El ‘Beibi’ del mercado


Ollín Velasco

Foto: Ollín Velasco

En temporada pre-Guelaguetza, los días en Oaxaca empiezan muy temprano. No obstante, al filo de las 9 de la mañana, la vida apenas inicia en el mercado 20 de Noviembre. Famoso por sus comedores tradicionales, alberga una infinidad de locales amontonados, entre el aroma de rábanos, cebollas, perejil fresco y chapulines vendidos por mujeres de trenzas en los pasillos.

Repiquetean los cubiertos sobre la porcelana. Suena el rasgar de una guitarra desafinada a lo lejos. No hay mesas ni sillas individuales, sólo una barra larga y bancas frente a la cocina improvisada de cada establecimiento.

En el comedor típico “La abuelita”, la sugerencia del día es hacer estómago, sea la hora del día que sea. Rayando las 10:00, turistas o no turistas, casi todos parecen concentrados en sus platillos: tlayudas con su respectiva tajada de humeante cecina enchilada, entomatadas navegantes en un caldo rojísimo de tomate y mole de diferentes colores (los chapulines encima son opcionales). Algunos, aún sin plato, admiran en silencio el espectáculo.

Literal, una disputa a voces se libra desde el borde de los comedores: “Pásele, güerita, hay chocolate calientito con pan”, “Joven, aquí hay lugar, ¿qué le voy a servir?”. En un tono bastante agudo y trabajado, forjado y perfeccionado por los años de pregonar, las mujeres que vocean desde sus trincheras contiguas van ganando comensales. La guitarra desentonada se oye cerca.

Es casi regla de oro el desfile de cuencos hondos de barro hacia el lugar de los recién llegados. Humean. La espuma oscura, exhala una fragancia dulce. “¿Le paso un pan amarillo o uno resobado para su chocolate?”, pregunta una mesera de mandil bordado a mano.

Mientras deciden, estampidas de niños vendedores o ancianos de andar lento se arremolinan a su alrededor. “¿Me compra pulseras?”, “separadores de libros, rebozos, chapulines con limón”, ofrecen insistentes. Acorralados, los clientes niegan con la cabeza. Miran con desconfianza y aprietan sus bolsas contra el cuerpo.

Llega el repartidor de periódicos a cada puesto. Deja los rollos de papel grisáceo acomodados cerca de las camas de cilantro sobre las que descansan filetes de carne fresca, lista para freírse. La guitarra desafinada aparece detrás de una esquina y tras ella un hombre moreno y desaliñado. Alrededor, la guerra de menús no tiene tregua. El hombre empieza a cantar:

Café caliente,
café caliente,
café caliente,
ay, ay, ay, Oaxaca,
¡café caliente!

Se acerca a una joven que sopea un pan de yema en un cuenco a la mitad. “Señorita, una ayudita para un artista internacional”. Ella sonríe y mientras saca unas monedas, le hace plática:

-¿Usted cómo se llama, señor?

-Soy de la Sierra Júarez y me llamo Café Caliente, pero mi nombre artístico es Rey O-beibi. Así, “b-e-i-b-i”, de bebé. Pero de pila soy Bernardo Jiménez.

Ocultando una risa y ante la mirada divertida de los demás, prosigue la charla.

-Mire, pues. Entonces usted es cantante…

-Así es, he firmado con 33 disqueras y grabé en mis buenos tiempos más canciones que José José: 780, ¡imagínese! Tengo contrato con Televisa, TV Azteca, Telecable, la UNAM, Red Satélite y con… con Brasil, el Canal 22 de los Ángeles, la Universidad de California, Inglaterra, Babilonia y Bagdad.

-Ja, ja, ja. ¿A poco?

-Sí, también estuve cuando se firmó la paz en Medio Oriente. Hasta tengo un libro de mi carrera. Lo hice yo. Vendí muchas copias, pero a usté se lo dejo en 130 pesos. Guache.

Y sobre la barra donde todos observan, abre un engargolado rosa viejísimo. Pasa una a una las páginas donde, delineados a mano con tinta negra y coloreados con acuarela, desfilan dibujos de sus hazañas históricas. “Aquí es cuando canté Café Caliente en Nueva York…”

Las meseras cercanas ponen los ojos en blanco. “Siempre espanta a nuestros clientes a esta hora”, dicen. Pero los visitantes siguen entrando a raudales por los accesos ahumados del mercado. Detrás de las gafas oscuras y las mejillas heridas por el sol, los ojos escanean, buscando un lugar vacío. Sin respiro y a medio grito, se reanuda la batalla de menús. “Por acá, güerito”.

Foto: Ollín Velasco

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Comments
One Response to “El ‘Beibi’ del mercado”
  1. Carlos Camargo dice:

    Jajaja, excelente artículo. Hace mucho que no me reía así. Saludos a todos los integrantes de Contratiempo.

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