Clasificación “C”


Por Natalia García

Generalmente cuando escuchamos la palabra “censura”, de manera inmediata la ligamos a fuertes escenas de sexo, violencia desmedida, palabras altisonantes y más recientemente, al caso que protagonizó Carmen Aristegui o la controversia causada por el documental mexicano Presunto Culpable. Estos dos últimos casos, blancos de la censura, dan la pauta para la reflexión y para el cuestionamiento individual: ¿qué tan presente está la censura en nuestro día a día?

Si partimos de la premisa “censurar es limitar”, este término podría ser aplicado a casi cualquier aspecto de nuestra vida. La realidad es que somos inconscientes de la censura hasta que conocemos lo censurado; es decir, si siempre se vive en ella, es imposible percatarse de que uno se encuentra inmerso en la misma. Pero para poder afirmar o corroborar que vivimos en esta censura, primero tenemos que conocer en qué contexto se habla de ella.

En el artículo Censurar del autor Daniel Caséz, publicado en la Revista de la Universidad de México, censura tiene varias acepciones. Él platea este concepto como un sinónimo de corrupción, capitalismo, medios de comunicación, negligencia, en fin, una serie de limitaciones que encontramos presentes a diario y que no precisamente las consideramos propias de la censura, y ése, según Caséz, es nuestro error.

Desde que nacemos somos censurados según nuestro sexo, nuestro género, y conforme vamos creciendo, vamos acumulando momentos en los que jugamos el papel de víctimas de la censura. Como consecuencia, vivimos en una incomunicación tanto a nivel social como individual, diría Carmen Millé en su libro La necesidad de comunicarse.

Desde el punto de vista de Millé, la censura es este conjunto de estereotipos y prejuicios establecidos por el sistema en el que estamos inmersos y que de manera consciente o inconsciente, queramos o no, es nuestro pan de cada día. Nos explica que con un determinado actuar, nos vemos señalados por la sociedad; es decir, en la actualidad nuestras acciones se rigen conforme al “qué dirán”, y eso de alguna forma u otra, nos limita, nos censura.

 

"hasta por nosotros mismo somos censurados" (techlosofy.com)

Esto complementa, y a su vez nos remite a lo que decía Caséz: la censura está presente no sólo desde que nacemos, sino desde el momento en el que no ejercemos nuestros derechos o éstos son transgredidos por alguien más, desde que nuestra forma de actuar y pensar se encuentra predeterminada por el sistema, pero sobre todo desde el momento en el que nos vuelve parte de esta censura, pero ya no como víctimas, sino como verdugos.

El tipo de censura que observamos en nuestros días no sólo se ve reflejada en la culpabilidad que puede llegar a sentir una mujer que abortó, o en el coraje y enojo que un periodista pueda sentir al ser despedido por hacer su trabajo, o en la preocupación de un productor al ser prohibida la publicación de su documental. Todo lo anterior sí es censura, pero lo que tratan de explicar Caséz y Millé, es que esta censura la vivimos desde nuestra forma de vestir, de actuar, de pensar, de hablar, e incluso desde nuestra forma de amar, vamos, de sentir. Pero ¿a qué me refiero al decir que estamos censurados hasta en nuestra forma de sentir? Si lo analizamos, todas estas predeterminadas formas de ser, nos las han vendido como la receta infalible para alcanzar la felicidad, felicidad que no desarrollamos del todo porque se encuentra supeditada a lo impuesto por el sistema.

Tomando en cuenta lo anterior, podemos percatarnos de que en resumidas cuentas, hasta por nosotros mismo somos censurados al seguir todas estas pautas y reglas del juego impuestas por las distintas instituciones (familia, iglesia, cultura, gobierno, etcétera) que nos rodean y que finalmente nos hacen ser quienes somos.

Por estas distintas razones, es inevitable afirmar que no existe persona exenta de censura. Todos vivimos inmersos en ella al no gozar de todos los derechos y servicios que por el simple hecho de ser, ya no ciudadanos sino humanos, nos corresponden; al no expresarnos ni realizarnos  de manera libre sin ser señalados por la sociedad. Sin embargo, a pesar de todo ello, un punto esencial que Caséz saca a relucir es que, independientemente de quién sea el culpable, y lo arraigado de esta forma de vida, se puede evolucionar. Gracias a estos cambios, en la actualidad ya no son tan marcados ciertos roles dentro de la sociedad, alguien hizo algo al respecto. Y la realidad es que aunque suene trillado, el cambio empieza por nosotros mismos.

La censura es una forma de vida, un patrón conforme al que hemos sido. Es un patrón conforme al cual es muy válido vivir. Sin embargo, lo que no es válido, es permitir la imposición de formas de vida, y es todavía menos aceptable conformarnos con ellas. Se dice que cada pueblo tiene el gobierno que merece, bien, empecemos buscando la mejor forma de gobernarnos a nosotros mismos.

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Comments
One Response to “Clasificación “C””
  1. Salo Santiago dice:

    Durante el momento de nacer la censura se presenta por los roles a cumplir dentro de los márgenes de una sociedad propensa a realizar lo que el de enseguida hace, un cambio comienza con nosotros mismos cuando decidimos no seguir lo pactado, no callar la voz de protesta, no ser quien la sociedad que quiere que seas.
    Mi naty! Excelente articulo! Llamame mas tarde para discutir algunos detalles!

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