Ohio State


Por Jorge Luis Cortina

Tal vez en nuestro contexto este nombre no represente mucho. Sin embargo, para cualquier seguidor del futbol colegial de los Estados Unidos, el nombre de esta universidad es sinónimo de un programa deportivo sólido, histórico y emblemático para la National Collegiate Athletic Association (NCAA) (en español: Asociación Nacional Atlética Colegial), órgano rector de todos los deportes en equipo que involucran a las instituciones académicas norteamericanas.

Ohio State es una de las fábricas más importantes de jugadores a la Liga Nacional de Futbol Americano (NFL, también en inglés). En los últimos años ha sido particularmente famosa por la producción de receptores de gran renombre (como Santonio Holmes, hoy jugador de los Jets de Nueva York pero héroe de los Acereros de Pittsburgh al conseguir el touchdown de la victoria en el Súper Tazón XLIII frente al cuadro de Arizona).

Aún así, hoy día, los también conocidos como Buckeyes son objeto de atención por asuntos extra cancha. La reciente destitución de su entrenador Jim Tressel vino a cerrar un conjunto de errores e ignominias que, entre muchos, encierran consigo la nebulosa relación del estudiante-atleta con su institución educativa.

Todo inició durante los primeros días del pasado mes de diciembre. Por esas fechas la propia NCAA acusó a cinco jugadores de Ohio State –incluido al quarterback Terrelle Pryor, proyectado para ser uno de los más buscados dentro del Draft de la próxima temporada– de recibir dinero y trato preferencial en un salón de tatuajes que, hasta ese entonces, era objeto de investigación por supuestos actos de tráfico de drogas.

Tressel firmó durante ese periodo una declaración ante este organismo, en la cual aseguraba no tener conocimiento de este hecho. Investigaciones periodísticas reportaron meses después que en realidad el coach de los Buckeyes sabía perfectamente de ello. Al mentir, este personaje violó, por un lado, las disposiciones legales de la NCAA y, por otra parte, incumplió con una de sus obligaciones contractuales con la Universidad de Ohio State: vigilar que sus jugadores no reciban incentivos económicos por sus actividades como miembros de una institución académica.

Todas las ligas colegiales norteamericanas concentradas por la NCAA prohíben tajantemente la figura del pago a los atletas-estudiantes. Hasta convertirse en profesionales, ninguno de ellos tiene permiso de comercializar su imagen, ni mucho menos, de cobrar un sueldo por su participación en el equipo de su universidad. Al ser mantenido por ésta mediante una beca deportiva, la asociación en cuestión no espera que los jóvenes puedan lucrar con el nombre de las instituciones que les dotan de una escuela.

Al menos en Ohio State esto no era así. La revista Sports Illustrated de esta semana (http://sportsillustrated.cnn.com/2011/magazine/05/30/jim.tressel/index.html#) reporta cómo es que, desde hace 8 años, el coach Tressel había ignorado que sus pupilos intercambiaban, e incluso, vendían memorabilia (es decir, suvenires u otros objetos que los atletas-estudiantes utilizan dentro de los encuentros y después comercializan al mejor postor).

Los únicos castigados por este hecho fueron Pryor y sus cinco compañeros acusados en diciembre. Y, a pesar de eso, todos ellos pudieron jugar en el último Tazón del Azúcar, en el cual vencieron a Arkansas por 31-26. Pryor sería considerado también como el Jugador Más Valioso (MVP, por sus siglas en inglés) dentro de ese encuentro.

Y Jim Tressel fue el responsable de ello. Aún con la sanción y la investigación de la NCAA a cuestas, el entrenador de los Buckeyes ignoró de nueva cuenta los hechos. Por ello, su nombre hoy es objeto de escándalo y crítica.

Alguna vez considerado como el ‘senador’ –acorde con algunos ex entrenadores y jugadores de Ohio State, Tressel es reconocido como un hombre sincero, amable y devoto de Dios–, Tressel llevó a este equipo al campeonato nacional (en 2002) tras 34 años de sequía. Pero ahora es parte de una espiral descendente, de la cual tras varios años ha terminado de caer.

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Comments
One Response to “Ohio State”
  1. Oliverio dice:

    Estimado autor, yo no sé nada de fútbol… y menos aún de su variante americana. Pero conozco alguien que algo tiene que ver con su artículo. Quizá le interese más información sobre Ohio State. Si es así, ¡escríbame!

    ¡Go Bucks!
    ¡Michigan sucks!

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