contra el acoso escolar rindió frutos. El pasado 25 de febrero se aprobó en la ALDF la reforma a la ley de salud capitalina, para reconocer este problema como de salud mental y para ser considerado en las campañas de promoción de salud (artículos 64 y 74). Además, se espera que tanto maestros como padres se involucren en las actividades de sus hijos y se aseguren de que no se sufre abuso de ningún tipo de parte de sus compañeros.

No obstante, ya con regulación incluida, parece que en este asunto se ha desconsiderado un factor que acaso tiene que ver en el fenómeno: la televisión. Antes, baste hacer algunas precisiones. No se da por sentado que se trata de la única causa, menos aún de la primordial, pero debe notarse que sí tiene participación de este tipo de comportamientos que por cierto no son propiamente mexicanos.

Nelson de Los Simpson

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y es que existe en los programas de televisión, estadounidenses  sobre todo, un patrón de comportamiento escolar que se resalta por la autoridad que se confiere a un personaje en particular para agredir, ofender o maltratar al resto de los compañeros y mantenerse en la impunidad. Ese “Nelson” de los Simpson o un típico “Harold” de Hey, Anorld!, aparentemente inofensivos, son modelos que tradicionalmente no se presentaban en la sociedad mexicana, según recuerdo, hace unos 10 ó 15 años. Si bien es cierto que parte de la cultura mexicana implica molestar al otro (chingar al de al lado, cuyo mayor reflejo se encuentra en el albur), los abusos a los que llegan los personajes de caricatura citados van más allá de una chanza ocasional: golpes, ofensas, castigos físicos, humillaciones. Y eso, antes al menos no era muy común.

Como argumento en defensa de su causa, se acusa de que “se llega a ver con normalidad la violencia escolar”. Sin embargo, nótese que algunas de esas formas de violencia son por internet, mediante las “redes sociales”. Mientras que otras se deben a la falta de atención que se pone a los conflictos entre compañeros de parte de las autoridades escolares, quienes dejan que pase el tiempo hasta que el conflicto es ya demasiado grande. Y en las etapas iniciales, los niños no están capacitados para medir el riesgo de una diferencia con otros sujetos.

No se puede acusar a la televisión de ser la única responsable de generar estos patrones de conducta. Pero tampoco se puede dejar de lado que la participación de este medio, sobre todo mediante los programas importados, es importante en la difusión del modelo del “abusón”, más si se considera que los niños tienden a imitar algunos de los comportamientos que observan en sus programas favoritos. Debe aclararse además que las condiciones culturales de  México no se oponen a la presentación de este tipo de casos, pues queda de manifiesto que la impunidad no es un mal aislado del sistema penal sino de toda la sociedad. Como si no bastara con el abuso, es más afrentoso aún el hacerlo público.

Si aunada a la difusión de este mensaje se presenta una audiencia relativamente susceptible de imitar aquello que le parece chistoso, y que además muchas veces no cuenta con la orientación pertinente durante los tiempos de exposición a dicho contenido (los padres pocas veces miran la televisión junto a los pequeños y no sólo eso sino que no comparten muchas más actividades, otro factor en este asunto), entonces se encuentra una causa más que puede provocar el abuso escolar y que aparentemente no se ha tomado en cuenta.

Aunque se puede ver como algo endémico, el bullying es un problema con algunos ingredientes de importación.

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Comments
One Response to “Una hipótesis sobre el acoso escolar”
  1. magdalena dice:

    Es un punto muy importante el que tocas en el tema , no podemos tapar el sol con un dedo, pero es cierto que la tv, numero uno no tiene control de lo que publica, la idea es vender pero no les importa a quien ni como, y segundo lugar generalmente los ninos ven solitos la tv por que los padres o responsables no les interesa ver caricaturas, que al igual que las peliculas tambien estan cargadas de violencia, unas mas que otras eso sin tomar en cuenta los video juegos, sigue adelante , felicidades por llamar a las cosas por su nombre.

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