Del baúl de los recuerdos: Romary Rifka


Roberto Ruiz Carmona

En vísperas de los Juegos Panamericanos en Guadalajara, recordar lo que pasó hace cuatro años, al menos en atletismo, y en específio en salto de altura, es gratificante. Hace cuatro años, en la edición de Río de Janeiro 2007, María Romary Rifka González, con un brinquito de 1.95 metros, se erigía con la medalla de oro. Se consolidaba, en pocas palabras, como una mexicana de altos vuelos.

Con merecida razón, sobre las hazañas de Romary hay que detallar mucho. Primero, de eso hace ya tiempo; luego, el salto de altura no es como saber del futbol; y pues de sus practicantes se tienen pocas referencias. En nuestro país, por ejemplo, el máximo referente del atletismo (rama donde se ubica el salto de altura) es Ana Gabriela Guevara y, a nivel internacional, los nombres del cubano Javier Sotomayor y la búlgara Stefka Kostadinova, poseedores de marcas mundiales de la disciplina, no tienen penetración en el imaginario colectivo.

Romary Rifka, caso que nos atañe, nació el 23 de diciembre de 1970 en Poza Rica, Veracruz, y desde la adolescencia, su fisonomía le facilitó la práctica del salto de altura que, hasta iniciado el nuevo milenio, e impulsada por su marido Alejandro Cárdenas (también atleta azteca), le valdrían logros a raudales.

Sería con su participación en los Juegos Centroamericanos y del Caribe en San Salvador, cuando con el segundo lugar y un registro de 1.85 m., daba inicio a la construcción de su palmarés. Pero luego, apenas un año después (2003), en los Panamericanos de Santo Domingo, la consecución del subcampeonato, una nueva marca de 1.95, terminaría por atraer los reflectores.

En adelante, ya con una edad de 34 años, las competencias venideras eran de mayor relevancia internacional pero, una altura de 1.80 m. en el Campeonato Mundial vendría a mermar el crecimiento exponencial de Romary. Sólo hasta el 2004, el potencial de la saltadora recuperaría su fuerza y, tras un buen papel en  otro certamen mundial celebrado en Budapest, la conquista del Campeonato Iberoamericano en Huelva, la participación en los Juegos Olímpicos de Atenas y sobre todo, el establecimiento de lo que hoy es la mejor marca mexicana en  1.97 m., la carrera de Rifka se consolidaba.

Sin embargo, en los años siguientes, las marcas no fueron del todo trascendentes y al problema de su edad, se sumaría su maternidad y la poca confianza de la Comisión Nacional del Deporte (Conade) para competir en eventos de talla internacional. Sería en esta época, cuando la idea del retiro cruzaba por la mente de la veracruzana.

El año 2007, última llamada para la carrera de esta deportista, contemplaba los Juegos Panamericanos en Río de Janeiro, y también se traducía en la oportunidad de coronar dignamente la trayectoria de Romary. Por tal razón, el empeño sobre la ejecución del salto hizo que Rifka se elevara a los 1.95 m. y se adjudicara la primera presea de oro para México en esta disciplina.

A dicha hazaña, no le antecede algo similar o superior pero, si bien fue trascendental, también presumió de ser efímera. Lamentablemente, después de colgarse el máximo metal, no volvió a figurar como ganadora en competiciones futuras. Ejemplo de ello, es el fracaso en el Campeonato Mundial de Osaka, Japón.

Hoy día, con 40 años de edad y, pese a una preparación constante, los altibajos en Romary parecen encontrar fin. Al respecto del retiro, dice ella: “no me asusta pensar en eso porque vienen chicas con mucha calidad. Fabiola Ayala, que tiene como marca 1.90 y apenas tiene 23 años; Paola Fuentes tiene 1.86. Entonces no es muy difícil saber que pronto vendrá una mejor saltadora y me va a superar”.

Ahora, resta esperar un nuevo destello en salto de altura, mayor difusión de la disciplina y, por el lado de los medios, un reconocimiento constante de quienes profesionalmente, dedican sus esfuerzos a romper marcas por arriba de la valla. Pero por qué no, también, según anunció el diario ESTO el pasado 29 de junio, puede suscitarse el regreso de Romary en los Panamericanos de Guadalajara 2011.

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Comments
One Response to “Del baúl de los recuerdos: Romary Rifka”
  1. enki vera dice:

    Qué bien escribe Ruiz Carmona. Un formidable artículo acerca de una formidable atleta que no conocía, y además mi paisana. pero estoy disculpado de mi ignorancia porque hace 30 años que salí del país.

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