La FIFA: ¡Qué bonita familia!


Por Roberto Ruiz Carmona

De manera formal, la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) es una institución cuyo número de afiliados supera al de la ONU, el órgano rector del futbol mundial y también, una organización encargada de promover el buen juego o Fair Play. Sin embargo, por la amplitud de sus operaciones, los intereses de las marcas patrocinadoras y un sinfín de rumores acerca de corrupción en su interior, la federación que preside el suizo Joseph Blatter es, hoy por hoy, sinónimo de dudas y antítesis de los valores que promueve.

La corrupción, los vínculos comerciales con empresas trasnacionales y la gestión de Blatter, han hecho pensar que el discurso de la FIFA está en crisis. Muchos de sus miembros denuncian manejos turbios, la reducción del organismo a una marca y, una “dictadura” ya insostenible que, desde 1998, definió el rumbo del balompié mundial.

En días recientes, un correo electrónico dirigido al secretario general de la FIFA, Jerome Valcke y publicado por el vicepresidente de la institución, Jack Warner, acusa la compra de votos a la candidatura del mundial de Qatar 2022. Según la denuncia, más de 1.5 millones de dólares fueron repartidos entre algunos miembros de la federación a cambio del sufragio en pro de la causa qatarí y, su supuesta ejecución, a cargo de Mohamed bin Hammam, presidente de la Confederación Asiática (AFC) y aspirante a presidir la FIFA, fue un plan para limpiar la reelección de Blatter.

A dicho rumor, le sucedieron declaraciones que caían en contradicción. Mientras Valcke decía que era un mal entendido, Warner, fue suspendido temporalmente por la Comisión de Ética de la FIFA por sospecha de corrupción, Hammam renunciaba a su candidatura y Blatter declaraba al periódico británico The Sunday Times que no descartaría el volver a celebrar la votación para la copa del mundo en 2022.

¿A quién creerle? Quién sabe. De esta crisis que niega el comúnmente llamado Sepp, pueden extraerse dos suposiciones. En primera, queda manifestado que los intereses de la organización han rebasado su condición normativa y de promoción futbolística para adquirir rasgos meramente empresariales e incluso, políticos. Y en segunda, como se demostró hace algunos días, quien detenta todo este poder, se empeña en presidir la institución por más de 15 años.

Para dimensionar el asunto y la lucha de intereses, le recuerdo estimado lector, que la FIFA tiene una familia compuesta por 208 asociaciones de distintos países y que, para sostenerse hace uso de alianzas comerciales con marcas como: Adidas (cuya cifra de ventas supera los 10 mil millones de euros), Coca-Cola (con ganancias cercanas a los 14 mil millones de dólares), Hyundai Kia Motors (que apoya con 900 automóviles y 3600 autobuses al comité organizador de copas mundiales), Emirates (compañía aérea que en conjunto con el club inglés Arsenal, sostienen el patrocinio más caro en la historia de su liga e incluso, los derechos de nombre para el estadio de la entidad), SONY (Marca líder en electrónica) y VISA (prestador de servicios financieros que goza de una cifra récord de ventas mayor a 4.6 billones de dólares).

Si aún así no resultan definitivos los alcances de la FIFA como negocio, permítame hacer comparaciones a nivel de naciones. Por ejemplo, el Producto Interno Bruto (PIB) de algunas naciones africanas es inferior a los más de 4.000 millones de dólares de ingresos anuales en la federación. Países como Gambia, Belice, Dominica y la República Centroafricana sobreviven con menos dinero del que posee el órgano rector del futbol mundial (sin contemplar aún, las entradas que tiene dicho organismo por concepto de contratos televisivos).

Brasil, por seguir ilustrando, albergará la máxima fiesta del balompié y de ello, se percibirán ganancias cercanas a los 36 mil millones de dólares, una generación de empleos que ronde la cifra de 700 mil y firmas millonarias por contratos con empresas multinacionales.

La empresa dirigida por Blatter es además de un negocio rentable, un cúmulo de poder en pocas manos. Si bien los eventos deportivos han beneficiado la mística del juego y considerado a la mujer, a los más pobres o a quienes desconocían las virtudes del futbol, también, la mayor parte de las ganancias están sujetas a la administración del Comité Ejecutivo que contempla sólo a un presidente, 8 vicepresidentes, y 15 miembros especiales.

Aunque haya una rotación periódica de la presidencia, el cuarto mandato de Blatter es para muchas asociaciones miembro, un exceso que demanda cambios urgentes. Desde las declaraciones de Maradona calificando a la FIFA como “un museo lleno de dinosaurios que no quieren a abandonar el poder”, hasta la indignación de la Federación Inglesa de Futbol (misma que acordó abstenerse del voto en la reelección de JB y que, en cuanto a las candidaturas mundialistas, denunciara un sistema de elección manchada por actos corruptos), hay opiniones negativas.

Estos hechos, comprobados o no, vienen desde tiempo atrás. El asunto no es de semanas recientes y las declaraciones o actos desprendidos, hacen posible la formulación de distintas explicaciones. Por lo menos, como aquí se ha mostrado, los intereses de la organización, su capacidad financiera y el último nombramiento en la presidencia de FIFA (conseguido por a 186 votos de un total de 208), reflejan un agresivo juego de poder y no tanto la benevolencia de su himno oficial o el Fair Play.

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