Cuento


De Madrugada, otra vez

Por Montserrat Pérez

Después de que el reloj marque las dos cerrará la computadora y se irá a dormir. Ya esperó una hora, bueno, un par de horas… Está bien, lleva esperando seis horas sólo para ver si contestó. Pero no; ni en la cuenta de correo electrónico, ni en las redes sociales, ni por mensaje al celular o por señales de humo. Nada, como siempre, nada.

Esta vez se ha prometido no esperar toda la noche. Se dio como plazo las dos y en la pared puede ver un par de manecillas que ya indican la una con cincuenta y tres. No cierra los ojos, no murmura entre suspiros un deseo. Simplemente observa la pantalla brillante que le lastima la mirada, pero no puede dejar de ver.

Está harta, pero a la vez sabe que no puede dejarlo. Se ríe cuando le preguntan si piensa que eso es amor. No, claro que no, nadie habló de eso, ella, por lo menos, no. ¿Cuál amor? No lo conoce ni lo espera, esto es diferente. Es algo más visceral, es algo que no nace ni de la razón, ni de las gónadas, ni del corazón. Es algo que le nace del estómago y se recorre a cada célula de la piel; que le provoca ganas no de besarlo, si no de dejar sus ojos clavados en la pared. No, eso no es amor, si es que eso existe.

A veces siente que es una adicción. Ha tratado de dejarlo y esta vez planea hacerlo “de verdad”, pero no, eso no pasa. La ansiedad, cuando lo intenta, es peor que el ti-tac-toc inevitable del bendito reloj. En esos momentos sólo le queda encerrarse en el cuarto y evitar pensar. Sin embargo, las manos le sudan y el corazón le palpita; su respiración se hace rápida y tiembla. Por dentro siente que la tráquea se le cierra y debe alejarse tanto computadora como celular. Y así pasan las semanas y los días hasta que reaparece y entonces siente cómo su sistema vuelve a infectarse, a envenenarse. Vuelve a perderse en esa realidad etérea que inicia y termina en aquellos ojos color almendra.

Después que el reloj marque las dos, cerrará la computadora y se irá a dormir. Se lo ha prometido a sí misma y hasta en un papel lo firmó. Pero qué va, falta un minuto y ni aquí ni allá pasa algo. Imagina tener su cuello entre las manos; imagina cómo sus dedos se aferran a la piel tostada que tanto desea y cómo con todas sus fuerzas elimina la voz que alguna vez le dijo “te quiero”. Sí, eso quiere, quiere que desaparezca, pero que sea ella quien se lo lleva a la tierra, nadie más. No, no lo toquen porque esa vida es suya para tomar.

El reloj de la cocina marca cuarto para las tres; la computadora sigue encendida y la promesa ha sido olvidada y desechada como otras muchas lo fueron. Aún no hay respuesta, pero qué importa, tal vez al alba decida que sí, sí la quiere y entonces podrá decirle que ella no.

Comments
One Response to “Cuento”
  1. Siua Met dice:

    Al leerlo se erizo mi piel… me encanta este tipo de redaccion, el tema de actual y al mismo tiempo contiene el romaticismo que tanto gusta a algunos… muchas felicidades!

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