Racismo y futbol


Por Jorge Luis Cortina

México es un país en el cual el discurso racista tiende a no ser considerado como una de las discusiones importantes en la sociedad. En un país en el cual la mayor parte de la población surge del mestizaje, nociones sobre la pluralidad, la tolerancia y la multiculturalidad resultan un tanto más plausibles para el contexto del mexicano, y por tanto, hacen pensar que el racismo, como tal, podría no manifestarse en estos lares.

Sin embargo, hay algunos casos que asisten a desmentir esta perspectiva. Ejemplo de ello es lo ocurrido dentro del encuentro entre Santos Laguna y Cruz Azul, en donde el delantero del primer conjunto, Darwin Quintero (de origen colombiano) acusó al defensa del cuadro cruzazulino Rogelio Chávez de insultarlo con las palabras “simio de mierda”.

Sobre este hecho, dentro de los medios surgieron dos posturas principales, las cuales imperaron en el grueso de los especialistas que abordaron el tema. Por un lado, hubo quienes inmediatamente se solidarizaron con el jugador del Santos –la mayoría de la prensa y los periodistas–, asentándose en las nociones sobre tolerancia y pluralidad; por el otro, hubo quienes prefirieron estereotipar el acontecimiento, abordándolo de manera superficial e incluso irónica.

Lo último resalta, en especial, si se toma en cuenta que dentro del futbol profesional uno de los problemas que establece el mayor acuerdo entre los involucrados en el orbe es, precisamente, el combate a las manifestaciones racistas. Posturas de este tipo son encauzadas por la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), máxima autoridad del futbol en el planeta.

Ello se explica sobre el discurso que dicho organismo proyecta a través de este deporte, el cual pretende que se le reconozca no sólo como la actividad lúdica más extendida, sino que, a partir de esta realidad, intenta infundir ideas sobre la capacidad de inclusión que tiene el futbol en el mundo. La difusión de eventos como la Copa Mundial sustenta y transmite de manera prominente esta perspectiva.

El futbol, en su aspecto más romántico (e incluso en parte de los estatutos fundacionales de la misma FIFA, publicados en 1904) se concibe entonces como una herramienta que debe asistir a la creación de las relaciones amistosas entre las diversas etnias. Así, la discriminación es un hecho punible con la exclusión del ente responsable de dicho organismo (consúltese al respecto los Estatutos de la FIFA, versión agosto 2010. Disponibles en http://es.fifa.com/mm/document/affede-ration/generic/01/29/85/71/fifastatuten2010_s.pdf).

Sin embargo, la Federación Mexicana de Fútbol (Femexfut), encargada de velar por los estatutos anteriores en el país, no se ha pronunciado de manera clara caso denunciado por el futbolista colombiano. Si acaso, han hablado de una manifestación de violencia intangible, de la cual se consideran incapaces para perseguir, y mucho menos, para tomar medidas al respecto. Por ello, instituciones como la Comisión para Prevenir la Discriminación (Conapred) intervinieron y, a la fecha, mantienen indagaciones para determinar las responsabilidades de los personajes involucrados en el hecho.

Ante esto, el aparente agresor ha preparado su defensa excusándose de que los insultos proferidos a su contrario surgieron de la pasión y “calentura” que cualquiera manifiesta durante el desarrollo de un partido. Asimismo, refiere a un aparente desconocimiento sobre las posibles repercusiones que sus palabras podrían tener en su rival y, por supuesto, en el grueso del público aficionado así como en los medios de comunicación.

Muchos jugadores reconocen que los insultos son elementos comunes en el desarrollo de todos los encuentros. A pesar de ello, el discurso antirracista manejado por la FIFA inclina a una posible estigmatización que, finalmente, derivaría en un castigo ejemplar a Rogelio Chávez, siempre y cuando se comprueben las acusaciones que existen en su contra. Entre tanto, el supuesto agredido deberá cumplir una sanción disciplinaria de seis encuentros de suspensión tras reaccionar de manera violenta al insulto del cual se quejó ante la opinión pública.

Este caso ilustra cómo es que los problemas sobre el racismo sólo se recuerdan cuando se presentan en arenas públicas, tal y como aquella que encierra al futbol de primera división en México. Y, a pesar de la supuesta inexistencia de estos casos en el país, el futuro podría deparar una nueva discusión sobre la aparente inexistencia del fenómeno racista en el país, al cual se suele concebir como una nación multiétnica, resultado de dos culturas que permanecieron unidas por trescientos años.

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