Cobertura. Inundaciones o elecciones: Ecatepec y Nezahualcóyotl


El 3 de julio, día electoral en el Estado de México, nuestros colegas Luis Lozano y Zedryk Raziel acudieron, respectivamente, a las zonas de Ecatepec y Nezahualcóyotl desastradas por las severas inundaciones tras el desbordamiento del Río de los Remedios y del Dren Xochiaca (que a su vez fue causado por una lluvia olímpica, un descuidado sistema de alcantarillado, la desorganización inepta entre autoridades federales, del Estado de México y del Distrito Federal, y el incumplimiento de ciertos aspirantes a la gubernatura del estado que se han limitado a “firmar” el objetivo de “entubar” esos canales de aguas negras). Lozano y Raziel fueron a esos lugares llevando la hipótesis de que la experiencia de la inudación modificaría la intención del voto de los afectados, e incluso del acto mismo de votar. Las siguientes crónicas opinativas contienen sus hallazgos.

I.

Ecatepec: zona de desastre (Dtto. XLII)

Luis Lozano

Donde la gente saca el agua, no esperen que vote

Se trata del cuarto distrito con menor porcentaje de participación electoral, con apenas 36. 93 por ciento; ubicado donde hace unos meses aún ejercía como alcalde el actual gobernador electo del estado; y donde apenas tres días antes de la justa electoral se presentó una inundación atípica que, según relatan vecinos, hacía más de dos décadas no ocurría.

La región suroriental de Ecatepec, el distrito XLII, al norte del Río de los Remedios, se anegó el pasado viernes, de acuerdo con los testimonios de los habitantes, durante la madrugada. Desde entonces, las labores de limpieza no han cesado en la localidad. El nivel del agua alcanzó una altura de poco menos de un metro, y causó daños materiales a más de 13 mil familias. Muchos de ellos precisaron alejarse de su domicilio para poder continuar con sus actividades cotidianas, y otras más alejaron a la población vulnerable: adultos mayores, niños y convalecientes.

Fue entonces cuando se manifestó más claramente el principio de asociación, ya no sólo política sino humana, por antonomasia: la solidaridad. El trabajo popular resultó el sucedáneo si no ideal al menos oportuno para atender la crisis. La mañana del domingo, vecinos de las unidades habitacionales cercanas a la casilla de dicho distrito sacaban agua del fondo del edificio con cubetas conducidas hacia las coladeras de la calle por medio de una cadena humana. A la par, elementos de la Agencia de Seguridad del Estado (ASE) esperaban a que alguna incidencia interfiriera con los comicios. La atención oficial, provista por los tres órdenes de gobierno, resultaba insuficiente. En tanto, militares repartían despensas y colchonetas de parte del gobierno federal, camiones provistos por el gobierno estatal desazolvaban algunas coladeras, y todos los trabajadores municipales colaboraban con la limpieza de cisternas contaminadas. Pese a ello, el personal resultó insuficiente. Numerosas familias trabajaban por su cuenta, sin esperar la atención de las autoridades.

Lo único que los rescataba era la solidaridad de sus vecinos. A doña Luisa Cerna, vecina de Ecatepec, la ayuda parecíale negada, al menos desde las autoridades: su casa se inundó, al día siguiente le negaron comida desde un camión oficial, y el domingo el servicio de limpieza de cisternas se brincó su casa “porque no les ofrecimos de comer. Allá enfrente les dieron pa’l refresco, acá al lado, los dejaron pasar a un baño limpio que tienen arriba. Nosotros no tenemos ni para comer, y quieren que les ofrezcamos algo. Nosotros necesitamos ayuda, no tenemos nada que ofrecer”, relató.

El trabajo en casa no se agotaba: limpiar las paredes y los pisos, desinfectar, desahogar, rescatar lo poco que aún sea de utilidad. Era 3 de julio, día de la elección para gobernador del estado de México; día en que los damnificados por las inundaciones tenían otra prioridad: su hogar.

Casilla en Ecatepec (Foto: Contratiempo)

El caos del desborde

El sábado, el Instituto Electoral del Estado de México (IEEM), se reunió por la noche para, entre otras cosas, reubicar las casillas de las zonas afectadas por el desbordamiento del Río de los Remedios, en los municipios de Ecatepec y Nezahualcóyotl. La reunión nocturna no alcanzó a informar a todos los involucrados del cambio. Según señalaron funcionarios de casilla del PAN y de la coalición “Unidos podemos más”, la información de la nueva casilla se dio a los partidos hasta la mañana del domingo. No hubo tiempo de dar aviso a todos los interesados.

Por su parte, un funcionario de casilla precisó que sí se informó a los ciudadanos mediante carteles colocados afuera de la sede anterior de la casilla, pero “gente de algún partido los quitó”.

—¿Cuál partido?

—Un partido, no sabemos cuál.

Lo único que había en la anterior locación era un par de cartulinas que la gente ignoraba y que no proporcionaba información suficiente. Algunos integrantes del personal de atención a damnificados, quienes ocupaban entonces el lugar, explicaban a los votantes la nueva ubicación, pero no daban razón de lo ocurrido. Una monitorista del IEEM que se negó a dar su nombre a pesar de portar un gafete de identificación, el cual volteó durante la entrevista, explicó que la decisión se tomó desde el sábado y que se avisó a todos los partidos desde entonces, mientras que la gente estaba al tanto a través de carteles, mismos que el funcionario de casilla denunció que fueron retirados.

En contraste con esta versión, los representantes generales del PAN comentaron que el aviso se dio el domingo a las ocho de la mañana, una hora antes del inicio de la elección. Sin embargo, explicaron, dicho aviso se dio con equidad: “a los tres partidos nos avisaron a la misma hora”.

Ese cambio, afirmó el representante de casilla de la coalición opositora, José Pérez (dijo llamarse), provocó el desconcierto de los votantes, quienes se desanimaron al ver que la casilla no estaba en el sitio a donde habían acudido. Además, denunció, estaban llegando “camionetas de quién sabe dónde con acarreados del PRI. Ya van como 15, con el mismo chofer pero con gente diferente. Se bajan los mismos y votan en bola, y los mismos se vuelven a subir”. Del mismo modo, los representantes del PAN y algunos vecinos de la colonia Valle de Aragón acusaron de acarreo a las mismas camionetas, sin precisar partido.

No obstante, las camionetas que “acarreaban” gente eran vagonetas de transporte público, parte del programa que el IEEM implementó para facilitar el acceso de los vecinos de las colonias afectadas, donde el transporte público se vio mermado. Aunque sí había camionetas sin identificación que arribaban a la casilla con más de 10 personas en su interior, que aguardaban a los votantes y se retiraban con los mismos transportados, la denuncia se hacía contra vehículos de un programa identificado con carteles adheridos al frente de los mismos. El error fue, al igual que el de la casilla, un problema de comunicación.

Las intenciones

Al consultar con algunos vecinos de la colonia Valle de Aragón, éstos revelaron no interesarse por votar, pues la situación actual de su vecindario los deja inconformes. El abstencionismo fue la mejor forma que encontraron para castigar a sus autoridades actuales por la falta de acción para prevenir y reparar el desaguisado. La idea prevaleciente era castigar a todos por igual: “son más o menos lo mismo los tres”, decían algunos votantes, al salir de la casilla.

Una de las vecinas afectadas, Luisa Cerna, reveló su frustración ante el desaguisado. Según relató a Contratiempo, en su casa se contaminó la cisterna; los muebles, los aparatos eléctricos, entre ellos una pantalla de 42 pulgadas, y la línea telefónica se estropearon. Además, acusó la falta de apoyo por parte de las autoridades, las cuales ni siquiera habían censado su casa y menos aún habían dado aviso de que la ayuda monetaria demoraría, al menos, un par de días más.

El sábado, el gobernador del estado afirmó que “no se puede frenar la labor de los gobiernos en apoyo a la población”. Tras ello recalcó el apoyo inmediato que se daría en la limpieza de cada casa. Hasta el domingo, doña Luisa no había recibido apoyo de ninguna autoridad en la limpieza de su hogar. Antes un compañero de trabajo de su marido asistió a socorrerla. “Mejor preferí venir que ir a votar”, confesó. La obligación ciudadana quedó relegada tras el deseo de ayudar a otros. La indignación y el coraje que dijo tener la señora Cerna Noguera se vio respaldada por un contingente de alrededor de 50 personas protestaba contra el actual gobierno del estado, exigiendo la renuncia del actual gobernador, Enrique Peña Nieto. Su inconformidad se reflejaría en las urnas: “Yo no voy a votar ni nada”, afirmó la señora Cerna.

No obstante, algunos otros reflejaron su preferencia por su ex alcalde, a pesar de que parte de la responsabilidad del caos provocado días atrás corresponde a él y su partido. “Es cosa de la naturaleza”, dijeron algunos. Otros más resaltaron las “ayudas” con que el PRI los ha provisto. “Quejas siempre vamos a tener, siempre vamos a querer algo mejor, como seres humanos”, afirmó uno de los más jóvenes al dirigirse a las urnas. “Encinas tiene colmillo; Eruviel tiene, como punto a su favor, firmar las propuestas. De Mena no he visto nada”, acotó.

Algunos vecinos más aprovecharon para denunciar la incidencia del municipio en el proceso electoral. Habitantes de la unidad Habitacional A. S. A. relataron que el sábado los bomberos y la policía contribuyeron con las labores de limpieza, en tanto que el domingo recibieron un desayuno antes de ir a votar, todo ello de parte del gobierno estatal. Aunado a ello, un habitante de la colonia Renacimiento comentó que en el trayecto de su casa a la casilla de votaciones se encontró con gente del ayuntamiento regalando botellas de cloro a los transeúntes.

A pesar de ello, el voto en la localidad se registró por debajo de lo estimado. En las casillas, la afluencia de votantes se reportó baja. Incluso los funcionarios de casilla pasaban largos ratos sin tener actividad; algunos dormían mientras no se ocupaban. Las razones de la baja en la participación, coinciden los involucrados: la molestia con las autoridades, el tiempo lluvioso y las labores de limpieza.

II.

Ahogado El Sol de Nezahualcóyotl

Zedryk Raziel

Aunque unas nubes cargadas y ennegrecidas (como si estuvieran mugrosas, sucias como todo lo de aquí) se ponen de nuevo sobre la colonia El Sol –municipio de Nezahualcóyotl–, a cinco días de que el Dren Xochiaca desbordara las calles y las casas a lo largo de varias manzanas, muchos habitantes de la zona afectada desdeñan el anuncio de otra lluvia atronadora, igual que desdeñan la jornada electoral para designar al nuevo gobernador del Estado de México. “¿Para qué voy a votar, eh?”, reprocha el Chino, “ninguno de los tres cabrones que se están postulando ha venido a ayudarnos”.

Sienten las primeras gotas pero no se alarman, continúan andando por la calle o acarreando lodo con palas o sacando las pertenencias hediondas e irrecuperables para que se descompongan en la calle –aunque algunos esperan a que las limpie un poco la lluvia, a falta de agua potable–, ¿por qué se iban a preocupar por otro aguacero? Pero ese desdén es más bien una profunda desesperanza; no está enraizada en la experiencia de los habitantes de la colonia, que todos los años, dicen, padecen el desbordamiento del Dren Xochiaca (un pestilente canal de aguas negras), sino en la conciencia decepcionada de que, como nunca en muchos años, acaban de perder demasiadas cosas, ¿qué más puede llevarse otra inundación, “si ya estamos bien pinches jodidos”?

Emparentados en la circunstancia de la devastación, los vecinos de la región anegada se encuentran disimuladamente divididos: están los más afectados, “a los que nos tocó la chida”, y los menos afectados, aquellos que, sin embargo, recibieron más ayuda económica (una tarjeta de débito Soriana por 10 mil pesos) de parte del Gobierno estatal, según los vecinos realmente perjudicados y justificadamente indignados.

Esa división la ha establecido, relativamente, la demografía: en El Sol, la zona más damnificada (que en tiempos electorales recibe el nombre simplificado de Distrito XXV, secciones 3284 y 3285) comprende un perímetro que va de la calle 40 a la 30, y de las orillas del Dren Xochiaca a la Primera Avenida. Sin embargo, cuentan los vecinos a Contratiempo, los funcionarios designados por el H. Ayuntamiento de Nezahualcóyotl para apoyar y supervisar la recuperación de la contingencia, iniciaron la repartición de la ayuda económica comenzando por las calles apenas afectadas –que se encuentran fuera del perímetro señalado, “donde el agua sólo llegó a los tobillos”– y luego se fueron adentrando al fango de la región inundada, cuando ya les quedaban pocas tarjetas de débito para repartir a las más de 6 mil familias necesitadas.

No obstante, para una funcionaria de la casilla C2 (nombre no referido), la razón de la escasez de las tarjetas no sólo obedece a la “desorganización” de los funcionarios, sino a su ponderación de las relaciones políticas que algunos habitantes guardan, de algún modo,  con el H. Ayuntamiento. “A ellos les tocó más de una tarjeta”, dice. El Chino y Sonia Solano, otros vecinos perjudicados, apoyan la sentencia: “A algunas familias les dieron hasta seis tarjetas”, dicen. A otras, de plano ninguna.

–¿Sabe cuáles fueron los criterios para distribuir la ayuda económica? –le pregunté a Solano Cruz, habitante de la calle 33, luego de corroborar que el H. Ayuntamiento ha designado a un funcionario por cada una de las calles anegadas.

–Al menos el funcionario encargado de esta calle, Neri García Mejía, [director de Gobierno del Ayuntamiento,] entrega las tarjetas según como ve las casas desde afuera. Si la casa le parece bonita y costosa, se la brinca. Así le pasó a mi hermana: ella le reclamó el apoyo y él le dijo que no se lo daría, que ella no necesitaba la tarjeta, que se veía que ella podía recuperarse sola.

No existió el debido censo. Y aunque la disposición oficial prescribió que la tarjeta de débito se entregara a cada una de las familias más perjudicadas, los afectados reportan que, de hecho, fue repartida una por predio. “Aunque en una casa viven hasta cuatro familias, les valió madres, dejaron una tarjeta”, dice molesto el Chino.

“Hemos intentado contactar al señor Neri para preguntarle qué ha pasado con la ayuda, pero nunca lo encontramos”, declara Sonia Solano; “no contesta su celular y en el Ayuntamiento no nos dan razón de él”. En efecto, Contratiempo comprobó que tanto Neri como otros funcionarios designados son ilocalizables. Según Sonia, varios de ellos o sus ayudantes vienen a las casas a la medianoche, a escondidas, a dejar las tarjetas. Ella ha grabado un video con su celular. Supone que, evitando venir en el día, aquéllos evitan a los colonos con todo y su indignación y sus reclamos.

De cualquier modo, la tarjeta de débito nunca fue un apoyo suficiente para quienes recibieron por lo menos una. Asignados los 10 mil pesos para canjearse por electrodomésticos en la cadena de supermercados Soriana, nadie puede reemplazar los colchones arruinados, la ropa, el calzado, las losetas arrancadas por la humedad permanente (es el caso de Solano Cruz). Sólo algunos electrodomésticos y despensa, cuando mucho. “Pero no alcanza para casi nada”, dice Sonia Solano.

A pesar de la desconsideración de las autoridades, en la colonia El Sol ha abundado la solidaridad entre los colonos. En los días turbulentos de la inundación, el lunes 27 y el martes 28 de junio, cuando el torrente de aguas negras alcanzó una altura de más o menos un metro, muchos vecinos perjudicados se adentraron al perímetro anegado y colaboraron en las acciones de rescate. Apoyaron a la Agencia de Seguridad Estatal (ASE) y al Ejército, cuenta el Chino. Y los apoyaron porque, entre otras cosas, “los policías no se querían meter al agua sucia”, dice Solano, y recuerda que desde las lanchas les arrojaban, con miedo a salpicarse, unos víveres pobrísimos: “una canasta con un pollo rostizado, una botella de agua y una fruta… sólo eso por una casa, ¡hazme el favor!”.

Algunos reconocen el apoyo que han recibido de parte del H. Ayuntamiento de Nezahualcóyotl  y del gobierno del Estado de México, pero lo califican de insuficiente. Otros no lo toman como apoyo sino como un resarcimiento legítimo y aun obligatorio, pues, como recuerda la señora Sara –y así lo reiteran comentarios en los portales de varios diarios y muchos tuits–, el aún gobernador Enrique Peña Nieto se había comprometido (en tiempos de campaña) a “entubar el Río de los Remedios”, un objetivo que habría beneficiado –de realizarse– a los habitantes de Ecatepec y Neza.

“Apoyo” o “resarcimiento”, resulta poco. De acuerdo con el periódico La Jornada (30/06/2011), dos días después de la inundación el secretario del Ayuntamiento, Gerardo Dorantes Mora, informó que se había contratado a 200 trabajadores de la empresa Narvatec SA de CV para limpiar y desinfectar “las casas más afectadas”… Cinco días después del desbordamiento, los colonos no han terminado de trabajar, ellos solos, en sus viviendas. En las calles del perímetro circula una hoja petitoria que denuncia en uno de sus puntos: “es mentira que hicieron desinfección casa por casa como lo han manejado algunos medios de comunicación”.

El Chino dice que “la neta sí ayudaron” los primeros días. No se refiere tanto al Ejército ni a la ASE como a Protección Civil, que ha estado desazolvando. Pero el Chino ve plan con maña: “los primeros días sí estuvieron aquí ayudándonos [con el apoyo económico, algunos alimentos y vacunas], pero eso era antes de las elecciones. ¿Ahorita tú los ves por aquí?”. Nada. “¿Tú crees que vendrán cuando todo esto acabe? Ni madres, si no son güeyes”.

En tanto, el candidato del PRI a la gubernatura del estado, Eruviel Ávila, siguiendo el ejemplo de Peña Nieto –de quien no parece querer diferenciarse–, incluyó el objetivo del “entubamiento” dentro de los 600 compromisos que, aseguró, habría de cumplir si ganara en las elecciones. Las ganó, ya se sabe. Pero, contrario al caso un tanto contradictorio de Ecatepec (sobre todo de Ecatepec), Neza no se incluye dentro de los municipios que aportaron la mayor cantidad de votos a Ávila Villegas –según el PREP–.

Ello tampoco significa, sin embargo, que Neza haya otorgado el triunfo a cualquiera de los otros dos candidatos. Cuando menos en lo que respecta a la zona inundada de El Sol, el comportamiento electoral general ha sido abstenerse, informa una funcionaria de la casilla C2. Preguntar a los vecinos de las “secciones 3284 y 3285” si ya han ido a votar, o si está dentro de sus intenciones hacerlo, resulta casi un desafío. Primero, porque los colonos están ocupados poniendo en orden sus casas; segundo –y ésta es la razón más severa–, porque “están decepcionados de los políticos”, dice la funcionaria de casilla.

La hermana de Sonia Solano, en cambio, cree que la decepción está claramente orientada hacia el PRI, en el gobierno del estado desde hace 80 años. La hoja petitoria ya referida parece evidenciar sus percepciones: “Nos extraña que las autoridades municipal y estatal digan que no hay recursos para el apoyo a familias damnificadas y estén gastando millones de pesos en la campaña de su candidato”. Algunos vecinos, como la señora Epifanía, están agradecidos con el padre de la iglesia del lugar, de quien han recibido la caridad de una despensa.

El descontento no sólo motiva a la inacción de no votar. El Chino cuenta que estuvo a punto de “llamar a la banda” y oponerse a la instalación de las urnas. No lo hizo, y tampoco tiene planes de ir a votar. Le preocupa más que ya ha pasado una semana sin que él vaya a trabajar. “Peor que a mí me pagan semanalmente”. El Chino sin tarjeta Soriana, sin el sueldo de la semana, sin las vacunas preventivas que hace unos días ofrecieron ponerle (“¿cómo me van a vacunar si todavía estaré metido en el agua?”), el Chino sin decir nada se marcha un minuto y vuelve con unos vasos de refresco para compartir. Sonia Solano dice que algunos vecinos que sí recibieron la tarjeta de débito cooperan con algún producto para integrar pequeñas despensas y darlas a los que “no merecieron” el apoyo económico.

A lo lejos se oyen los altavoces de compradores de “estufas, lavadoras, colchones, refrigeradores y fierro viejo que venda”. Es su agosto, están de suerte, y no está mal.

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