Fenomenología de la Catástrofe


Ensayo

Abigaíl Mancilla Gómez

Windows of the World es una constante interrogación sobre la existencia humana, un diálogo interno del autor consigo mismo, y una desesperada manera de forjar respuestas hipotéticas ante preguntas de esas que no tienen respuesta.

Frédéric Beigbeder, escritor francés, autor de 99 francos, libro del cual se realizó una alucinante adaptación cinematográfica, lleva a cabo en esta obra un juego de reflexiones filosóficas complejas pero abordadas con un sarcasmo exacerbado, el mismo que el ser humano utiliza cuando quiere defender su integridad humana ante el sentimiento de incertidumbre, frente a la presencia de la catástrofe y ante la sensación de pánico que provoca la certeza de que lo único (seguro) cierto es la muerte, para la cual todos tenemos un pasaje que sólo incluye el viaje de ida.

Contextualizada en los ataques perpetrados a las torres gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001, a las 8:45 am, la novela narra la historia de Carthew Yorston, y sus dos hijos, David y Jerry quienes en un desafortunado capricho del destino, se dirigen a tomar un desayuno al Windows of the World, un exclusivo restaurante ubicado en el piso 107 de la torre norte.

Para Carthew y sus hijos, el futuro llega a un solo lugar. Las primeras palabras de la obra son clave para entender el vertiginoso proceso que el lector se arriesga a vivir, desde que abre el libro: “Ya conocen el final, todo el mundo muere”.

“¿Por qué leerlo entonces si me han dado un final anticipado?”, podría preguntarse quien lee el libro. El mismo autor contesta tal duda unos capítulos más adelante: “cuando no conoces el porqué, al menos tienes que explicar él cómo”.

En general, el libro es una gran pregunta de sentido, es un texto que toma como punto de partida un hecho insólito y sin precedentes, como al atentado en Nueva York, para preguntarse sobre del sentido de la existencia humana y de la experiencia de nuestra presencia en el mundo real.

Por ello, el hombre edifica monumentos y trata de dejar huellas representa un intento por dejar constancia de lo que fue; sin embargo, antes de plantearse esta posibilidad se debe tener en cuenta, el hecho de que somos seres cuya existencia se comprueba de manera eficiente, únicamente por medio de un instrumento inherente a nuestra especie: el lenguaje.

Los seres humanos podemos constatar nuestra existencia sólo por medio del lenguaje. No se nombra lo que no existe, y lo que existe, sólo lo hace cuando se le evoca por medio de un acto de enunciación (referencia de esta idea). Beigbeder se pregunta: ¿Cómo comprobamos nuestra propia existencia?; y la respuesta es: por medio del habla.

Cuando el autor dice: “no se ve, luego no existe”, no significa que al no ser visible no haya prueba de su existencia. El hecho es que debe haber algo (un registro, una imagen, un objeto) que permita a otro sujeto enunciar y dar fe, a través de sus palabras, de la existencia de algo o alguien en particular. Es un efecto similar al que se ve en los medios: si no se nombra (a pesar de las pruebas materiales) entonces no forma parte de la realidad.

El hecho es que donde existen vacíos de significado, el hombre, en su afán por darle un sentido a todo lo que ocurre con él, crea y recrear signos, construye su realidad a partir de objetos que tiene a la mano, mismos que se trasforman en signos cuando un sujeto toma conciencia de ellos.

Dentro del libro, el autor realiza toda una crítica en torno al manejo mediático en relación con el suceso y en general, al manejo que se le da a cualquier tema de interés mundial, lo cual da como resultado que los medios construyan la realidad a partir de sus propios intereses.

Sin embargo, quizá la apuesta más interesante de la novela sea el uso del recurso fenomenológico para crear sensaciones inusitadas en el lector. La fenomenología  explica un fenómeno desde la toma de conciencia de los individuos que lo experimentan y apoyado por el poder de la palabra. El autor construye en su mente una idea de lo que pudo haber pasado aquel día en el lujoso restaurante.

El autor parte de un personaje y su experiencia individual para manifestar las posibles sensaciones de los demás individuos que perecieron aquel trágico día y los momentos de angustia que vivieron. Lo interesante es el método que utiliza para tomar conciencia de un fenómeno del que no fue testigo.

Con el objetivo de transmitir hasta cierto punto algunas de las sensaciones vividas durante la tragedia, el autor realizó varios experimentos, como bajar corriendo 57 pisos, en un intento por recrear impresiones corporales y sentimientos como el miedo.

Es así como a base de un exhaustivo proceso de interiorización del fenómeno, Frédéric Beigbeder logra una resultado          que posee interesantes posibilidades de análisis dentro de un contexto donde la ficción en numerosas ocasiones muestra una imagen más cierta de la realidad, que la realidad misma, aunque después de todo, como dijo alguna vez el escritor mexicano David Martin del Campo, “lo cabrón de la realidad, es que es real”.

Bibliografía:

Beigbeder, Fréderic. Widows of the World. Editorial Compactos Anagrama. Barcelona, España. 2006.

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