Noche y silencio


Fernando Alonso Zuli

La ausencia es quizá la mejor vía para pensar que el cielo es verdadero,
que todo se oculta tras una estrella de polvo y sordidez,
perdida tras la esperanza de una doble vuelta sin giro,
reluciente espacio de consciencia sin sentir.

Prefiero que me amarren de las manos, que me cierren la boca,
que me aten los dedos, que me tapen los ojos,
que embaracen las piernas con una cinta delgada,
que me tiren al agua y me ahogue en la soledad de un mar infinito,
pero que nunca me dejen en silencio.

No sé por qué ha sido esta noche,
y no aquélla, y no esotra, ni la última del mes anterior
cuando un instante se hizo eterno en la memoria
eterno en el éter del alumbramiento ideal,
en las cadenas de negatividad incesantes que giran
en torno a una mole de carne y astucia,
que la unen, la conectan, la entronan
como un ídolo adorado, ídolo de hierro,
impenitente, único, perfecto, inacabado,
—la realidad sólo puede ser inacabada
aunque añore ser perfecta—
y que resopla cada tanto un aire vacío,
un viento sin alma, un viento de hielo,
flujo material que no alienta, que consume,
un resuello último, casi lapidario, de un ser
que ha preferido disparar entre sus dientes
la última gota que no ha colmado su esperanza
consumido por los años, las horas y los voltios
de ese flujo tan tenso como simple,
desconocido y misterioso, sombrío como sus ojos
que cerrados yacen en medio de una llanura abisal
do la luz se vuelve preciado tesoro de cazadores
do la tierra se abre y se ciñe al mandato insulso de sus resquemores
lánguido, perennemente dominado por la aflicción de un ánimo perdido
entre olas de silencio reprimido, de calores que consumen sus desgarros

Esa noche, el silencio colmó su alma de resquemores
de viajes constreñidos por la precipitación granítica desde el suelo
obligome —espetó indignado— a regresar, vacío, seco de manos,
cruzado por las saetas de un viajero primitivo, en advertencia de su riesgoso trayecto
ahora para él soy el abyecto, el ínfimo ser soberbio, de ínfulas gloriosas y vanaglorias de oquedad de sentimiento,
él descubrió esa naturaleza nuestra, y quiso prevenirnos
fracasó, solemnemente fracasó, su zozobra nos divierte, su dolor nos eleva
a lo más profundo de su ser, sitio turbio, desorbitado por completo,
sin coordenadas ni direcciones, vacío como el ser que negamos no ser,
admisión, admisión, nos falta admisión —insiste—
y resuella nuevamente: calma, la vida resguarda la paz a los sabios,
la vida se ensaña, la vida es cruel, la vida es prófuga de la vida,
la vida huye de sí,

"que cerrados yacen en medio de una llanura abisal..."

—Serás tú— le responde—, serás tú y tus culpas
quienes huyen temerosos, quienes renunciáis a marchar descalzos
dotados como siempre de refugio para la cabeza, pero no para la tierra
dejad de pensar en ustedes —replica, insidioso—
hablad por si acaso con las manos, hablad por precaución con el cuerpo,
renunciad a su estancia perezosa, a su mínima perseverancia,
frotad sus manos contra otros cuerpos de silencio y de pavura,
rozad con sus lenguas la legítima vindicación propia,
aceptad que no sois más que un cuento,
una fábula de riquezas solitarias, de sabores desabridos,
de inconexos eventos azarosos, sois accidente, sois permanencia,
sois detestablemente fatuos, faltos de ánima y querella,
y os quejáis de sí, os quedáis hablando de vosotros, no de vos
rozáis temerosos la balsa de un explorador frustrado
queréis animarlo, sin animaros primero

Deja ya de ignorarme, léeme, escúchame, siénteme una caída de arena
—relumbra el sol bajo su mirada, ciego de mí y de sí mismo—,
deja ya  de perseguirnos, vital y coherente, señal de indecencia,
deja ya de apropiarte de mis manos magulladas por las ramas,
deja ya de robarte mi sangre contaminada de experiencia
líbrate de ese celo temeroso de no ser lo que miras, de ser lo que piensas,
abandona este punto de partida, anega tu boca con el crimen perfecto
grita, consume, devora, selecciona entre nosotros, pero no nos juzgues,
domina con tus cúmulos de cifras indecisas, duda con ellas,
extorsiónanos con ellas, captura nuestras caras en sus trazos
adáptalas a ti y a sí, frénalas en medio de un espacio roto por tus engaños
juega a que nos dices qué hacer, coacción de verdad, no ficticia
ruega por nuestra eterna libertad aunque te comas parte de ella,
tima por placer, no por lucro, que tus dichos se pudran en la falsa realidad que te acongoja,
recuerda que no todos nacen donde la historia los coloca,
recuerda que las liebres abandonan la madriguera, que los brotes se agotan algún día,
suplica que te perdonen, suplica por que no nazca más este mundo,
reescribe su nombre una y otra vez, que sea él quien renuncie a serlo
no lo ordenes tú, no lo fuerces, destrúyelo con tus turbias intenciones,
con tus asquerosas manos de riqueza, de ambición, de desprecio
y que tu mundo se agote en mis palabras, que se sublime con el aire que lo bordea,
que te quedes en silencio, que te agotes de ti mismo,
que rompas la trayectoria de un descuido y la formes de deseos,
arregla los papeles y pórtalos bajo el brazo, no niegues tu procedencia
será lo único que serás por siempre, bases de pasado, propias, recogidas como guijarros por el camino menos explorado
vagas reminiscencias de una figura que se borró en el occidente, de un triste golpeteo que no cesaba, de un canto de glorias y calesas,
de alucinaciones puras, básicas, con rodajas de intrusiones e invasiones,
exceso de letras, carencia de ideas, vueltas y giros, saltos intempestivos,
tu silencio me dota de autoridades inquebrantables,
ahora has caído en el descalabro que he asechado tiempo ha,
no te escaparás de este engaño, acaso el más simple, el más sombrío,
rueda por la colina y azótate contra el fin, no vuelvas a repetirlo, no valdrá la pena,
tira para afuera eso que decías ser, concrétate a no ser más silencio, roña y fetidez,
que te abominan, que te detestan por no saber rumbo alguno, que te aquejan desde tiempo
por esclavizarte a un árbol sin raíces, por dejarte ser por ahí, por alojarte en una casa sin dueños,
ruega una vez más, no por ti, sino por ella, por esa mansión de sinsabores, por la lúgubre luz que se colaba por los resquicios más diminutos, y que te dejaron sentir una noche más
que la vida no se había perdido por completo, que las cosas aún guardaban dentro de sí las imágenes de tu viernes, de tu lunes sesgado por una miniatura, conturbado por saber que te escapabas a sus deseos,
por eso te ha atacado, y quisieras afirmarlo tajantemente,
y sabes que no tiene razón, lo obedeces, y te entregas a su inocencia corrompida,
labras un surco de arterias y vasos sanguíneos, acuñas en tu nombre una cita de García Márquez,
reniegas tus pasos, abjuras tus rezos, absuelves a otros de la culpa de ser quien eres,
sonríes con tus lágrimas bañando sus delicadas hojas,
arrancas un pétalo de su corazón y descubres que no hay nada,
vacío, nuevamente vacío, vacío de esperanzas, vacío de fortalezas,
área de dolor incoloro, de sufrimientos inversos, de direcciones angulares,
perversiones imaginadas por un ángel que te cuida, que te desea la perdición, que procura tus accidentes, que vislumbra lo que será de ti, y te lo niega, y te lo evita, y te prueba, y te juzga, y te extorsiona, como hiciste con nosotros.
Ahora no dices nada, ¿verdad?, no dices nada
ahora sabes que te han vencido con eternidades y falencias,
que el indómito despertar y ser felices no te cuadra entre tus ojos
que la suma de la perfección con la inmanencia no caben en ser alguno,
que las noches transcurren pasivas, taciturnas,
que tus reflejos se despiden de sí mismos, que te partes en dos sin ser exacto
y que el díscolo andar de tus navegaciones se pierde, se pervierte
merced a qué si no a tus desdenes, a tu negligencia,
a tus pasos de cordero bajo coerción del predador domesticado
engaño, triste engaño, pensarás, pero te niegas,
y el respiro que te faltaba se agota como un día, en el momento más impredecible y arbitrario
y te han robado la cruz y la malicia,
y te han expoliado de tus frentes y tus enveses
y ahora no eres más que el cordero, no eres más que un salvaje cordero
encerrado entre barrotes de jirones, prisión misma del divino santurrón que te encarcela
y que temes renegar por ser tú, por ser tu mismo reniego.

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