¿Socialismo en México?


Dante Alberto Montaño Brito

Las estadísticas de distintas organizaciones, incluidas las oficiales como la ONU, hablan de más de 3 mil 500 millones de pobres en el mundo de un total de 7 mil millones que forman la población mundial; y coinciden en que esta cifra, lejos de disminuir, aumenta aceleradamente día con día. Es  decir, cada día crece el número de gente que no tienen vivienda, alimentación suficiente, medicina, ropa, calzado, que no sabe leer ni escribir, que vive al margen de la civilización; sin la luz eléctrica, agua potable, drenaje. En México, por ejemplo, el número de pobres rebasa los 80 millones de los más de 112 millones que somos. Y también aquí, como es lógico, las cifras, lejos de disminuir, tienden a incrementarse.

Ahora bien, ¿por qué hablar de la pobreza? Porque con estos sencillos pero contundentes datos se demuestra que el capitalismo no puede ni quiere resolver los problemas del grueso de la población, debido a su propia naturaleza perseguidora de la ganancia y el lucro para unos cuantos. Esto demuestra pues, que con el fracaso de los proyectos económicos distintos al Modo de Producción Capitalista (MPC), como los socialistas del siglo XIX y XX, desaparecieron posibles soluciones, pero no desapareció el problema.

 

LOS SOCIALISTAS EN MÉXICO

México, por tanto, al estar inmerso en el MPC, no escapa de esta tendencia mundial de incrementar la desigualdad social, por eso resulta conveniente e incluso necesario, reflexionar sobre la viabilidad de un modo de producción diferente al capitalismo, que tenga como propósito, justamente resolver los problemas del sistema. Por eso vale la pena preguntar: ¿qué pasó en México con los proyectos socialistas?

Partimos de la idea de que los socialistas en México se dividieron en dos grandes corrientes: por un lado, los socialdemócratas, los “eurocomunistas” como se les denominó en algún tiempo; y por otro lado, los socialistas soviéticos, seguidores de lo que se conoció como el “socialismo real”.

 

SOCIALDEMÓCRATAS

Para la mejor compresión nos remitimos a sus antecedentes históricos. La actual corriente socialdemócrata nació cuando Karl Kautsky, intelectual alemán educado en las ideas del socialismo científico bajo la dirección de Engels, negó, aunque no de forma abierta, varias tesis de Marx. Contemporáneo de Kautsky, Eduardo Bernstein desarrolló hasta sus últimas consecuencias muchas de las ideas y afirmaciones que en Kautsky sólo se insinuaron, a tal grado que es la doctrina de Bernstein, y no la de Kautsky, la que ha pasado a la historia como la Biblia de la socialdemocracia.

Berstein postuló como falsa la teoría de la lucha de clases y su agudización con el desarrollo del MPC, propuso la colaboración de las clases de manera que se encontrara un punto de equilibrio y sostuvo que el crecimiento del MPC traería consigo la solución de las demandas legítimas de los trabajadores, razón por la cual, la lucha entre ambas clases, en vez de agudizarse como profetizaba Marx, se atenúa y tiende a desaparecer. Concluía que la revolución no solamente no es posible, sino resulta innecesaria. La sociedad puede perfeccionarse mediante reformas. La socialdemocracia resulta la antípoda del socialismo científico.

Ahora bien, para finales de los 80, parte de la “izquierda” mexicana se adentró en el camino de la socialdemocracia, tendencia que se consumó con la creación del Partido Mexicano Socialista (PMS), hecho con el cual las organizaciones “izquierdistas” se despojaron los últimos restos de la teoría del socialismo científico.

En el PMS, todas las organizaciones se dedicaron a tratar de unir a “todas las clases democráticas” del país. Con esta “alianza nacional” se propusieron conquistar el poder mediante la lucha electoral y construir, “desde arriba”, un “socialismo democrático”, “pluralista” y que no provocara ningún malestar social.

“SOCIALISMO REAL”

Por otro lado, los socialistas mexicanos partidarios de la línea soviética, aceptaron la tesis leninista de que la esencia del carácter revolucionario de una organización consiste en “hacerla revolución”, es decir, confiaban en su inquebrantable decisión de derribar a la burguesía del poder por cualquier medio. Esta tesis implica que la humanidad entera había entrado en la etapa superior del capitalismo mundial (como la afirma Lenin en “El imperialismo, fase superior del capitalismo”), que el MPC se había convertido en un sistema históricamente agotado, sin posibilidades de sobrevivencia.

David Alfaro Siqueiros

El Proceso revolucionario de México. David Alfaro Siqueiros

Sin embargo, las tesis leninistas tomadas en conjunto implican que el socialismo sólo puede triunfar si se entiende a sí mismo, y actúa en consecuencia, como el sucesor natural y obligado de un capitalismo impotente y caduco, y no como la opción absolutamente superior, que puede y debe triunfar sobre el MPC en cualquier tiempo y bajo cualquier circunstancia.

Lo que no supieron o no quisieron entender los socialistas mexicanos de esta corriente, es que Lenin se equivocó en su apreciación acerca de las posibilidades históricas del MPC, equivocación que está en la base misma del fracaso del socialismo en la URSS. En efecto, derribar al capital del poder e instaurar por la fuerza la “dictadura del proletariado” cuando las condiciones históricas aún no han madurado, significa atentar contra la esencia misma del punto de vista marxista, significa sostener que el socialismo no es un proyecto sucesivo, sino alternativo al capitalismo.

Por eso, parte de la “izquierda” mexicana se plegó totalmente, sabiéndolo o no, a este último punto de vista y actuó en consecuencia: su meta fue siempre la revolución proletaria y no aceptaba ningún tipo de reforma, exigía el socialismo o nada. Y se vio condenada al declive hasta que cayó en el cardenismo, con fuertes emanaciones priístas, y en la lucha por una “revolución democrática”. Es decir, finalmente cayeron en una posición conciliadora con el sistema, tal como hicieron los socialdemócratas.

Sin embargo, el proyecto soviético es el experimento socialista más importante de la historia, muy por encima del eurocomunismo, por lo que resulta necesario hacer una pausa y analizar sus errores fundamentales, para acercarnos más a lo que podría ser un socialismo viable para nuestro país.

Por ejemplo: la cuestión de la propiedad. Éste es quizás el único punto de coincidencia de las distintas variedades de socialismo, las cuales consideraban a la propiedad privada como origen de la división de la sociedad en clases antagónicas. Por eso la propuesta de su abolición.

Conscientes de esto, los socialistas soviéticos expropiaron bancos, fábricas, medios de transporte, medios colectivos de comunicación, etc., y declararon todo ello “propiedad del pueblo” y lo pusieron en manos del estado soviético para su administración.

Pues bien, la experiencia del “socialismo real” demostró dos cosas importantes. Primera, que el “estado de todo el pueblo” no se limita a “administrar” la riqueza social, pues con ella y sin ningún control, el estado socialista rápidamente se corrompe.

Segunda, la propiedad social enajena los medios de producción a los trabajadores, es decir, éstos no sienten suya la riqueza que manejan, no sienten la propiedad colectiva con la misma intensidad con que siente la propiedad privada. La idea de “propiedad de todos” le suena lejana y utópica.

Este segundo efecto sumado al primero terminó por decepcionar al trabajador, el cual concluyó que lo de “propiedad de todos” no es más que un eslogan vacío que el estado maneja para explotarlo. Cuando llegaron a este punto los obreros, además, se declararon enemigos de su fábrica y del sistema que lo explota y engaña, e iniciaron la rebelión pasiva.

En torno a la cuestión del poder económico, Marx y Engels reconocían que en todos los sistemas económico-sociales anteriores al socialismo, la nueva clase dominante había comenzado a tomar fuerza en el modo de producción anterior. En otras palabras, todas las clases dominantes anteriores al proletariado se hicieron primero con el poder económico y después con el poder político.

Ahora bien, esto no sucedió con los trabajadores soviéticos. Éstos se lanzaron a la conquista del poder político basado solamente en su número, organización e importancia decisiva de su rol en el proceso de producción, pero no en su fortaleza económica. Los trabajadores tomaron el poder político sin tener casi ninguna experiencia en el manejo de la economía y la administración de un país. El “socialismo real” es el reflejo de la casi total ignorancia de la clase obrera en esa cuestión.

Y uno más: sobre “la dictadura del proletariado”. Hobbes afirmaba que, a cambio de que el estado le garantice al hombre la seguridad personal, éste le entrega su soberanía del voto. El estado adquiere así el derecho de mandar sobre los ciudadanos, lo que implica que éstos pierden todo derecho de oponerse a sus mandatos, es decir, proponía un estado autoritario y opresor.

Conscientes de esto, Locke y Montesquieu, modificaron la teoría de Hobbes y postularon la división de poderes (la legislativa, la ejecutiva y la judicial), base de la moderna democracia occidental. Sin embargo, ninguno de los dos conoció la teoría de la lucha de clases, por lo cual su “división de poderes” resulta una división entre miembros de la clase dominante.

Marx y Engels con base en la experiencia de la Comuna de París, propusieron como la mejor forma de gobierno para una sociedad recién surgida de la revolución proletaria, la “dictadura del proletariado”, misma que se ejercería a través de un órgano colegiado que concentraría en sí los tres poderes. Es decir, el rasgo esencial de la dictadura del proletariado es, precisamente, la supresión de la división de poderes burgueses y su reunión monolítica en un sólo órgano de poder colectivo.

Ahora bien, la experiencia del “socialismo real” demuestra que esta forma de estado y de gobierno, lejos de mostrarse absolutamente superior a la democracia burguesa como esperaban Marx y Engels, resultó claramente inferior, pues dada la falta de contrapesos y de controles que pongan un límite a su poder, rápidamente degenera en un gobierno autoritario, dictatorial, abusivo, mucho más parecido al Leviatán de Hobbes que al estado proletario racional, noble y justiciero.

CONDICIONES PARA EL SOCIALISMO

Dado que el capitalismo se muestra incapaz de resolver las grandes carencias e injusticias que padece la humanidad, y que lejos de atenuarlas las aumenta y agudiza, la derrota del socialismo no puede considerarse, bajo ningún concepto, como definitiva. Tarde o temprano la meta socialista volverá a ocupar el lugar central en las luchas de las clases sociales oprimidas por su emancipación definitiva.

Sin embargo, es innegable que algunas interpretaciones del socialismo han fracasado. Por tanto, no serán estas formas de socialismo las que la humanidad retorne en un futuro. Por tanto, resulta necesario, buscar nuevas salidas, ensayar nuevas soluciones que den respuesta al gran reto de hacer que el progreso social y sus frutos se repartan equitativamente entre todos los seres humanos.

Es necesario tratar de ensayar las posibles modificaciones para que ese socialismo del futuro asegure su triunfo y no fracase más:

1.- El socialismo del futuro no deberá intentar implantarse en el mundo sin antes asegurarse de que el sistema capitalista ha dado todo lo que puede dar y se encuentre históricamente caduco. En otras palabras, hacer que el capitalismo en México se desarrolle todo lo que pueda desarrollarse. Mientras esto no suceda, una verdadera revolución socialista será imposible.

2.- El socialismo del futuro deberá traducir el concepto de eliminación de la propiedad privada de los medios de producción en una especie superior: el cooperativismo; donde los individuos mantengan vivo su interés por el éxito de su trabajo y sean los beneficiarios de su trabajo. Volver a poner toda la riqueza social en manos del estado sería un error, que conduciría nuevamente al desencanto de los trabajadores y a la corrupción burocrática de dicho estado. Con un sistema así, el estado socialista se encargaría solamente, desde el punto de vista económico, de construir la infraestructura necesaria para la producción y para la vida de la sociedad en general.

3.- El proletariado no deberá intentar tomar el poder político sin antes haber capacitado y entrenado a una parte del mismo, en el sostenimiento de empresas de tipo cooperativo. Un proletariado sin experiencia económica para organizar, dirigir y administrar los asuntos económicos de la nueva sociedad socialista se convierte en el factor principal del derrumbe de esa economía.

4.- La “dictadura del proletariado” no deberá entenderse como un estado monolítico que concentre los tres poderes. Deberá aceptar una auténtica división de poderes que consista en que una parte del poder quede en el estado y la otra en el pueblo. En el estado debe quedar el poder ejecutivo, en manos del pueblo el poder legislativo, judicial (jueces elegidos por él) y el mando del ejército, pues sólo de esa manera podrá garantizar el cumplimiento de su voluntad, aún en contra del poder ejecutivo.

Es decir, un socialismo en México es posible bajo estas circunstancias, sin embargo, los que  pugnamos por una transformación de raíz a los males de nuestro país, no debemos quedarnos sentados esperando la revolución y el estado socialista, sino organizarnos para crear las condiciones subjetivas y objetivas. Trabajar en acelerar el sistema, presionarlo para que éste dé todo de sí. En pocas palabras, empujar la rueda de la historia.

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Comments
4 Responses to “¿Socialismo en México?”
  1. Yereed dice:

    Pregunta: si bien es cierto que la socialdemocracia plantea objetivos menos ambiciosos, no se podrían considerar a las socialdemocracias nórdicas como un experimento igualmente válido teóricamente hablando e incluso, en tanto que las reformas sií dependen del hombre, humanamente mÁs viable…

    • Me parece un tema interesante, que valdría la pena desarrollar en otro trabajo. Sin embargo, creo, desde mi modesto punto de vista, que la socialdemocracia tiene sus ventajas relativas. Si partimos del supuesto de que el socialismo es un proyecto sucesivo y no alternativo al capitalsimo, y si damos por cierta la tesis del socialismo científico la cual dice que el socialismo sólo será posible cuando el capitalismo se haya desarrollado al máximo, cuando el capitalismo haya dado todo de sí; entonces podremos decir, que la socialdemocracia tiene sus virtudes, es decir, a través de reformas y luchas económicas ayuda a que el sistema capitalista se desarrolle completamente, el error aquí es que muchos socialdemócratas niegan la lucha de clases y seguran que como el capitalismo es eterno, las clases antagónicas deben buscar la manera de unirse y enterderse armónicamente. Es decir, sí creo que la socialdemocracia es buena, pero relativamente, pues llegará un momento (y quizá esté más cerca que nunca) en que los graves problemas del capitalismo ya no puedan ser resueltos con reformas y por aumento de salarios para los trabajadores, sino que sea necesaria una revolución, una revolución socialista.
      Espero haya respondido tu pregunta Yereed. Saludos y gracias por leer. =D

      • ¿?El Preguntón¿? dice:

        Me gusta tu ensayo Dante pero considero equivocado parte de tu análisis sobre el socialismo real, pues no fue la inexperiencia de los trabajadores en la administración de las fábricas sino la paulatina formación de la burocracia en los órganos de decisión y por tanto el alejamiento de la masas de las decisiones propiciado esto por la tendencia a la unltracentralización practicada por los bolcheviques hacia el partido.
        En cuanto al concepto de dictadura del proletariado esta se entiende por Marx-Engels como el gobierno llevado a cabo por el proletariado esta idea la desarrollan en su libro La guerra civil en Francia, en Rusia lo más parecido a esto fueron los soviets que al final resultaron suprimidos por el Partido Comunista.
        Por estas razones hay que entender el carácter de la propiedad, Marx-Engels marcan que la propiedad se hace socialista a medida que se socializa, o se que está bajo administración de todos los que la trabajan, en el caso de la URSS esto no ocurrió, la propiedad siempre estuvo bajo control de la burocracia, en fin es bueno tu artículo te felicito.

  2. Lector dice:

    Hola. Me parece enormemente superficial el texto. Es increíble que quieras evaluar un periodo de la historia, quizá uno de los más importantes de la época contemporánea, sin un solo dato de la realidad, sin elementos precisos de los procesos. Tal vez una muestra clara de mi afirmación sea tu poco precisa y contradictoria, además de absurda, idea de que el socialismo sólo será posible cuando el capitalismo se haya desarrollado completamente y esté caduco, por tanto, hay que hacer que México se desarrolle lo más posible para poder construir el socialismo; luego dices que es necesario empujar la rueda de la historia sin esperar sentados a la revolución… en tu texto la idea de la revolución aparece muy velada. Ni siquiera consideras las tesis sobre el capitalismo como fenómeno histórico mundial (por favor, revisa el Manifiesto), con su lógica del desarrollo desigual y combinado, como tampoco el sentido político de la conciencia de la dirección política del proletariado: la cual empuja las condiciones objetivas mediante el desarrollo de las subjetivas (igual puedes ver las tesis sobre Feuerbach del Dr. Marx)… es obvio, porque incluso así lo anotas, que no podemos suponer el desarrollo total de la conciencia en todo el proletariado, sino el de su vanguardia que es sólo el estado mayor de la clase organizada en partido político (Gramsci). Por último, esa suposición de que las cooperativas deben ser la escuela de entrenamiento en economía de los trabajadores suena muy chabacana: ¿cooperativas en el mercado capitalista? ¿cómo se resuelve el problema de la acumulación socialista?

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