Basquetbol “oajaqueño”


Alejandro García Domínguez

Los días de la semana pasan de forma inadvertida en el parque de San Francisco Culhuacán, ubicado sobre la avenida Taxqueña. Los niños van acompañados de sus madres o padres para ir a montarse en los juegos. La tiendita del quiosco sigue su parsimoniosa rutina. Las canchas de básquet permanecen solitarias. Excepto los domingos.

            ─Me cae de madre que si vas ahorita a Oaxaca, de seguro la encuentras vacía. Todos los oajacos se vienen pa´acá los fines de semana ─me dice Arturo, un chavo que viene a “echar la reta” a las canchas de Culhuacán; él es residente de la zona de Paseos de Taxqueña (una de las zonas más po-pof y muy acá).

El oajaco es el apelativo que reciben las personas que van a jugar baloncesto en las canchas, se les dice así por sus características físicas y su estilo al darle a la basqueada. Ellos son de baja estatura, piel morena, manos callosas y duras como piedra debido a las jornadas de trabajo que tienen. La mayoría se conocen porque viven en las zonas conurbadas de Culhuacán. Sin embargo, tienen otra característica, la cual ha sido mal interpretada. Los oajacos hablan tzotzil, el cual es originario de Chiapas y no de Oaxaca. Pero aun así el apodo es legendario.

Un domingo cualquiera

Un domingo fui a ver a los oajacos y su estilo para jugar básquet. A las cinco de la tarde comienzan a llegar en grupitos organizados de cinco en cinco. Algunos conservan el porte deportivo, aunque un poco exagerado: tienen su respectivo jersey (pero de tres tallas más grande); tenis de bota, exclusivamente hechos para duela (pero con la diferencia de que han sido llevados para desgastarlos sobre el concreto); y cuentan con sus necesarios shorts (que a simple vista parece como si usaran un pañal meado).

Por otra parte están los anti-climáticos en la vestimenta de un deportista basquetbolero: cuentan con pantalones de mezclilla; camisas arrugadas, que al cabo de unos cuantos minutos de juego yacen sudorosamente botadas sobre el pasto; y por supuesto, sus reglamentarios zapatos o botas de trabajo.

            ─Hey tú, chaparro ─me habla uno de los oajacos. Paradójicamente él está más enano que yo, pero no importa, al parecer a todos les dice así─, ¿juegas con nosotros pa´ completarnos?

Dudé en un primer instante, ya que el juego de los oajacos me daba mala espina.

            ─¡Chaparro, ti hablo! ¡Psh! ─Al recobrar conciencia asentí con la cabeza.

            ─¡Vientos, pero es de a chesco, eh!

            ─¿Siempre es de a chesco? No traigo dinero.

            ─Uy mala suerte, entonces tendrás que bajarte por ellos ─sus compañeros soltaron una carcajada perversa y yo con mi impotencia por contestarles con algún albur─. No, no e’ cherto, al contrario, vas a tiner que icharle ganas pa´ no perder, son diez varos por cabeza.

            ─¿Cómo te llamas, canijo? ─le pregunté a mi reclutador.

            ─Brayan, pero me puedes decir Nacho, aunque todos me conocen como Brayan.

            ─¿Brian? ¿Y cómo se escribe? ─lo dije con un tono de malicia.

            ─¡Pus como se oye!

            ─¿Qué, con doble ele?

            ─¡Quí pasó, con ye!

            ─De seguro me vas a decir que Jordan se escribe con ye.

            ─¡Chaaaaa, ésa se escribe con jota!

El chesco es el pretexto para que las retas con los oajacos se pongan más competitivas. Al iniciar el juego, por un momento me reí por su forma de botar el balón, la mecánica de tiro era toda una demostración de su confianza al azar. El más alto de nuestro equipo no rebasaba el metro con 70 centímetros.

            ─Vete de poste ─le dije, pero inmediatamente el reclutador salió a pique.

            ─¡No, qui ti pasa! Si ese güey no sabe ni saltar, pero corre di a madres, déjalo di ala. ─Yo hice caso, el reclutador Brayan conoce a la perfección a su equipo.

Al momento del saque pensé “esto será pan comido”, nuestros contrincantes parecían Ewoks a comparación de nosotros que parecíamos basquetbolistas frustrados. ¡Craso error! Los Ewoks rápidamente tomaron ventaja con tiros, igual de envidiables como los de Lebron James o Kobe Bryant, podría apostar que J.J Barea aprendió del estilo “oajaqueño”.

La reta

El reclutador Brayan era todo un capitán aunque la mayoría del tiempo se la pasaba esperando el balón al otro lado de la cancha, según “pa´hacer el contragolpe”, eso me decía cuando le reclamaba que bajara a defender. Uno de los jugadores del otro equipo, conocido con el apodo de “El Loco”, era el que mejor movía el balón, él llevaba la mayoría de los puntos de su equipo. “El Loco” era un “cagón”, quién sabe cómo y con qué movimientos pero cuando colaba a la canasta sacaba unos ladrillazos que retumbaban en el centro del cuadrito del tablero. Cada vez que anotaba, sus compañeros le decían “¡Límpiate!”, “¡Mira, mira, recoge la cacota que acabas de dejar!”. “El Loco” sólo se limitaba a sonreír con sus dientes amarillos.

Para agarrar los rebotes no sólo había que saltar, en sí era echarse al bulto para tantear si con suerte se podía recuperar el rebote defensivo. La reta era hasta los 10 puntos. Ya llevábamos como media hora y el marcador iba 7 a 5, en favor del equipo de “El Loco”.

Uno de mis compañeros robó el balón, rápidamente me posicioné en la media luna de la línea de tres y le hice la seña de que me la pasara. Al recibirlo me cuadré y ¡fuuum! ¡Bomba afuera! El triple con valor de un punto había entrado.

          ─¡A güevo caón! Tírale, síguele así, chaparro ─era el grito de Brayan. Al pasar los minutos de juego, Brayan confió en mí y me eché dos triples más. Brayan me había agarrado (sin albur) confianza, tanto que me mandó al frente “pa’l rompimiento” o sea el contragolpe. En ese momento supe lo que era la marca personal hacia mí al estilo oajaqueño. “El Loco” mandó a uno de sus jugadores.

           ─¡No lo dejes tirar, márcalo personal!

Cuando se emite esa orden, puede leerse entre líneas que le dijo “ve y madréate a ese cabrón”. Los golpes eran cada vez más fuertes: un robo era un manotazo seguro en el brazo. El juego se estaba poniendo calientito. En esos instantes agónicos, con espectadores alrededor de la cancha observándonos y esperando su turno, se cambiaron las reglas, los parámetros de fauls, las violas (es decir, violaciones de juego) ¡y hasta los puntajes! El debate comenzó cuando Brayan anotó el punto del gane y los contrincantes reclamaron que apenas llevábamos nueve puntos, mis triples pasaron de noche a los ojos de “El Loco”. Por la inercia del juego y de la discusión optaron tácitamente por hablarse en tzotzil para entenderse mejor. Las frases salían con naturalidad y el significado era subrepticio a mí.  Brayan negoció y me dijo: “Dales chance, pero nosotros sacamos…” El tzotzil acabó y “El Loco” reclamó:

          ─¿Uh, no le pierdes, manito?

         ─Nel, tú ganaste al chingarnos un punto, vamos a sacar desde nuestra cancha. ─Después frases en su lengua brotaban, creo que eran insultos. Las rechiflas comenzaban a zumbar. ─Piches chillones… ─me dijo entredientes Brayan.

Sacamos, y en un santiamén, Brayan encaró la cortina de oajaqueños y anotó. “El Loco” sólo se río de incredulidad por el lapso tan efímero que vivió su equipo en la cancha después de la jugada de Brayan.

         ─¡Los que siguen! ─gritó Brayan.

         ─Ya estoy muy cansado… ─dije jadeando como un perro.

       ─Pérate, orita mi compa se lanza por una cococha y te echas un vasito, vas a ver que quedas como nuevo, los que siguen no juegan mucho, sólo es cuestión de aguantar los madrazos. ─Uno de los perdedores del otro equipo vino a darnos nuestra respectiva ganacia: diez pesos. Brayan me dio un consejo valioso: “Vele el lado güeno, si perdemos no vas a pagar”.

          ─El ganar y perder viene en rachas. Hay que meternos a fondo cuando estés ganando, retirémonos cuando perdamos ─dije parafraseando a William Burroughs; no obstante, la sabiduría de Brayan salió a relucir.

         ─Ta chida tu frase, pero mejor vayámonos ganando todas y con un dinerito en los bolsillos… ─En la siguiente reta perdimos.

Anuncios
Comments
One Response to “Basquetbol “oajaqueño””
  1. Julian dice:

    Es exagerado el lenguaje que usas para representar las palabras de los “oajaqueños” (que de oaxaqueños no les queda mucho por tanto rato aca) pareces guionista de televisa escribiendo asi. los oaxaqueños articulan de la misma forma que tu, claro que con su caracteristico acento. espero que puedas ir a oaxaca y echarte una reta con la gente de alla, que no usa playerotas ni zapatotes como dices: juegan con lo que se pusieron el dia anterior y a veces hasta sin zapatos. no hay medias lunas en las canchas de basquet. se breve.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

  • "Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos." E. Galeano

  • "Siempre fuiste mi espejo, quiero decir que para verme tenía que mirarte." J.Cortázar
  • "No hay necesidad de fuego, el infierno son los otros." J.P. Sartre
A %d blogueros les gusta esto: