El Día del Trabajo y la reforma laboral


Francisco Javier Montaño

El próximo 1 de mayo se cumplen 115 años desde que 200 mil obreros estadunidenses se manifestaron en Haymarket Square en Chicago, en demanda de mejores condiciones de trabajo. Hoy, las perspectivas laborales en México dejan mucho que desear en comparación con las “ocho horas de trabajo, ocho horas de sueño y ocho horas para la casa” que al final la clase obrera mundial conquistó después de ése 1 de mayo.

En México, los trabajadores celebrarán el Día del Trabajo frente a una iniciativa de reforma a la Ley Federal del Trabajo impulsada por el secretario del Trabajo, Javier Lozano y reeditada por la bancada priísta, después de algunas protestas de los tricolores en el sentido de que “la propuesta del secretario Lozano no hace justicia a los trabajadores de México”. Salió lo mismo, pero de diferente color. Los dos partidos buscan, dicen, “aumentar la competitividad y modernizar el sistema laboral mexicano”.

Entre los puntos principales de la iniciativa presentada por Acción Nacional y masticada por el PRI está la regulación de los contratos temporales a prueba y por capacitación y la ampliación de la jornada laboral y la acumulación de horas mensuales. También se busca ampliar los motivos de cancelación de registro de los sindicatos, así como sumar pasos al trámite de un contrato colectivo de trabajo.

En el mismo cauce, se plantea negar la huelga cuando los argumentos sean presentados de forma deficiente y, ya con una base de poder patronal notable, se dice que “patrón y trabajador podrán acordar que los días de descanso obligatorio se disfruten otro día”.

A la iniciativa se le puede ver las ventajas de que regula prácticas laborales de naturaleza empresarial que, sin ser incluidas en la ley, dan a los patrones demasiado poder sobre los trabajadores; sin duda la mediación a través de la ley es deseable.

No obstante, lo más importante de la iniciativa es la cantidad de trabas y restricciones que la “modernización” acarrea para los trabajadores mientras facilita el accionar de los patrones. Por ejemplo, la acumulación de horas mensuales se encuentra a dos pasos de desaparecer de la ley el tiempo extra; la regulación de los contratos temporales es la palabra bonita para el despido injustificado, pues no te corrieron, simplemente “se venció tu contrato”.

Para nadie es un secreto que Lozano se ha conducido, durante toda su gestión, bajo una lógica empresarial que busca dar a los patrones mayor seguridad de inversión. El problema no es ése, pues podría aducirse que otros países han reportado incrementos en la calidad de vida de los trabajadores a través de reformas correspondientes a una economía de mercado.

El quid del problema en México es el estado de indefensión casi total en el que son dejados los trabajadores en el entendido de que estas medidas atraen la inversión extranjera; se pasa por alto, no obstante, que dadas las condiciones de inseguridad provocadas por el narcotráfico, los empresarios extranjeros no ven en México un destino de inversión seguro. No importa que sea un paraíso fiscal, México no es buen lugar para los negocios.

Así pues, el círculo se cierra: en tanto que no se crean los suficientes empleos, ni se les da seguridad suficiente a quienes los tienen, el narcotráfico es territorio fértil para captar desempleados además de ahuyentar la inversión extranjera que ni con legislaciones laborales laxas invierte aquí.

Una reforma laboral, aprobada en fast-track por PRI y PAN es, además de una traición tricolor a las bases sobre las cuales el PRI fue estructurado, una “modernización” que, en lugar de mediar, sólo inclina la balanza a favor del empresario a favor de la creación del empleo sin seguridad social ni protección al trabajador.

¿Es que Javier Lozano no se da cuenta de esto o  más bien se da cuenta pero lo niega como por instinto? Hace unos meses negó las cifras emitidas por la Comisión Económica para América Latina (Cepal) acerca de que en 2010 México fue el único país de la región en el que los salarios mínimos se redujeron o.6%. Seguro que puede negar alguna otra estadística desfavorecedora.

Desde esta óptica, con presiones de Lozano y los diputados panistas por aprobar esta reforma, es que los trabajadores mexicanos celebrarán el 1 de mayo.

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Comments
One Response to “El Día del Trabajo y la reforma laboral”
  1. Zedryk R dice:

    No sé. México puede ser o no un lugar adecuado para la inversión privada según sea el giro del negocio. Véase las empresas privadas de Israel: exigieron al gobierno seguridad para la inversión extranjera hasta que vieron que era igual o más rentable negociar con la burbuja de la seguridad inflada por EE. UU. después del 11-S. Así, es espléndido que se mantengan las condiciones de inseguridad en una región para que ciertas empresas muy pragmáticas puedan comerciar tecnología punta (con los gobiernos) para la prevención del delito y la vigilancia. Voilá.

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