Cihuacoatl


Laura Uriarte

Cihuacoatl.

Ella estaba ahí parada, tenía unos labios de Greta Garbo insoportablemente geométricos. “¡Oh, qué belleza de criatura!”, pensaba él, mientras ella disimulaba no haberlo visto; a estas alturas ya estaba bastante apenada con su cara coloreada de tonalidades rosa mexicano rogando porque aquél apuesto hombre que la observaba embelesado ya hubiese retirado su hermosa vista de mar hacia otro punto. Cuando intercambiaron su primer saludo, con la mirada se dieron cuenta que no eran completamente ajenos, por el contrario, la plática visual se tornó muy amena.

-¡Oh, por todos los cielos! Un asiento junto a ella. Aún no lograba asimilarlo, cuando una señora de edad avanzada terminó con todos mis ímpetus, traté, sin embargo, de hallar el hilo de su mirada, pero…

-¡Qué pena tan grande! Sólo se trata otro cautivo del veneno que enrojece mis labios y hace que ardan, qué cerca estuviste de fenecer por lo embriagante de su sabor, pero la vida te ha negado este placer, y así mismo te brinda la oportunidad de continuar en el juego, pero espera con ansia el reencuentro…

-Encontré el lugar perfecto donde la sigo absorto esperando la última mirada, pero ella parece estar muy interesada en su lectura y no la culpo, al contrario, me gusta más cuando se pone su disfraz de altiva.

-En cuanto se distrae aprovecho para desaparecer, pero esa mirada ya está en mi colección de favoritas, te encontraré adonde el oráculo designe la próxima luna, estaba absorta en esto y…

-Buenas noches, soy Efraín, ¿ me permite sentarme?

Efraín me parecía un hombre bastante peculiar, y estaba envuelto por un halo de misterio. -Por favor, tome asiento- respondí.

-Gracias. Por Venus que me quedé un momento absorto cuando empecé con el coloquio. Señorita, disculpe mi atrevimiento pero necesitaba estar más cerca de usted, corroborar que la naturaleza ha dispuesto de su mayor genio para fabricarle esos dichosos labios, que perturbaron mi tranquilidad al verla entrar. No pude tardar más tiempo porque tienen a la vez un poder de atracción que sólo el hombre más sereno y voluntarioso habría salido librado de tal hechizo.

-Me halaga la forma en que dispone usted las palabras, mas no me dice nada nuevo, soy una frágil musa que está rondando la ciudad, me alimento el alma de los halagos que recibo de los caballero; una cosa tengo que advertirle: mis labios son venenosos.

-Mi bella dama, sus palabras más que alejarme me incitan a desear más la maravillosa sensación de sentir la humedad de su respiración cerca. No le pido más a la vida, por favor, concédame la dicha de conocer el sabor que guarda tan celosamente en sus labios y tanto me intriga. Ella asintió para mi sorpresa. Salimos del café, disimuladamente mojé mis labios, instintivamente. Dejamos de caminar pronto y me fui acercando lentamente, sus labios como yo había intuido estaban más cálidos como ningunos había conocido. Ella sabía un encanto que te hacia olvidarte de tu condición de humano, algo verdaderamente espectacular. Mi cuerpo estaba hormigueando para entonces y sentí cuando ella me arrojo de ese paraíso… después de esto me dijo adiós.

– Confieso que este hombre logró que olvidara la dosis exacta adonde se sufre una agonía dulce, me hubiera gustado detenerme antes de que fuera tarde, pero no lo hice, ¡qué destino tan más sinuoso! Sin embargo, tengo el don o la desdicha de portar los labios más riesgosos. Doblé en la esquina del café acostumbrado, y abordé el colectivo hacia el último destino.

 

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One Response to “Cihuacoatl”
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