“La incertidumbre de una utopía sin propuesta”


Oliverio Orozco

Mis queridos tres lectores, como bien recordaréis, a esta pluma mucho le han preocupado siempre las quejas sin propuesta. Las quejas sin propuesta son cobardes y acomodaticias. Elaborar una queja propositiva exige un reto mayor, puesto que implica trascender, del sentimiento  de desagrado, hacia la idea de una solución; admitámoslo, siempre es más duro tener que pensar.

Esa transición del “no, porque no me gusta[1], al “no, porque de esta otra manera sería mejor[2]” implica una maduración emocional e intelectual de carácter superior y trascendental.

Anteriormente les propuse que la izquierda fuera observada como una categoría que se construye en función de la derecha, a su vez dependiente del status quo.

En genuino interés de comprender, me di por unos días a la lectura de autores populares entre quienes se dicen “de izquierda” y encontré, fruto del trabajo de Octavio Rodríguez Araujo (Izquierdas e Izquierdismo, p. 195) la idea que presento a continuación: […] ¿cómo lograr consensos en una ‘torre de Babel’ [la izquierda de hoy, según el autor] y cómo llegar a propuestas alternativas si sólo existen posiciones y movimientos contrarios al statu quo (comunidades de acción) mientras que los defensores de éste [la derecha coetánea, también según el autor] saben muy bien lo que han estado haciendo y hacia dónde van?“.

“Durante más de un siglo la izquierda era una corriente que luchaba por el socialismo; es decir, por un sistema alternativo al capitalismo. Ahora la izquierda es la que protesta, la que se opone a la globalización económica y al neoliberalismo y la que nos habla de humanización del capitalismo y de la construcción ciudadana del mundo. Es una izquierda que está más interesada en crear situaciónes de ruptura, como dijera Albertani[3], que en definir objetivos. Y aquí, a mi juicio, hay un gran problema: la incertidumbre de una utopía sin propuesta. Oponerse a los existente no es igual que construir otra cosa, y una actitud así puede ser […] regresiva, como ocurrió, por lo pronto, en Europa oriental”.

Considero que las ideas presentadas por Rodríguez refuerzan la concepción de la izquierda como un ente dependiente del estado de las cosas, y la convierten en una apelación para quienes disienten. Pero quiero llamar su atención hacia la frase que remarqué en negritas: “la incertidumbre de una utopía sin propuesta”. Ése es el principal problema de la izquierda de hoy, estoy de acuerdo.

El problema se agudiza, además, cuando la oposición al status quo no es una oposición racionalmente conservadora. Es decir, un “no, porque las cosas van bien”[4], sino un simple y a veces hasta cínico: “no”. Sin razones, sin argumentos, sin inteligencia, sin compromiso nacional.

Esto es lo que permite a aquellos enemigos del hombre, señalados desde esta palestra con anterioridad, hacerse con el control de nuestras mentes poco educadas. Decir “no” resulta sencillo, oponerse resulta intelectualmente barato, pero es sin embargo una actitud terriblemente irresponsable; un lujo impermisible para los habitantes de un país tercermundista como el nuestro.

La izquierda no debería ser una categoría  para quienes, simplemente,  no estén de acuerdo; debería aplicarse a quienes propongan algo distinto, nada más. Quienes se limitan a reaccionar sin proponer son eso: reaccionarios, parásitos, polizones, freeriders… o cazagoles”, como les dirían en mi barrio.

De esos hay muchos: representantes que tienen voz y siempre algo que decir ante los medios (aunque rara o ninguna vez proponen), que hacen teatro y toman tribunas -o las defienden con los puños- pero no arreglan problemas ni toman la palabra seriamente en la cámara; autoridades con “incapacidad probada”, protegidas por los fueros de una ley que no prevé la revocación de mandato.

Mexico, desafortunadamente, tiene hoy una izquierda de golpes de pecho, de oposición a la derecha; una izquierda que piensa en función de lo que dicta la derecha -no porque así tenga que ser, ni tampoco porque sus “integrantes” eso escojan, sino porque quienes la conforman no proponen nada diferente, sólo se oponen-. Una izquierda de la innacción, que no puede sino vivir en la “incertidumbre de una utopía sin propuesta”.


[1] O, del “no, porque lo dices tú”, como suelen hacer los ultras frente a cualquier idea que no se haya gestado en su propia cabeza; y peor aún: del “no, porque no se me ocurrió a mí”, como solemos hacer los dictadorzuelos.

[2] Por supuesto habrá quien se queje diciendo que “mejor” es una categoría moral. Ignóremosle, a menos que acompañe su queja con una propuesta… mejor.

[3] Claudio Albertani, “Paint it black. Blocchi Neri, Tute Bianche e Zapatisti nel movimiento antiglobalizazione”, <anarkid.interfree.it/paint.html>. (La cita es del original).

[4] ¡Ojo!, esto tampoco es lo mismo que “no, porque me gusta cómo van las cosas”.

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Comments
6 Responses to ““La incertidumbre de una utopía sin propuesta””
  1. Oliverio Orozco Partido dice:

    Esta publicación me parece que es una profunda reflexión sobre la situación política que aqueja a nuestro lindo y querido México. Quizás sería bueno que nuestros políticos se ocupasen más de mejorar nuestra Patria y no tanto de incrementar su patrimonio personal, porque eso nos perjudica a la mayoría de los mexicanos.

  2. Emanuel oliveira dice:

    Si: a cada argumento en contra, una propuesta que ayude, totalmente de acuerdo.

    Y si: esa actitud subversiva y radical, tan “izquierdista”, muchas veces encubre falta de inteligencia al elucubrar ideas que coadyuven, y mucho más, diría yo: A EMPRENDER ACCIONES CONCRETAS que pasen de la hoja al mundo, y de la utopía a la realidad.

    Esos izquierdistas, seguro leyeron “Marx para principiantes”, o “Anarquía: la muerte del Estado”; usan los textos como biblias, sin aportar nada nuevo, ni mucho menos, hacer nada nuevo (salvo la crítica ramplona).

    Ora pues: estas actitudes no sólo son sintomáticas de la izquierda. Ojo… mucho ojo.

    Saludos Contratiempo.

  3. Ramona dice:

    Det du skriver är intresant !
    men genom att bara berätta om hur vänstern är i sitt sätt och vara så borde du beskriva om hur högern borde förklara varför dem håller med och godkänner förslagen.

    Vänstern i detta fall borde lyssna på högern och följa dem förslag som fungerar i andra samhällen och länder.

    Högern borde göra detsamma och därigenom arbeta fram ett bättre system som fungerar på så sätt att man visar för varnadra att vi verkligen vill skapa ett bättre samhälle att leva i och utbilda sig med harmoni utan krig och våld som i detta skede existerar runt om i världen.

  4. Gracias a todos por sus comentarios! Y perdonen de antemano la falta de tildes.
    Es cierto: la izquierda no es la unica que se equivoca… pero es la que rebate.
    Recordemos que, por definicion, la izquierda es la que no esta convencida con el status quo; razon de mas para pensar y proponer.
    La derecha que no escucha (tan perniciosa como la izquierda que no propone -concedo-), es la derecha fascista. Al respecto, con sumo placer, dedicare posteriormente algunas lineas.

  5. Aarón dice:

    Yo reivindico la negación total, absoluta, como respuesta. No.

    Y me explico, la negación pura, sin “algo” que la sustente, es también “propositiva” o “constructiva”, ya que, y supongo que al ser mexicano lo sabes, el no está prohibido a nivel casi ontológico en nuestra cultura.

    Sabes bien de las dificultades para negar, para decir no, entre las principales está una violenta construcción colonial y un desarrollo violento, autoritario (desde Iturbide hasta Calderón) del poder que nos ha hecho precavidos al extremo de ser cobardes en el uso del no. Por eso debe reivindicarse la negación.

    No es no, y punto. ¿Fuerte, intolerante, falto de razones? No. Al contrario, es una respuesta ante la aparente falta de opciones en el discurso, ante la aparente creación del consenso alrededor de cualquier cosa (principalmente porque el consenso se ha construído de manera autoritaria negando la posibilidad de que el hable el afectado por una decisión).

    ¿Cómo puede un gobierno, o un intelectual, calificar de absurdo el no de los atenquenses cuando no permitieron la expropiación de sus tierras para construir un aeropuerto? No importa si el precio era justo o no, importa una sola cosa, que en el consenso del desarrollo, en la idea autoritaria del progreso no caben los “beneficiados” del mismo. En la distribución de las mieles de la modernidad autoritaria no cabe la voz de aquellos a los que se les abre la puerta del cielo.

    En este momento la negaciónh simple y profunda se vuelve crítica y se le dota de contenido, no se trata de que yo te diga que mejor el aeropuerto lo pongan en otro lado, la discución no se centra en el desarrollo, sino en el no desarrollo, espero esta diferencia, central, quede clara.
    La negación no se coloca en la mesa porque no tenga yo alternativas, sino porque no me interesan las alternativas que se encuetran dentro del mismo consenso autoritario.

    Entre otras cosas, que tendré oportunidad de poner acá, defiendo la negativa total.

  6. Oliverio Orozco dice:

    Estoy de acuerdo contigo -porque explicas-, en que tienes derecho a patalear. Y -como voltaire- combatiría a tu lado para que lo preserves.

    Pero no hablamos de lo mismo. Sea que no me entendiste (espero); sea que lo dije mal (si es el caso, me disculpo).

    Dices defender el “no” frente al fascismo mítico del “sí” por resignación, por desconocimiento de la propia capacidad de pataleo. Pero pasas por alto que esa es justamente mi argumentación: ¡Prohibido quejarse sin proponer! ¡Prohibido decir que no sin saber por qué, sin pensar diferente, sin pensar!

    Decir “no”, porque no me conviene, o porque tu propuesta va contra mis intereses//necesidades (caso atenco) no es lo mismo que sólo decir “no”. Ni tampoco lo mismo que decir “no, porque la propuesta es del PAN, o del presidente, o fascista…”. Ni mucho menos es lo mismo que agarrar machetes y arremeter contra los policías… Como hicieron los “campesinos” ¡Ojo!

    Tu defiendes que decir que “no” es un privilegio de la libertad democrática en el liberalismo. Y tienes razón. Pero yo defiendo que quedarse en el “no, porque no”, es prueba fehaciente de la enfermedad del izquierdismo, en el comunismo, o peor: del infantilismo de izquierda.

    No constriño, ni lo pretendo, tu derecho a patalear. Pero te exijo la responsabilidad de contribuir a la mejora de lo que tenemos en común. Y si te niegas, te acuso de obstaculizar la construcción de un proyecto común de nación; te acuso de manipulador de masas y de enemigo del pueblo y de los ciudadanos. Todo ello por negarte al diálogo. … Aunque te ofrezco la salida “honrosa” de abrazar la ignorancia. Elige tú.

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